- Fotos: Mariana Díaz
La victoria electoral de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil abre un nuevo escenario político y económico para Sudamérica, con implicancias directas para el Paraguay. En el programa “Expresso”, de GEN/Nación Media, Augusto dos Santos conversó con el consultor político brasileño Caio Manhanelli y el politólogo paraguayo Víctor Genes sobre los desafíos del Gobierno brasileño, la renegociación de Itaipú, las relaciones bilaterales y el impacto de este nuevo contexto en la política paraguaya de cara al 2028. También analizaron los sesgos de las encuestas, el papel de la comunicación digital, las demandas sociales insatisfechas y las tensiones ideológicas que atraviesan la región.
–¿Qué pasó ese día al respecto del resultado? ¿Fue previsible?
–CM: Te voy a decir que fue previsible en la primera vuelta y te voy a decir por qué. Las encuestas estaban claras y ahí voy a hacer una crítica tanto a los analistas como a la prensa y a las encuestadoras al mismo tiempo. La encuesta de opinión trabaja con una cosa llamada matemática y la matemática es exacta. La estadística es un campo de la matemática que te entrega las probabilidades, lo que es probable, lo que puede acontecer. Cuando nosotros difundimos los datos de las encuestas, ¿qué hacemos normalmente? Solo hablar sobre los números crudos o mismo dejar en segundo plano la información correcta que la encuesta te trae. Primero decimos Bolsonaro estaba con 51 y Lula con 49. Con un margen de error de 2 puntos, quiere decir Bolsonaro tiene entre 49 y 53. Lula tiene 49, pudiendo variar entre 47 y 51. Eso llamamos empate técnico. ¿Qué quiere decir empate técnico? Quiere decir que la encuesta, el método probabilístico no logra responder la pregunta ¿quién va a ganar?
–¿Por qué en algunos países funcionan las encuestas y en otros no?
–CM: En 2015 me llamaron para iniciar una encuestadora en Paraguay y me fui sin plata, sin inversión, sin nada. Nosotros enseñamos cómo hacer encuestas de una manera fidedigna, de una manera coherente, de una manera transparente y sin utilizar las encuestas como un arma de propaganda. ¿Por qué? El método estaba basado en experiencias internacionales que vienen desde el final de las décadas del 70, 80, cuando se empiezan a hacer observaciones electorales. El problema principal es que cuanto más tirás la encuesta trucha o una encuesta diciendo fulanito está en frente, lo que puedes hacer es que el rechazo a fulanito es tan grande que va a movilizar más gente en su contra.
–Creo que no hay nada más parecido a Bolsonaro que el oviedismo en Paraguay históricamente, ¿no?
–VG: En cierta forma sí. El oviedismo representaba un poco esa fuerza corporativa de los sectores de la seguridad y el orden, los militares, los policías, pero tenía un componente popular, social y cultural, que no sé si el bolsonarismo logró articular en cuanto a sectores populares. Creo que Lula logró articular o siempre articuló a los sectores de la zona del nordeste y compañía.
IMPLICANCIAS
–¿Cuál es tu impresión con relación a cómo impacta la victoria de Lula en Paraguay?
–VG: Primero tenemos que analizar la implicancia de dos componentes centrales, el componente político y el componente económico. Si aterrizamos nosotros al componente político, podemos dividir en tres sectores. El sector del oficialismo, el sector de la disidencia del Partido Colorado y la oposición. Entonces, ¿quiénes ganan y quiénes pierden? En ese sentido, podríamos decir que en la oposición se genera una expectativa muy importante, se genera también una posibilidad, una apertura para el oficialismo y la disidencia colorada con Mario Abdo es quien pierde. Vimos justamente el apoyo que dio Mario Abdo a Bolsonaro. Entendiendo ese contexto, tenemos que tener en cuenta tres efectos centrales. El efecto simbólico, el efecto discursivo y el efecto de gestión, que son los efectos centrales que van a incidir en la movida política para el 2028.
–¿Qué representa cada uno de estos efectos?
