El cantante le aporta su identidad sonora e interpretativa a canciones que fueron himnos décadas atrás.
“El concepto es darle más potencia a canciones que de por ahí quedaron con un sonido, a lo mejor, un poco de tiempos anteriores, consiguiendo nuevas versiones. Las llevo hacia un sonido identificando lo que me gusta y con lo que soy”, explica Marcos Kasanetz sobre la idea del proyecto que viene encarando, en la semana en la que dio a conocer su nuevo trabajo musical, una versión rockera de la canción “Un vestido y un amor”, del cantante argentino Fito Páez.
“La idea surge a raíz de que en mis shows yo reciclo muchas canciones de los 90 y 2000 que fueron o son himnos, pero que quedaron un poco olvidadas, así es que cuando las toco la gente las canta y las corea, como si yo fuese el mismo artista que las hizo. Mis versiones son muy peculiares, primero porque me encanta darle potencia a todo, soy muy rockero”, señala el cantante.
Marcos, con dos décadas de trayectoria en la escena musical, viene desarrollando un proyecto que tiene como base el abordaje de versiones de clásicos, y que pretende que crezcan hacia la grabación de canciones de su autoría. “Detrás de todo esto quiero meter canciones mías que dejé postergadas desde hace mucho tiempo. Siento que ahora, después de años, volví a encontrar la motivación y la gente que me acompaña en este trecho del viaje”, agregó.
TRAYECTORIA
Se trata de un artista que tiene una fuerte influencia del rock rioplatense, con un padre que siempre tocaba la guitarra en su casa, la música y el canto siempre estuvieron presentes en su formación.
“Inicié mi carrera desde jovencito cantando en certámenes, intercolegiales de la canción. Fui vocalista de una banda que se llamaba La Fruta Prohibida, con la que tuvimos una época dorada, giramos por todo el país prácticamente. También formé parte de un reality de televisión de cantantes y bailarines. Durante diez años canté con Los Farranderos, con presentaciones en festivales, eventos privados, con ellos aprendí muchísimo”, narra Marcos.
En 2018 decidió tomar vuelo independiente junto a sus amigos Eduardo Benítez y Lorenzo Recalde, con quienes dieron vida al proyecto Los Calaveras. La pandemia se encargó de enfriar aquella ilusión.
“Pero hace un mes nos volvimos a juntar y nos volvimos a enamorar. Siento que estoy en un momento pleno, justo, perfecto, maduro, con experiencia, definido, con energía, con cariño, rodeado de gente hermosa que me quiere y me acompaña, lindo momento para retomar y darle a mi público lo que tanto me pide: canciones. Entonces eso es lo que se viene este año de mi parte, canciones y más canciones”, sentenció.
VERSIONES
“Son canciones de los 90 que a un tipo de mi edad lo marcaron, y siguen siendo himnos para nosotros, con el plus de que en una versión nueva también les gusta. Ni te hacés idea cómo cantan temas como ‘Canción de despedida’”, comenta.
Marcos, quien forma parte de la cartelera musical de la capital, viene trabajando en la producción en estudio junto a César da Costa, un reconocido de la escena, con quien construyó una afinidad personal y musical. La versión de “Un vestido y un amor” apuesta a una mayor solidez y estabilidad, en el acompañamiento, con el color propio de la voz de Marcos. El tema fue lanzado con un video clip, grabado en el centro histórico de la ciudad.
“La producción con César la trabajamos de forma extremadamente amena. Es un tipo de mucha experiencia y trayectoria también, y por suerte coincidimos en mucho, tenemos química musical, eso facilita el trabajo y cuidamos todos los detalles dentro de lo legal, porque como se sabe, hay cosas que se pueden modificar, otras que no, en eso César es muy entendido, entonces trabajo bajo su asesoramiento sumamente calificado”, concluyó.

