- Juan Carlos Dos Santos G.
- X: @juancads
- Fotos: Gentileza
En una misión marcada por la urgencia sísmica en Colombia, la mayor de reserva de las Fuerzas de Defensa de Israel Ilil Comay-Dror relata la precisión en la búsqueda de víctimas, la realidad técnica sobre el terreno, la calidez humana por encima de la tensión política y el valor emocional de devolverle la identidad a una comunidad golpeada.
Hay un mundo de distancia entre el ruido mediático de las redes sociales y lo que se vive sobre el terreno. En las diversas plataformas, abunda la polarización, la retórica, la pelea ideológica.
Pero cuando la tierra tiembla en América Latina, el dolor no le pregunta a nadie de qué bandera es. Solo hay urgencia, escombros y gente tratando de salvar a otra gente.Eso fue, en el fondo, lo que explicó la mayor (res.) Ilil Comay-Dror, parte de la delegación de rescate israelí que llegó hasta Colombia tras el devastador sismo. Ilil no es solo una militar en servicio de reserva: en su vida civil es madre de dos hijas, una profesional que de un día para otro tuvo que empacar todo y responder al llamado.
RESCATAR ALMAS
Con relación al trabajo que realizaron, describió algo que suena casi quirúrgico: no se mueven escombros a ciegas, sino que se superponen mapas, se cruza inteligencia geográfica, se calcula con precisión dónde debería estar atrapada una persona.
Y admitió, con una amargura que no intentó disimular, que a veces la velocidad no alcanza para salvar vidas. Ahí el trabajo se reduce a lo que en hebreo llaman neshamot: rescatar almas, recuperar cuerpos, devolverle a las familias algo parecido a un cierre.
Con relación a las vulnerabilidades que pudo observar en las ciudades de América Latina, Ilil fue honesta hasta la humildad: no es ingeniera, aclaró. Pero lo que vio sobre el terreno fue revelador. En una misma calle observó paradojas que cuesta creer: edificios modernos reducidos a polvo –muchas veces por reformas imprudentes, como piscinas construidas en las azoteas–, mientras a pocos metros un teatro centenario seguía en pie.
Los ingenieros locales temían lo peor solo con ver la fachada destruida del teatro; el equipo israelí revisó la estructura y encontró que el esqueleto principal aguantaba. La belleza de ese edificio de cien años todavía tiene futuro.
ENTERRANDO AL ODIO
Lo que más rescato de la conversación no fue la ingeniería. Fue la dimensión humana, casi diplomática, del relato. En un clima geopolítico tenso, con banderas de odio circulando en redes, ella y su equipo trabajaron en terreno con el uniforme y las insignias oficiales de Israel bien visibles.
Y la respuesta de la gente no fue rechazo: fue abrazo. Codo a codo con los socorristas locales, hicieron amigos entre las ruinas, recibieron el agradecimiento de las autoridades colombianas. “Al final, aprendimos nosotros más de ellos que lo que fuimos a enseñarles”, confesó y se le notó la emoción al decirlo.
SALVANDO A LA MÚSICA
Hay un episodio que resume todo lo que significa reconstruir una comunidad. Mientras revisaban un hotel colapsado en Cali para evaluar si era seguro entrar, encontraron una serie de bultos bajo los escombros.
Eran los instrumentos musicales artesanales de una delegación de 80 chicos y jóvenes que habían viajado sin sus padres para el Festival Petronio Álvarez y que tuvieron que huir aterrorizados cuando empezó el temblor.Ilil es madre de dos hijas que tocan instrumentos –contrabajo y violín–, así que sintió esa escena de manera muy personal.
El equipo no dudó: montaron una operación de excavación que ya no buscaba víctimas, sino que buscaba tambores, buscaba instrumentos. Devolverles esos instrumentos a esos chicos no fue solo recuperar objetos.
Fue devolverles la voz, el arte, la esperanza a una comunidad que necesitaba volver a levantarse.Israel atraviesa hoy sus propios dilemas y conflictos internos. Y, sin embargo, la mayor (res.) Comay-Dror dejó una frase de su esposo que guardo con mucho respeto: “Cuando das, te sentís mejor”.
Su testimonio me convenció de algo: cuando la tragedia golpea, la diplomacia más pura no se firma en un despacho ni se discute en redes sociales. Se construye con las manos, en el barro, sirviendo a los demás.