–VG: Cuando hablamos del efecto simbólico, ¿qué representa simbólicamente que Lula haya ganado?, principalmente para la oposición, no tanto para el oficialismo. Para el oficialismo viene el efecto de gestión. El efecto simbólico habla un poquitito de culturalmente, socialmente, cómo la oposición con su contacto, con sus redes con el Partido de los Trabajadores van a empezar a reunirse y articularse para ver cómo pueden generar un apoyo a la candidatura o la potencial candidatura de la oposición. Por otra parte, el efecto de gestión implica la oportunidad que pueda tener el oficialismo para trabajar la renegociación (del Anexo C del Tratado de Itaipú) y el éxito de esa renegociación o los términos que puedan instalar un éxito para el oficialismo, como también a la inversa si no se tiene un éxito en el diálogo y se dilata. La oposición puede utilizar como una herramienta o como un insumo para decir que la gestión de gobierno no fue útil y no aprovechó el proceso o esta reinstalación de Lula en el gobierno.
–Caio, ¿quién es el Lula que ahora va a ser presidente con relación al primer presidente Lula? ¿Y qué improntas tiene su nuevo desafío?
–CM: Lula me parece que se convenció sobre la comunicación digital. Yo estaba hablando sobre resultados previsibles, pero ahí lo primero que dije deja una idea equivocada para los políticos, de que los votos son propiedad de ellos. Hay que hacer campaña de cualquier manera, hay que probarse creíble para la gente que ya te votó anteriormente. Porque el tiempo pasa, la gente te experimentó así o asá, y van a querer escuchar qué vas a hacer adelante. La campaña de Lula falló muchísimo, porque no logró enseñar promesas, por eso es difícil decirte qué Lula vendría para este próximo gobierno, porque Lula solo pasó defendiendo su gobierno, defendiendo una continuidad, pero de un país que tiene buenos números, pero que no se siente tan bien.
–¿Qué cosa?
–CM: Él aprendió que es posible hacer una comunicación directa con la gente a través de los medios digitales, que fue posible movilizar toda su militancia y hacer que la gente salga a la calle a buscar cumplir actividades en favor de su campaña. Y él enseñó en su discurso que quiere utilizar el pueblo para gobernar este nuevo mandato. Entonces, posiblemente va a haber una política pública de gobierno de comunicación para tener ese enlace con la gente por medios digitales y traer la gente para decidir y para ayudarle a gobernar. Pero ¿qué quiere decir gobernar? Es enfrentar este congreso, que mayormente es un congreso de gente que supuestamente es opositora a Lula. Y allí Lula también hace una alerta para su propio partido. Lula dijo “yo quiero gobernar por el pueblo y quiero recordarles que los diputados que están ahí fueron votados por el pueblo”. “Y si yo quiero gobernar con el pueblo, yo tengo que gobernar con esta gente, que también recibió voto del pueblo”. Así que yo voy a ser gobierno con quien tuvo voto de la misma gente que me votó. Básicamente, él dijo eso. Cuando dice eso, él está dando una alerta a su partido a decir “no me boicoten los acuerdos políticos que voy a hacer”, porque eso fue lo que pasó durante 4 años.
DESAFÍOS PARA PARAGUAY
–Víctor, ¿qué desafíos representa para Paraguay todo lo que se viene?
–VG: Hay tres elementos centrales. La inmediatez, lo que nos va a marcar la agenda 2028, la inmediatez, la cercanía y la espontaneidad. Pero es una espontaneidad que quizás puede ser un poco trabajada también previamente. Y en el marco de lo que indiqué anteriormente, la construcción de un discurso, la construcción de una narrativa, la articulación de las demandas insatisfechas son las que van a marcar la agenda. Y, en ese sentido, yo creería que lo de Lula en Brasil, por lo menos trabajaron mucho la construcción de una narrativa, un discurso independientemente a ser gobierno, porque es difícil siendo gobierno construir un discurso, pero en Paraguay lo que va a dar posibilidad a una continuidad del actual símbolo político va a ser cómo se va a comunicar la gestión y cómo se va a transferir eso en la cotidianidad de la gente. Ahora, por otra parte, la oposición tiene mayores posibilidades de poder articular y de generar una cercanía y una cotidianidad con el discurso, un discurso más potente.
–¿Cuáles son los grandes temas que tenemos en agenda con Brasil?
VG: La primera palabra es Itaipú y lo otro van a ser los empresarios que están en Alto Paraná. O sea, dos temas centrales. Cómo va a transferirse el empresariado aquí a Paraguay y después la renegociación y los procesos que se ven en torno a Itaipú.
