• Matteo Fabi, fotógrafo italiano residente en nuestro país
  • Fotos: Matteo Fabi

Matteo Fabi es un fotógrafo italiano de 39 años nacido en Bari, en el talón de la bota. Tras hacer escala en varios países, poco antes de la pandemia se instaló en nuestro país, donde viene realizando desde hace varios años una labor fotográfica y audiovisual con los pueblos indígenas. Además de documentales sobre su historia y luchas, es autor de un fotoensayo sobre el Arete Guasu, una celebración que lo marcó profundamente por la manera en que estos pueblos viven su relación con los antepasados.

Su formación como fotógrafo es básicamente autodidacta y basada en la práctica. Tras una estadía en Londres y luego en Nepal, se mudó a Australia, donde conoció a una paraguaya y de allí decidió cambiar nuevamente de destino rumbo al corazón de Sudamérica.

“Mi llegada a Paraguay fue debido a que conocí a mi partner en 2019. Ella estaba con una beca estudiando en la Swan University de Perth. Nos frecuentamos unos meses y al final ella tenía el vínculo de la beca, que a los cinco años debía volver. Yo honestamente no quería volver a Italia. Siempre fue un anhelo mío, un llamado del destino si queremos, vivir en Suramérica. Así que me pareció una excelente oportunidad”, empieza relatando sobre cómo llegó a nuestro país.

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Sobre la primera impresión que le causó el país, indicó que “nunca había conocido. Me pareció exótico porque casi nadie conocía. Entonces me fascinó el misterio que rodeaba a Paraguay y decidí mudarme acá, alquilar un departamento y probar llevar adelante mi profesión de fotógrafo en el país. Ya han pasado 6 años porque después de unos meses de mi llegada se había cerrado el aeropuerto por la cuestión del covid”.

–¿Qué actividades estás realizando en nuestro país?

–Desde mi llegada pude enfocarme en lo que era mi objetivo, que es la fotografía freelance, empezando con los indígenas. Gracias a oenegés pude acercarme a varias comunidades y especialmente ser guiado en las cuestiones sociales que afectan a las comunidades indígenas. Tengo que ser muy agradecido, especialmente con Tierraviva y la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy), con las cuales he tenido una experiencia muy enriquecedora y especialmente pude aprender a escuchar y entender cómo viven los indígenas del país y cuáles son sus anhelos, cuáles son sus necesidades. He trabajado en un documental sobre el caso Yakye Axa y entré en la organización El Ojo Salvaje, que es una asociación de fotógrafos nacionales e internacionales que opera en el país sobre temas sociales y gracias a la cual pude exponer, por ejemplo, en el Festival de Fotografía de 2024 en la plaza Italia. Fueron años de desarrollo humano y fotográfico muy interesantes. Paraguay se reveló como una tierra fecunda para mi experiencia humana y profesional.

Los primos Ángel y Óscar se volvieron como los protagonistas del proyecto

SATISFACCIÓN

–¿Qué impacto tuvo en tu carrera y en tu vida personal el tiempo que estás viviendo en Paraguay?

–El acercarme a lo que siempre quise hacer me da una sensación de satisfacción por haber seguido mis deseos y no haber cedido a encontrar un trabajo de escritorio en algún otro lugar del mundo, algo relacionado a la economía, al dinero, al consumismo, que es algo que yo veo bajo otra perspectiva hoy día. Entonces, a nivel personal volví a encontrar ese sentido de comunidad, esa manera de saber comunicar emotivamente, de saludar a los desconocidos, de saber hacer vida de plaza, vida de comunidad local, vida familiar también porque tengo una hermosa relación con la familia de mi partner, a la cual soy muy agradecido por haberme incluido y después de muchos años de vida bastante solitaria, muchos años de mochilerismo, de experiencias de trabajo itinerante, ha sido muy lindo volver a una vida más estable y haber encontrado valores sociales y humanos que para mí son lo que realmente enriquecen la vida.

–¿Qué podés comentarnos de tu fotoensayo sobre el Arete Guasu?


–El Arete Guasu fue una experiencia sumamente interesante. Ha sido un clímax, un pico en mi experiencia de acercamiento al indígena en Paraguay. El Arete Guasu era la clase de evento que yo siempre soñé retratar en fotos, documentar y participar, más que todo primero a nivel humano. Tengo que especificar que es el Arete Guasu de la comunidad de San Agustín, cerca de Pedro P. Peña, en la zona de la triple frontera con Bolivia y Argentina, la zona de Pozo Hondo. Me fui ahí porque yo me estaba interesando en el Arete Guasu de Santa Teresita, en Mariscal Estigarribia, donde a nivel visual se distingue la presencia de sombreros puntiagudos blancos. Eso me causó un gran interés también visitando el Museo del Barro, viendo el trabajo de Ticio Escobar, de antropólogos, fotógrafos y expertos audiovisuales que les acompañaron para representar el folclore de estos pueblos muy remotos de Paraguay.

