• Toni Roberto
  • tonirobertogodoy@gmail.com

Toni nos deleita hoy con la evocación nostálgica de anécdotas urbanas insólitas sobre diplomáticos de países ficticios o extravagantes en Asunción, entrelazada con el proceso creativo y el recuerdo de figuras clave de la cultura y el periodismo paraguayo.

“¡¿Qué inventamos para el próximo domingo?!” Es la pregunta que siempre nos hacíamos con Bea Bosio; después, Marycruz Najle nos escribía en su tonito cordobés: “¿Chicos, ya tienen su material?”.

Así me siento hoy: ¿que escribo para el domingo? Así salió el salvavidas: “Mbyky de barrio” (Primera parte), que en varias ocasiones quería repetir, pero que solamente publiqué una vez en estos más de 7 años y medio de Cuadernos de Barrio.

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CANCILLER, ESA REPÚBLICA NO EXISTE

Pero, hace rato quiero recordar una historia casi fantástica, cuando algunos vecinos fuimos invitados para la acreditación del cónsul honorario de Seborga, un ciudadano francés, a la sazón, novio de una amiga asuncena de juventud.

odo esto me vino a la cabeza cuando veo en los medios argentinos que hablaban de un personaje de un barrio encumbrado de Buenos Aires que decidió inventar la Embajada de Transilvania, luego se separa de su esposa y se muda en el mismo aristocrático barrio e iza la bandera del consulado del Cyber espacio.

Finalmente se establece en su nueva mansión y pone un cartel que dice: Principado de Escandinavia.

El ciudadano galo llegado al Paraguay, alquiló una casa en el residencial barrio Manorá de Asunción de finales de los años 90 y colocó un cartel en el portón donde rezaba: Consulado de Seborga. Llegó el día de la oficialización del diplomático, estaba todo preparado en el Palacio Benigno López, en sus primeros años después de su restauración, y unas horas antes el secretario le dice al ministro: “Canciller, esa república no existe”.

Ida de los Ríos. Asunción, 2017

EL BELLO CÓNSUL

Por supuesto que esto también me recordó al Bello Cónsul de principio de los años 80, que vivía en un coqueto chalet sobre la avenida España entre Washington y Padre Pucheau, en el tradicional barrio Las Mercedes. Ahí uno podía ver el escudo, la bandera flameando y, por su puesto, su descapotable en la cochera.

Todas estas historias mbyky van sumando como en un saltimbanqui, a mi estilo, de un tema a otro, en un domingo “destemado” como si estuviese escribiendo en el corredor de Josefina Plá, rodeado de los gatos, una casa chorizo de Asunción, tan bien descritas por Ida de los Ríos, tanto en sus textos como en sus acuarelas.

Aquellos espacios abiertos de esas piezas colocadas una tras otra como si fueran cuentas de rosario.

Así, después de mucho tiempo escribo este mbyky segunda parte, “destemado”, entre el consulado de un país que no existe, el legendario Bello Cónsul, todo desde el corredor imaginario de Josefina Plá de la calle Brasil. Desde ahí me despido hasta el próximo domingo.

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