–Caio, ¿qué dificultades va a tener el gobierno de Lula de aquí en adelante y qué esperanza genera al respecto del futuro?
–CM: A mí me gustaría traerte un análisis que tuve contacto y bastante crítico sobre ese espacio digital. Las redes sociales alcanzan su protagonismo en cuanto las democracias están perdiendo fuerza en cuanto a métodos de construir sociedades. Las redes sociales construyeron una manera de interactuar que es irrespetuosa, que explota justamente los radicalismos. Teniendo eso, estamos mirando gobernantes que están bastante acoplados en esa lógica de la opresión, de la violencia y del descrédito. Y el mejor ícono de eso después de Trump, pero incluso más icónico aún, es (Javier) Milei, que desde su primer día de mandato pasa más el día odiando a Lula, ofendiendo a Lula en niveles personales. Lula fue bastante pragmático, pero ya llegó a un punto cuando, obviamente, Milei falta el respeto a su función en cuanto a presidente, entra en el país sin saludar al presidente del país y va a apoyar como presente en un acto de campaña del rival del actual presidente. Lula tiene una cosa muy clara. Él no apoya el intervencionismo porque él se convenció de la teoría de la soberanía y de la autodeterminación de cada pueblo.
PRAGMATISMO
–¿Quién es el nuevo Lula en medio de esta coyuntura internacional?
–CM: Sigue siendo el Lula pragmático. Creo que Lula es el único político brasileño que tiene la concepción de la gran patria, porque los brasileños no la tienen, los brasileños no saben quién son los libertadores de América. Lula tiene esa idea como Bolívar tuvo de hacer un gran bloque. Y Brasil es gigante y hoy Brasil incluso es competencia de Estados Unidos, porque provee bienes industrializados como coches por ejemplo. Entonces, Lula enfrenta las cuestiones diplomáticas sin intervenir en la autodeterminación de los pueblos. Lula nunca va a apoyar una intervención, de la misma manera que no apoyó en Venezuela. Lula estuvo en favor de que se abriera el conteo de los votos en Venezuela. Él dio esa declaración, pero para él los pueblos tienen de autodeterminarse. Si los venezolanos no están satisfechos, tienen que arreglar una manera de lograr construir su país.
–Víctor, ¿alguna reflexión global pero al mismo tiempo sintética sobre esto?
–VG: Hay que entender que Lula es una institución. En estos períodos en que estuvo Lula en el gobierno, Brasil pudo expandirse y pudo generar una economía de proyección global. Entonces, eso incide, porque es un jugador muy importante, incide en Paraguay y la incidencia que tenga en Paraguay va a proyectar nuestro país también en parte de aquí a 5 o 10 años.
–¿Cuál es la urgencia del día siguiente de Lula al asumir?
–CM: El día siguiente es primero reorganizar su casa. Lo que pasó en los 4 años no debería haber pasado. Había una cobranza muy importante hacia el partido y Lula no intervino. Lula dijo “el partido es el partido, el gobierno es el gobierno”, pero dijo muy claramente al partido “¿ustedes quieren que sus agendas sean cumplidas en mi gobierno? No esperen de mí, hagan ustedes”. Entonces, se esperó que el PT tuviera un mejor desempeño en 2024 en las elecciones municipales y no tuvo. Eso fue una alerta importante, el PT tiene que tener un mejor desempeño en las elecciones para diputados en todo el país. El PT realmente creció, la derecha realmente creció y quien pierde fue el medio. Entonces, el día siguiente va a ser organizar la casa, revisitar lo que se equivocó en estos 4 años, elegir sobre la estrategia para bajar la tasa de interés base. Si va a intentar caer en esta lógica discursiva occidental de bajar los gastos públicos. No debería tener esa relación. Entonces, él va a tener que elegir si va a buscar bajar los costos del Estado o si va intentar presionar con lobby de alguna manera a los agentes del Banco Central. Debe mejorar el flujo de plata, que es básicamente lograr hacer crecer la capacidad de endeudamiento de la población y para eso hay que bajar la tasa de interés para que la gente pueda poner plata en el mercado y hacer compras de bienes de consumo más grandes.

