En Paraguay conocemos lo que significó la guerra contra la Triple Alianza, pero de la guerra de Canudos poco se habla. Dos acontecimientos distintos, separados por tiempo y contexto, muestran mecanismos políticos y culturales semejantes para construir al enemigo, legitimar la violencia y presentar la destrucción como una acción necesaria, civilizadora y heroica.

En ambas guerras fueron duramente atacados sus líderes principales, específicamente el mariscal Francisco Solano López y Antonio Conselheiro. Para justificar la guerra se atacó a sus principales figuras tratándolos de fanáticos, ignorantes, violentos, retrógrados, entre otros tantos epítetos.

Los rasgos racistas aparecen permanentemente en estos ataques. El cadáver de Conselheiro fue desenterrado y decapitado, enviándose la cabeza para estudios científicos que demostraron su peligrosidad biológica. En tanto, los cadáveres del mariscal López y su hijo mayor fueron mutilados y despojados de sus ropas.

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El investigador positivista Raimundo Nina Rodríguez acusó a Conselheiro de sufrir “de desequilibrio mental, psicosis progresiva (que) refleja las condiciones sociológicas del medio en que se organizó”. Mientras que el escritor Euclides da Cunha, en su obra “Los sertones”, indicó que en él estaban “reunidos en el misticismo enfermo todos los errores y supersticiones que fueron el coeficiente reductor de nuestra nacionalidad”.

También este autor se refiere a los papeles escritos por él como “pobres papeles” que reflejan el “turbamiento intelectual” del “fanatizador de los sertones”.

En cuanto a López, la historiografía liberal anterior y contemporánea al conflicto no titubeó en explicar las causas de la guerra a partir de las características personales del líder paraguayo, a quien caracterizó como un ambicioso y desequilibrado tirano. La prensa de Buenos Aires llamaba a López el Atila de América y Sarmiento decía que “si queremos salvar nuestras libertades y nuestro porvenir, tenemos el deber de ayudar a salvar al Paraguay, obligando a sus mandatarios a entrar en la senda de la civilización”.

EL ANIQUILAMIENTO

Frente a estas cruzadas civilizatorias, cabe preguntarse si valió la pena pagar un costo social tan alto a cambio de una supuesta misión modernizadora.

No debemos olvidar la situación de los Estados del Plata en el momento de las guerras. Para el historiador norteamericano Thomas Whigham, el conflicto de la Triple Alianza fue clave para consolidar los Estados nacionales.

A mediados del siglo XIX, Brasil se encuentra aún con dificultades de consolidar la unidad del país, con disputas entre liberales y conservadores en el gobierno de Pedro II. Asimismo, Argentina también venía de grandes luchas internas y Uruguay era aún territorio en disputa entre intereses brasileños, argentinos e ingleses.

Frente a este caótico cuadro, se contrapone un Paraguay distinto. Un país sin deuda externa –al contrario de los demás países de la región, en especial deudores de bancos ingleses–, desarrollo relativamente alto para la región –con una población unida y con clara identidad nacional, con una masa campesina que tenía estabilidad política y social, sin grandes diferencias sociales– es declarada enemiga de la civilización y destruida luego de una larga guerra de más de cinco años. Las fuerzas de ocupación, que traían la libertad al pueblo paraguayo, ocuparon el país por más de siete años, dejando el país postrado en la más extrema pobreza.

La población de Canudos fue masacrada, la ciudad destruida y posteriormente inundada con la construcción de una represa

En Canudos, nordeste de Brasil, pobre y sin recursos, una comunidad religiosa liderada por el predicador Antonio Conselheiro es acusada de ser un peligro para toda la sociedad brasileña por su oposición a la recién instalada república y ser partidaria de la vuelta de la monarquía.

Las fuerzas políticas de la oligarquía brasileña, liberales, republicanos y hasta conservadores y monárquicos se adhieren a la destrucción de Canudos. Finalmente son masacrados todos sus habitantes, la ciudad destruida y posteriormente inundada con la construcción de una represa. No quedó ningún sobreviviente de la experiencia mística de Canudos.

Frente a estas dos realidades –el Paraguay consolidado como nación independiente y Canudos con una clara experiencia de vida comunitaria– las élites aplicaron la receta de la expedición punitiva contra esos “peligrosos” hábitos.

CONCLUSIÓN

Cuando hablamos de guerra total es en el sentido de que fueron guerras en que más allá de las acciones bélicas, en realidad envolvieron a toda la población, tanto en la participación de las acciones como en la vida cotidiana. En ambos casos prácticamente no se podía definir tajantemente la diferencia entre las actividades del frente de batalla y las actividades de la retaguardia. Tanto en Canudos como en el Paraguay toda la población estuvo envuelta en la defensa del territorio.

La guerra como expedición punitiva, el aniquilamiento de la población, el ataque personal a los líderes, la aprobación de las élites en la solución final son suficientes analogías como para pensar que en todo esto se tenía un libreto o una dolorosa receta única. Canudos y el Paraguay tienen muchas más coincidencias que sus miles de muertos.

Así como el análisis de estos dos sucesos bélicos fue variando con el aporte de los historiadores, también las razones políticas, intereses económicos y consecuencias sociales todavía tendrán importantes aportes de investigación histórica, que necesariamente nos llevarán a tratar de explicar cómo es que se llegó a estas guerras de exterminio.

Estos dos hechos históricos aún no se han cerrado. Creemos que estas reflexiones colectivas entre historiadores de los países involucrados ayudan a comprender nuestro pasado sin caer en revanchismos ni justificaciones, sino con el fin de desvelar a las fuerzas que han actuado –y siguen actuando– bajo la más absoluta impunidad.

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