• Estela Mary Peralta de Aguayo
  • Fotos: Gentileza

Cada nueva edición del “Diccionario de la lengua española (DLE)” atrae la atención de los hablantes por las palabras que se incorporan. Sin embargo, detrás de esas novedades hay un intenso trabajo lexicográfico desarrollado por la Real Academia Española junto con las academias de la lengua de los distintos países hispanohablantes agrupadas en la Asociación de Academias de la Lengua Española.

La vigesimocuarta edición, publicada en 2026, coincide con el tricentenario del histórico “Diccionario de autoridades”, obra que inauguró la tradición lexicográfica académica.

Las dimensiones de esta nueva entrega reflejan el alcance de la revisión realizada. El DLE reúne 99.990 artículos, cerca de 209.000 acepciones, 54.829 etimologías, más de 23.000 voces técnicas y alrededor de 85.000 ejemplos de uso. A ello se suman unos 20.672 americanismos, 1.570 voces de empleo exclusivo en distintos países hispanohablantes y cerca de 1.490 gentilicios incorporados o revisados.

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La actualización descansa sobre diversos procedimientos lexicográficos. Entre ellos sobresalen las adiciones de artículos, mediante las cuales ingresan nuevas palabras que reflejan transformaciones científicas, tecnológicas, culturales y sociales. Figuran también las adiciones de formas complejas, categoría en la que se incorporan expresiones como apagón informativo o inteligencia artificial generativa.

A ello se agregan las adiciones de acepciones, gracias a las cuales determinadas voces amplían su significado. Así, invisible añade el sentido de “persona ignorada o relegada socialmente”. Las enmiendas de acepción ocupan igualmente un lugar destacado, ya que ajustan definiciones para adecuarlas mejor al uso documentado; en procrastinar, por ejemplo, se precisa su empleo como verbo transitivo y reflexivo. El proceso abarca también numerosas adiciones y correcciones etimológicas que enriquecen la información histórica sobre las palabras.

ARQUITECTURA DEL DICCIONARIO

Junto a estas intervenciones, la nueva edición introduce modificaciones que afectan a la propia arquitectura del diccionario. La principal novedad radica en su carácter nativo digital. Por primera vez, la obra fue concebida para el entorno electrónico y desde esa base se preparó posteriormente la edición impresa. Esta inversión del proceso acompaña las nuevas formas de consulta de los usuarios, cada vez más vinculadas a dispositivos y plataformas digitales.

La reorganización de las acepciones figura entre los cambios más visibles. En lugar de agruparse por criterios gramaticales, los significados aparecen ordenados según su frecuencia de uso y su proximidad semántica. La consulta gana así en claridad, sobre todo en aquellas voces que reúnen varios significados alejados entre sí.

También se modifica la presentación de los lemas, pues los sustantivos y adjetivos flexionados se consignan ahora de forma desarrollada: informático, informática; mecatrónico, mecatrónica; presidente, presidenta. Gracias a esta disposición, las unidades léxicas quedan explícitamente representadas, lo que facilita su reconocimiento y consulta.

Las formas complejas reciben igualmente un tratamiento más amplio. Los artículos reúnen variantes que anteriormente aparecían dispersas o eran de difícil localización. Expresiones como dar de cabeza alguien y dar en la cabeza a alguien se registran de forma sistemática y ordenada alfabéticamente. Del mismo modo, darse con la cabeza en la pared incorpora dentro del mismo artículo la variante darse con la cabeza en las paredes, lo que facilita una visión de conjunto de las unidades fraseológicas relacionadas.

El DLE reúne 99.990 artículos, cerca de 209.000 acepciones, 54.829 etimologías, más de 23.000 voces técnicas y alrededor de 85.000 ejemplos de uso

REORGANIZACIÓN

La información gramatical y morfológica se sitúa ahora junto a las acepciones correspondientes. Esta reorganización contribuye a una consulta más autónoma y ayuda a identificar con mayor rapidez los contextos específicos en los que se emplea cada significado. Algo semejante ocurre con las referencias internas de los artículos: se simplifican las remisiones y, en la versión digital, los vínculos se realizan mediante hipervínculos que conducen a la acepción citada.

Otro aspecto destacable afecta a las definiciones por remisión. Numerosas voces, especialmente regionalismos y americanismos, abandonan las antiguas definiciones sinonímicas para incorporar explicaciones completas. Así, el usuario encuentra la información esencial en el mismo artículo, sin necesidad de recorrer varias entradas para reconstruir el significado.

La indicación geográfica experimenta una renovada presentación. En las ediciones anteriores predominaban las abreviaturas, mientras que ahora los ámbitos de uso aparecen expresados en forma desarrollada. La voz clericó, por ejemplo, registra la marca «Argentina, Paraguay y Uruguay» antes de la definición correspondiente. Esta modificación aporta mayor transparencia a la información geolingüística y evita que el usuario deba interpretar abreviaturas para identificar el ámbito de empleo de la voz.

La navegación digital incorpora, además, nuevas herramientas de exploración. Los artículos incluyen apartados de sinónimos, afines, antónimos y opuestos, ampliando de este modo las posibilidades de consulta. A ello se suman los enlaces internos que conectan palabras, expresiones y significados relacionados, lo que propiciaba la circularidad en las antiguas ediciones impresas. El diccionario deja de ser una obra de consulta y se transforma en un espacio de descubrimiento lingüístico.

La vigesimocuarta edición pone de manifiesto que la labor lexicográfica de una nueva edición implica reorganizar conocimientos, revisar definiciones, actualizar criterios descriptivos y desarrollar nuevas formas de acceso a la información. En este sentido, la obra refleja tanto la evolución del español como los cambios experimentados por la propia disciplina lexicográfica.

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