Con apenas 500 habitantes permanentes, Puerto Pirámides es el único pueblo de la Península Valdés. Frente a sus costas habita una población de más de 4.000 ballenas francas australes, identificadas por los investigadores, lo que convierte a este rincón de la Patagonia en uno de los mayores santuarios marinos del planeta.

  • Por César Palacios
  • @cespala Especial para La Nación Finde
  • Fotos: Secretaría de Turismo de Puerto Madryn

Cuando visitamos este paraíso de la fauna patagónica en enero pasado, la Península Valdés estaba dominada por los pingüinos de Magallanes. Miles de aves ocupaban sen­deros, playas y nidos en una de las mayores concentracio­nes de esta especie del pla­neta. Hoy, la Península Val­dés cambia de protagonistas.

Los pingüinos se encuen­tran mar adentro, en busca de zonas más cálidas, y la atención se centra ahora en otros gigantes del océano: las ballenas francas austra­les. En invierno, los soplidos de los cetáceos, las colas que emergen a la superficie y las embarcaciones que parten desde Puerto Pirámides se convierten en la escena más buscada de la Penín­sula Valdés.

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Llegamos a Puerto Pirá­mides con una tempera­tura exterior de apenas un grado y una sensación tér­mica cercana a los dos grados bajo cero, aunque “cálida” en comparación con los -12 de esta madrugada. El viento patagónico, siempre pre­sente, hace que el frío se sienta con mayor intensi­dad. Sin embargo, una vez frente al mar, el clima pasa a segundo plano. Todas las miradas se dirigen a la bahía.

Puerto Pirámides es el único pueblo de la Península Valdés. Apenas supera los 500 habitantes permanentes, pero comparte sus aguas con más de 4.000 ballenas fran­cas australes identificadas por los programas de moni­toreo y conservación que se desarrollan en la región. Durante algunos meses del año, los verdaderos dueños del paisaje son estos gigan­tes marinos.

Una ballena franca austral se acerca amigablemente a saludar a los turistas. Esta especie posee unas características callosidades blancas en la cabeza

EL PARAÍSO DEL APAREAMIENTO

La Península Valdés, decla­rada Patrimonio Mundial por la Unesco, es uno de los principales sitios de repro­ducción de la ballena franca austral del planeta. Hasta aquí, en la provincia de Chu­but, llegan para aparearse, dar a luz y criar a sus peque­ños en un ambiente seguro y protegido.

Apenas abordamos la embar­cación, aparece la primera protagonista de la jornada. Una enorme hembra de apro­ximadamente 18 metros de longitud avanza lentamente, seguida de cerca por tres machos. Los guías explican que se trata de una conducta habitual durante la temporada reproductiva. El cor­tejo puede involucrar a varios machos que intentan apa­rearse con una misma hem­bra, generando escenas que difícilmente pueden obser­varse con tanta claridad en otros lugares del mundo.

Caleta Valdés es una estrecha entrada de mar, paralela a la costa, que propicia condiciones ideales para numerosas especies marinas

Las ballenas francas austra­les pueden alcanzar entre 35 y 45 toneladas de peso y medir hasta 18 metros de longitud. Su inmensa cola funciona como una verda­dera hélice natural que les permite desplazarse con sorprendente agilidad a pesar de su tamaño. Tam­bién poseen unas caracte­rísticas callosidades blancas en la cabeza que permiten diferenciarlas individual­mente. Ninguna tiene el mismo patrón y, gracias a estas marcas naturales, los científicos pueden reconocer cada ejemplar y seguir sus movimientos entre la Pata­gonia y las aguas antárticas.

Durante la navegación aprendemos otro dato fas­cinante. Las hembras sue­len tener una sola cría cada tres años, aunque el intervalo puede extenderse incluso más, dependiendo de su con­dición física. Las que llegan a la Península Valdés para parir no son necesariamente las mismas que regresan la temporada siguiente. Des­pués de la maternidad, deben volver a sus áreas de alimen­tación para recuperar ener­gías, ya que durante su per­manencia en estas aguas prácticamente no se ali­mentan y viven gracias a las reservas acumuladas previa­mente. Las ballenas se nos acercan y saludan constan­temente la embarcación.

Cuando una ballena emerge junto a la embarcación, resulta inevitable tomar conciencia de sus dimensiones reales

UNA EXPERIENCIA ÚNICA

El recorrido comienza tem­prano en Puerto Madryn. Tras aproximadamente una hora de viaje por la estepa patagónica se llega a Puerto Pirámides, puerta de entrada a uno de los espectáculos naturales más impresionan­tes de Sudamérica.

