• Jorge Zárate
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  • Fotos: Óscar Rodríguez Scelza

“El ecoturismo últimamente está teniendo un crecimiento importante en Paraguay”, dice Óscar Rodríguez Scelza, guía profesional de observación de aves y organizador de safaris fotográficos destacando especialmente el potencial del avistamiento de esta particular especie. “Entonces es enorme la importancia que tiene desarrollar esto como política país en cuanto a una oportunidad de negocios y de educación ambiental”, pide.

El especialista en ecoturismo considera que hay “un nicho de paraguayos y personas de otras nacionalidades que viven en Paraguay que se van sumando a la actividad y es algo realmente bueno y estratégico para el desarrollo del turismo”, apunta respaldado en sus 23 años de experiencia en la materia.

Con puntos de observación como Chaco Lodge, Laguna Capitán, Campo María y Campo León y reservas privadas cercanas a Filadelfia, como Aurora Chaqueña, Flor del Chaco e Iparoma; Fortín Toledo; el Parque Nacional Teniente Enciso y el Parque Nacional Médanos del Chaco la oferta es más que buena.

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Para hacer crecer las visitas, entiende que “lo fundamental en la industria turística es desarrollar una cadena de servicio y de consumo propia, es decir, interna. Y ni qué decir del público externo que vamos sumando y que esperamos crezca luego de la 15.ª Feria de Aves de Sudamérica del 17 al 20 de setiembre próximo”.

Rodríguez Scelza apunta que “será la primera vez que Paraguay va a estar en la vidriera internacional y va a formar parte del mapa mundial de destino de observación de aves dentro de lo que es esta industria”.

VISIBILIDAD

La feria reunirá a observadores, especialistas, investigadores, fotógrafos, operadores turísticos y conservacionistas de distintos países, “posicionando al aviturismo como una oportunidad concreta para la conservación, el turismo de naturaleza y el desarrollo de las comunidades”, apunta.

Cuenta que, de las 11.000 aves registradas en el mundo, Sudamérica tiene unas 3.400, “lo que la convierte en el continente de las aves. Por eso es tan importante que los países americanos nos empoderemos de este valor por dos razones, por la enorme oportunidad económica que tiene el desarrollo del turismo de naturaleza y también para que tomemos conciencia y conservemos a estas especies”.

“Las aves son bioindicadores por excelencia, lo que significa que cuando las especies están, nos indican que tenemos un ecosistema viable y saludable. Cuando las especies empiezan a desaparecer, significa que empezamos a tener problemas en esos ecosistemas y, por ende, todo empieza a tener algún tipo de colapso porque cuando falta un miembro la cadena de la vida se debilita”.

–La magnitud de las concentraciones puede ser considerable, ya que se habla de contingentes de miles. ¿Qué época es la recomendada para ver los flamencos?

–Las concentraciones pueden ser sin dudas considerables. Hubo conteos en algunas ocasiones de más de 5.300 individuos. Se alimentan de un pequeño crustáceo que justamente es el que le da esa pigmentación de color rosáceo que adquieren los flamencos y otras especies también como la espátula rosada, que pigmentan esas plumas muy especialmente de rosado. Cuanto más cardúmenes de este crustáceo hay, mayor es la alimentación y, por ende, más intenso es el rosado que vemos en el plumaje de estas dos especies que mencioné. Desde fines de mayo se empieza a intensificar la llegada de los flamencos y están presentes hasta fines del mes de noviembre e inclusive primeras semanas de diciembre, pero eso en gran medida depende de las condiciones de temperatura del agua. El régimen de lluvia hace variar esta situación, pero es en ese rango de tiempo que se los avista.

–Estas aves tienen una plasticidad especial. ¿En cuánto atraen a los observadores de aves su presencia?

–Sí, el Phoenicopterus chilensis, que es una especie exclusiva de Sudamérica, es una de las especies target para no solamente observadores que vienen de Europa, Estados Unidos, donde la especie no está presente, o de otros lugares del mundo, sino también el espectáculo de ver esa cantidad impresionante de esta ave tan excepcional impacta en nuestra gente. Es un ave grande, que tiene casi un metro de altura y que cuando abre sus alas alcanza 1,30 m de envergadura, es excepcional y atrae también al público local que admira la naturaleza, no solamente para los observadores de aves (birdwatchers) específicamente, sino al público naturalista que quiere disfrutar de un espectáculo como ese, que es imperdible.

PRECAUCIÓN Y DISTANCIA

–Y existe una buena posibilidad de fotografiarlos...

