Andrés Selich, vocalista del grupo, compartió las ideas y detalles que envuelven al último material de la banda.

Kita Pena vuelve a marcar presencia con novedades sono­ras. En los últimos días lanzó “110/220”, su más reciente trabajo discográfico, un EP que consta de 4 canciones y un interludio, del cual ya se conoció un avance a fines de 2025, que fue mundial.

La banda, con cerca de una década y media de vida, se mantiene vigente en la pro­ducción y propuesta, dialo­gando con nuevas sonori­dades, apoyándose un poco más en las letras y poniendo al ritmo, al clima sonoro y al humor siempre como pila­res de su música. Este mate­rial, que es el sucesor oficial de “ Casi nada de lo que nos enseñaron sirve para sonreír y otras fábulas” (2018), fue producido por Marcelo Soler, mezclado por Carlos Dentice y masterizado por María Triana Mas­tering.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

Andrés Selich, uno de los can­tantes de la banda, con­versó con La Nación sobre este lanza­miento, sobre la búsqueda y la dinámica que llevó a la mate­rialización de este proyecto, que amplia hori­zontes del grupo, pero desde un territorio que le es propio.

“Capaz estamos en un proceso de reconexión, con las canciones, con la banda y con una versión nueva de nosotros”, afirma Selich

¿Por qué el nombre “110/220” y el formato de EP para este nuevo lanza­miento?

–El nombre aparece por la idea de cambiar de energía. Nos gustaba esa imagen de poder enchufarnos en luga­res distintos, pasar por otros climas, probar otras intensi­dades, pero seguir siendo la misma corriente. El EP tiene bastante de eso. Hay cancio­nes que vienen de momentos distintos, algunas más lumi­nosas, otras más introspecti­vas, pero todas conviven den­tro de una misma búsqueda. Sentíamos que no hacía falta esperar a tener un disco largo para mostrar este momento. Estas canciones tenían algo en común y el formato EP nos permitía decirlo sin estirarlo de más.

¿Cómo la banda se va apropiando de lo nuevo para el siguiente trabajo? ¿Qué temores les genera eso respecto a la identidad que ya tienen?

–Todos en la banda escu­chamos mucha música y eso inevitablemente se filtra. Nos gusta probar, jugar con climas distintos, ver hasta dónde puede ir una canción.

Creo que experimentar tam­bién hace que todo sea más divertido. La clave está en que eso nuevo no entre como dis­fraz. Tiene que pasar por la banda, por nuestra forma de tocar, de cantar y de decir. Ahí recién se vuelve nues­tro. El miedo a perder iden­tidad puede aparecer, pero también sería raro cuidar tanto una forma que termine volviéndose una jaula. Para noso­tros la identidad no es repetir siempre lo mismo, sino seguir reconociéndonos aunque cambiemos de energía.

La banda nacional acaba de presentar “110/220”, un EP que consta de 4 canciones y un interludio

DEJAR UNA IDEA

El clima sonoro, un humor determinado y las letras tie­nen un rol muy destacado ¿Trabajan eso de manera consciente o solo sale?

–Creo que primero aparece. Hay un temperamento de la banda que sale bastante naturalmente: cierta forma de mirar, de no ponerse solemne, de mezclar algo sensible con algo más coti­diano. No sé si lo llama­ría humor en el sentido de hacer reír, sino más bien una manera de pararse frente a las cosas. Después sí hay un trabajo consciente. Escucha­mos si ese clima sostiene la canción, si la letra entra en ese mundo, si algo sobra o si se vuelve demasiado expli­cado. A veces una canción necesita más luz, otra nece­sita más rareza, otra pide ser más directa. Nos inte­resa que las canciones ten­gan algo para decir, pero que no pierdan cuerpo. Que no se vuelvan discurso. Que pue­dan dejar una idea, pero tam­bién moverte un poco.

¿Cómo trabajaron las letras en esta producción? ¿Pertenecen a alguien en particular y se cuida eso o lo piensan colectivamente, se aceptan correcciones?

–Las letras siempre vienen de alguien. De una mirada, de una frase, de una inco­modidad o de una necesi­dad puntual. Pero para que una letra llegue a Kita Pena tiene que tener la capacidad de representar a todos de alguna manera. No significa que todos hayan vivido exac­tamente lo mismo, sino que todos puedan reconocer algo ahí y defenderlo como pro­pio. Una canción puede nacer de una experiencia personal, pero si queda encerrada sola­mente en eso, le cuesta crecer.

En la banda se cuida mucho esa primera voz, pero tam­bién se acepta que la can­ción pida cambios. A veces una palabra cambia todo. A veces una frase que parecía importante no entra. Lo lindo es cuando algo que empezó en una persona termina encon­trando una forma que todos podemos cantar.

“Este EP nos agarra en un momento de cambio de energía”, dice Andrés Selich, vocalista principal y cofundador de Kita Pena

CAMBIO DE ENERGÍA

¿Dentro de qué procesos está la banda?

–Estamos en un proceso de encontrar una nueva forma de movernos. Kita Pena tiene muchos años, muchas etapas y muchas vidas adentro. No sentimos que estemos empe­zando de cero, pero tampoco queremos funcionar en auto­mático. Este EP nos agarra en un momento de cambio de energía, justamente. Con ganas de seguir haciendo música, pero también de entender cómo se comparte hoy, cómo se sostiene una banda y cómo se conecta con la gente después de tanto tiempo. Capaz estamos en un proceso de reconexión: con las canciones, con la banda y con una versión nueva de nosotros.

–¿Cómo Kita Pena, que tiene ya muchos años como grupo humano, vive, piensa y discute el mundo actual, sea desde la música, el mercado local, el sistema de difusión concentrado en plataformas, etc.?

–Es un momento raro para hacer música. Hoy una can­ción también tiene que sobre­vivir al scroll. Eso puede ser cansador, porque además de hacer música tenés que pensar cómo lograr que alguien se detenga un rato a escucharla. Las plataformas abrieron puertas, eso es real, pero también concentraron mucho la atención. Hay más música que nunca, pero no necesariamente más escu­cha. Una canción puede estar disponible en todo el mundo y al mismo tiempo perderse en dos segundos entre mil cosas.

En Paraguay hay mucho talento y mucha gente haciendo cosas con identidad, pero todavía cuesta sostener circuitos, espacios y hábitos de escucha. Entonces uno va aprendiendo a moverse en ese paisaje sin traicionar lo que hace. Comunicar más, sí. Adaptarse, también. Pero sin convertirse en una banda que existe solo para alimentar el algoritmo.

Si bien no se plantean como dando consejos, hay algo de invitar con sus letras a búsquedas más interiores y/o verdaderas. ¿Qué son esas verdades y cómo hacen ese trabajo ustedes?

–No sé si pensamos las can­ciones como consejos. Nos interesa más que funcio­nen como lugares donde uno pueda reconocerse un poco. Hay preguntas que vuelven en este EP: cómo dejar de preocuparse por todo, cómo cambiar de ambiente cuando algo te apaga, cómo volver a creer sin tener todo resuelto, cómo cortar una cadena antes de repetirla. Son cosas sim­ples de decir, pero difíciles de hacer. Capaz la búsqueda va por ahí. No tanto en encon­trar una verdad enorme, sino en animarse a mirar algunas cosas de frente. A veces una canción no te resuelve nada, pero te acompaña mientras tratás de ordenar un poco el ruido. Y eso, para nosotros, ya vale bastante.

Déjanos tus comentarios en Voiz