Luego de la fiesta los oficiantes se deshacen de la máscara permitiendo que los ancestros vuelvan al suelo

UNA INVITACIÓN

–¿Cómo fue el primer acercamiento?

–Me surgió una invitación de un colega fotógrafo, Javier Medina Verdolini. Él me invitó a visitar juntos este carnaval porque es culturalmente mucho más auténtico, diría más protegido por el monte mismo, por la lejanía y el aislamiento de la comunidad misma. Y tiene ese carácter visual y cultural de la máscara con pluma de aves. Así que me pareció sumamente interesante participar en el evento en sí. Estoy muy agradecido con la comunidad por habernos recibido y habernos permitido participar en este encuentro al cual realmente participé por primera vez en 2024. Ahí tuvimos nuestro primer contacto, no estuvimos todos los días del festival. Ha sido como la ocasión de contactar y conocer, hacerse conocer y el año siguiente volvimos para un nuevo Arete Guasu, que más o menos coincide con el carnaval, y pudimos retratar las fotos que compusieron mi fotoensayo sobre este fascinante evento. El fotorreportaje se realizó gracias al apoyo de la productora Chaco Films y la Embajada de Italia en Asunción.

–¿Cuál fue la impresión que te causó esta celebración?

–Visualmente, el primer año, por una cuestión de tiempo y de no saber bien cómo se desarrollaba el evento, perdí algunos de los momentos culminantes que me aseguré no perder en el segundo año. Es muy fascinante y visualmente impactante el evento del Arete Guasu en Pedro P. Peña, porque empezamos con la creación de la máscara de alas. Nosotros nos fuimos dos semanas antes que el evento empiece y participamos con dos primos, Ángel y Óscar, que luego se volvieron un poco los protagonistas de nuestro proyecto. Óscar es el cazador designado mientras Ángel es un muchacho que más bien presenta una conexión entre el mundo moderno porque él vive en Asunción y en la comunidad y también él es como decimos un líder de los jóvenes. El referente de los jóvenes y también ayuda a los niños a acercarse a este evento y ellos mismos representaron a varios personajes que son parte de la celebración. El primer día ellos empiezan vistiéndose de agüero-güero, que es la máscara con alas que impersona a los ancestros.

El canto y el bailar en círculo son prácticas ancestrales que tocan las cuerdas dormidas de la espiritualidad

CONEXIÓN CON LOS ANCESTROS

–¿Cuál es la simbología de esa representación?

–Literalmente ellos van a llamar a los ancestros para que participen en este evento junto a ellos, una celebración de cuatro días donde se reencuentra la conexión con las personas pasadas. Y acá está lo fascinante de lo que yo buscaba. Esta cultura tan diferente que ve cuestiones de la vida, del ser humano desde un punto de vista tan diferente de nuestra cultura. En los días siguientes se baila a tambores constantemente día y noche un ritmo tribal que casi hipnotiza a lo largo de los días de celebración. Permite un estado de trance favorecido también por el consumo de chicha, recientemente también un poco de cerveza, pero tengo que decir la verdad sin que eso sobrepase lo que sea un general sentido de fiesta, de diversión. No son en ese sentido celebraciones extremas, sino más bien el canto y bailar en círculo son prácticas ancestrales que realmente llaman a algo yo creo en nosotros como seres humanos, van a tocar las cuerdas dormidas de nuestra manera de ser primal. Así que me fascinó muchísimo. Y el evento termina con ellos devolviendo las máscaras al agua. Un tiempo la iban a tirar en el cementerio donde descansaban los ancestros. Hoy día lo tiran en cursos de agua. Entonces, ellos inmediatamente después del evento se deshacen de la máscara y dejan literalmente que sus ancestros vuelvan al suelo, vuelvan al elemento terrestre para luego esperarle un año más hasta que puedan celebrar de vuelta juntos los días del Arete Guasu. Me pareció realmente una manera muy conmovedora de mantener una relación con los antepasados.

Luego de la fiesta los oficiantes se deshacen de la máscara permitiendo que los ancestros vuelvan al suelo

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