Entre junio y noviembre, las embarcaciones salen a diario a observar las balle­nas francas australes. Cada salida es distinta. Algunas jornadas están marcadas por la presencia de madres con sus crías. Otras permiten observar comportamientos de apareamiento o grupos nadando cerca de la costa.

Desde el agua, la experien­cia adquiere una dimensión completamente diferente. Cuando una ballena emerge junto a la embarcación, resulta inevitable tomar con­ciencia de sus dimensiones reales. No hay fotografías ni videos capaces de transmi­tir la sensación de ver tan de cerca a un animal de seme­jante tamaño.

Su inmensa cola funciona como una verdadera hélice natural que les permite desplazarse con sorprendente agilidad a pesar de su tamaño

CALETA VALDÉS

La excursión continúa hacia otros puntos emblemáticos de la Península Valdés. Uno de ellos es Caleta Valdés, una formación geológica única de aproximadamente 30 kiló­metros de longitud. Se trata de una estrecha entrada de mar, paralela a la costa, que propi­cia condiciones ideales para numerosas especies marinas.

Aquí observamos lobos mari­nos descansando en las playas mientras los guías explican el i mpacto que la gripe aviar tuvo en algunas colonias en los últi­mos años. También es uno de los lugares donde, ocasional­mente, pueden aparecer las famosas orcas de la Península Valdés, conocidas internacio­nalmente por sus técnicas de caza en la costa.

Una ballena y su cría pasean por aguas patagónicas

Durante el recorrido terrestre, la fauna sigue sorprendiendo. Guanacos, choiques, zorros y maras aparecen con frecuencia en libertad. Los guanacos, en particular, llaman la aten­ción por su porte elegante y su historia evolutiva. Son parientes de las llamas y forman parte de una anti­gua línea de camélidos cuyos ancestros cruzaron desde América del Norte hace millones de años.

DATOS CURIOSOS DE ESTE REINO

Más de 4.000 balle­nas francas austra­les utilizan las aguas de la Península Val­dés durante la tempo­rada reproductiva. En el 2025 llegaron 2400, cifra récord.

Puerto Pirámides está a 100 kilómetros de Puerto Madryn y es el único poblado de la Península Valdés, con apenas 500 habitantes permanentes.

Las ballenas pueden alcanzar 18 metros de longitud y hasta 45 toneladas de peso, lo que equivale al la longitud de un autobús urbano.

Las callosidades blancas de su cabeza son únicas en cada ejemplar, como una huella digital que permite a los cientí­ficos identificarlas individualmente.

Cada año las ballenas recorren unos 3.500 kilómetros entre las aguas cercanas a la Antártida y la costa patagónica para reproducirse y criar a sus ballenatos.

La Península Valdés es Patrimonio Mundial de la Unesco y uno de los pocos lugares del planeta donde pueden obser­varse ballenas, orcas, elefantes marinos, lobos marinos, pin­güinos y guanacos en estado salvaje.

UNA PATAGONIA DIFERENTE EN CADA ESTACIÓN

En invierno, las aguas de la Península Valdés pertenecen a las ballenas

Una de las grandes virtudes de la Península Valdés es que nunca ofrece la misma experiencia dos veces. Cada estación transforma el paisaje y modifica a sus protagonistas. Entre septiembre y marzo regresan los pin­güinos de Magallanes para ocupar exactamente los mismos nidos que utilizaron generaciones anteriores. En invierno, en cambio, las aguas perte­necen a las ballenas.

Mientras dejamos atrás Puerto Pirá­mides y observamos por última vez el Golfo Nuevo —que alcanza profundida­des cercanas a los 189 metros—, resulta inevitable pensar en ese ciclo perfecto que se repite año tras año. Dentro de algunos meses las ballenas iniciarán el largo viaje de regreso hacia las aguas cercanas a la Antártida, recorriendo más de 3.500 kilómetros hasta sus zonas de alimentación. Poco después, con la llegada de la prima­vera, los pingüinos volverán a ocupar los mismos nidos que hoy permanecen vacíos.

La Península Valdés cambia de protagonistas, pero nunca deja de ofrecer espectáculo. Cuando se marchan las ballenas, regresan los pingüinos. Y cuando los pingüinos vuelven al mar, otra vez llegan las ballenas. Quizás por eso este rincón de la Patagonia sigue siendo uno de los grandes santuarios naturales del planeta. Para más información sobre cómo llegar a este des­tino tan extraordinario del territorio argentino, se puede consultar el perfil de Instagram @madryn.travel o comunicarse por WhatsApp al +54 9 280 466 5688.

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