• Nayeli Carvallo
  • Fotos: Gentileza

Una costumbre que va más allá de lo que se come o se bebe tuvo su toque paraguayo en la capital mundial de la moda y el diseño. Una pausa después del trabajo, de los estudios o simplemente de un día largo. Una excusa para encontrarse y conversar.

En Italia, “fare un aperitivo” es mucho más que salir a tomar algo. Es uno de esos rituales que forman parte de la vida cotidiana y suele ocupar ese espacio entre el final de la jornada y la cena. Alrededor de las seis de la tarde, los bares empiezan a llenarse, llegan los Spritz, las copas de vino o las cervezas y, junto con la bebida, algo para picar mientras las conversaciones se alargan sin demasiada prisa.

La propia palabra ayuda a entender la idea. “Aperitivo” viene del latín “aperire”, que significa “abrir”, por esa intención de abrir el apetito antes de cenar. Cuando el plato que acompaña la bebida se vuelve más abundante y prácticamente termina sustituyendo la cena, aparece otro término muy escuchado en Italia, “apericena”, una mezcla entre aperitivo y cena.

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Pero probablemente lo más lindo de esta costumbre no esté solamente en lo que se come o se bebe. También representa una pausa después del trabajo, de los estudios o simplemente de un día largo. Una excusa para encontrarse y conversar.

En un mundo en el que pasamos buena parte del tiempo pendientes de mensajes, notificaciones y pantallas, todavía resulta especial entrar a un bar y encontrar grupos que permanecen hablando durante horas. El teléfono queda por un momento en segundo plano y la atención vuelve a las personas que están enfrente. De alguna manera, uno se desconecta un poco de todo lo demás para conectarse con el momento.

El aperitivo italiano con sabor a Paraguay en Milán

VERSIÓN PARAGUAYA

El pasado 19 de setiembre, este ritual tan italiano tuvo una versión paraguaya en Milán. El bar Gran Gala Milano recibió el aperitivo paraguayo organizado por Sinllorokape Eventos, iniciativa encabezada por Manuel Zaracho. La propuesta llevó hasta el local platos muy conocidos para nosotros, como chipa, empanadas, sopa paraguaya, mandioca y chicharõ, además de música y presentaciones en vivo.

Gabriela y Alcides fueron los artistas encargados de acompañar musicalmente la noche. Con el paso de las horas, las canciones fueron sumándose a las conversaciones y al movimiento del bar, que recibió tanto a personas que ya conocían las actividades del grupo como a otras que participaban por primera vez.

Algunos incluso viajaron varias horas para llegar a Milán. Uno de los asistentes recorrió cerca de cuatro horas en tren para formar parte del encuentro. Ya había participado anteriormente de otra actividad de los mismos organizadores y decidió repetir la experiencia. Más tarde compartió en redes sociales parte de su recorrido y, entre todo lo que encontró al llegar, hubo algo que terminó sorprendiéndolo.

“¿Cómo algo que antes comías una vez al mes en tu país te puede parecer una locura cinco o seis años después en un rincón a miles de kilómetros al otro lado del mundo?”, reflexionó al contar su experiencia.

Su reacción dice bastante sobre lo que puede pasar con algunas comidas cuando se vive lejos de Paraguay. En casa, una chipa, una porción de sopa paraguaya o la mandioca pueden formar parte de un almuerzo, una reunión familiar o cualquier día sin que uno se detenga demasiado a pensarlo.

REENCUENTRO

Con los años y la distancia, reencontrarse con esos platos puede sentirse diferente. No porque hayan cambiado, sino porque aparecen acompañados de recuerdos y momentos que antes quizás pasaban desapercibidos. Para este joven, volver a comer chicharõ después de tanto tiempo terminó siendo una de las mayores sorpresas de la noche.

La gastronomía fue solo una parte del encuentro, porque la música paraguaya en vivo fue llenando el espacio y el propio asistente describió el ambiente como cálido y acogedor, entre canciones conocidas, conversaciones y personas que, en muchos casos, se estaban conociendo por primera vez.

Esa posibilidad de encontrarse también está detrás de las actividades impulsadas por Manuel Zaracho y Sinllorokape. El grupo viene creando diferentes propuestas en Italia para reunir a paraguayos, pero también para acercar nuestra cultura a quienes sienten curiosidad por conocerla.

Meses atrás estuvieron detrás de la tercera edición del Torneo Kure en Pietra Ligure, donde el fútbol reunió a personas llegadas desde diferentes ciudades. Esta vez, el escenario fue completamente distinto. No hubo cancha ni competencia deportiva. El punto de encuentro fue un bar milanés y una de las formas más tradicionales de socializar en Italia.

UNA FORMA DE ENCUENTRO

Y quizá ahí estuvo una de las particularidades de la propuesta. No fue necesario transformar una reunión paraguaya en algo italiano ni hacer lo contrario. Simplemente se tomó una forma de encontrarse muy presente en el país y se la llenó de elementos que resultaban familiares para quienes habían crecido a miles de kilómetros de allí.

Vivir afuera también cambia la manera en que uno mira algunas cosas que antes parecían completamente normales. Una comida, una canción o incluso una forma de reunirse pueden adquirir otro valor con el paso del tiempo.

Esa noche en Milán tuvo un poco de todo eso. Una costumbre italiana, música en vivo y sabores paraguayos compartidos alrededor de una mesa, en uno de esos encuentros que simplemente invitan a quedarse un rato más.

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