–¡Claro…! En el Chaco Central son enormes por ese número. Uno puede encontrar pequeños grupos de cinco individuos adultos y juveniles. Los juveniles son más de color grisáceo con detalles negros y blancos y los adultos tienen un color rosado espectacular y se pueden encontrar y verlos de forma relativamente cercana porque ellos son muy temerosos y cuando uno se acerca vuelan. Entonces, mi recomendación es no acercarse mucho y disfrutarlo desde lejos. A veces te sobrevuelan y te permiten hacerles fotos volando, pero en general están muy quietos en el agua comiendo. Entonces, uno puede hacerles fotos a diferentes horas del día con diferentes luces, las oportunidades fotográficas de esta especie en el Chaco son excelentes. También teniendo en cuenta el hecho de que son aves migratorias que hacen un vuelo excepcional y, por ende, consumen muchísima energía en estas migraciones y espantarlos o hacerlos volar es para ellos un gasto energético extra. Ellos llegan a Paraguay extremadamente extenuados, cansados. Entonces, hay que ser respetuosos también, especialmente los fotógrafos, que suelen querer acercarse mucho. Hay que mantener una distancia prudente para no hacerlos volar y respetar este ciclo energético.

–¿Cómo ves el fenómeno del turismo de los observadores de aves y la fotografía en el país?

–Yo me dedico al turismo de observación de la vida silvestre hace 25 años. Somos pioneros en esto, inclusive a nivel de Sudamérica, y cómo ha crecido esto es impresionante, muy especialmente a posteriori de lo que fue la pandemia del coronavirus, cuando el público en general y los fotógrafos se volcaron mucho más al turismo de naturaleza que a otros segmentos. Hubo una valoración de este recurso que siempre lo tuvimos a mano los paraguayos que vivimos en un paraíso sin darnos cuenta. Cada vez más gente busca la observación de aves por la belleza y también por una cuestión de salud, porque la ciencia destaca todos los beneficios que tiene la observación de la naturaleza en general y de aves en particular.

–¿Es demasiado costoso emprender la actividad?

–La fotografía digital permitió abaratar muchísimo los costos para que hoy en día casi todas las personas que gustan de la naturaleza puedan adquirir a un precio razonable un equipo puente o “bridge”, como le llaman a las cámaras semiprofesionales con un zoom impresionante que graban a una calidad excepcional. El público naturalista en un 99 % podríamos decir que vienen con sus cámaras fotográficas.

UN LUGAR IDEAL

–¿Qué destacás del Chaco para el avistamiento y registro de aves?

–Es un lugar excepcional para observar aves. De las 726 especies que tenemos registradas en el Paraguay, muchas son migratorias. En el Chaco se registraron más de 500 y en la región Oriental aún más, pero es importante indicar que el Chaco conserva todavía más del 40 % de su naturaleza original. Entonces, es un lugar prístino, en el que se encuentran todavía muchísimos lugares en estado natural. Su ecología en sí ayuda porque los bosques son más bajos, achaparrados y hay muchos pastizales abiertos donde es más fácil observar aves que en un bosque cerrado, lo que lo convierte en un paraíso para la observación de aves. Tiene tres ecosistemas principales, el Pantanal en el Alto Paraguay, el Chaco seco, en la zona de Boquerón y al norte del departamento de Presidente Hayes, y el Chaco húmedo, que está fundamentalmente en el departamento de Presidente Hayes y la parte sur de Alto Paraguay. Entonces, las aves se encuentran generalmente por ecosistemas.

–¿Qué lugares recomendarías?

–El Chaco Central es maravilloso porque hay una infraestructura hotelera importante y ahí muy cerca hay también reservas naturales públicas y privadas que se pueden utilizar para observar aves. Algunas privadas como las de las cooperativas en la zona y las lagunas Saladas y las públicas del Parque Nacional Teniente Enciso; el Parque Nacional Defensores del Chaco, el Parque Nacional Médanos del Chaco, que es un tesoro que necesitamos conservar.

SOBRE EL ESPECIALISTA

Óscar Rodríguez Scelza es el referente principal de Paraguay Birding and Nature y se ocupa desde hace 23 años del Departamento de Turismo de Naturaleza en Desarrollo Turístico Paraguayo SA, “primer mayorista en desarrollar la especialidad profesional en el país”.

Óscar Rodríguez Scelza es el referente principal de Paraguay Birding and Nature

Es educador ambiental, profesor titular de cátedra de Turismo de Naturaleza, Guiado e Historia y Geografía aplicada al Turismo en la carrera de Turismo de la Universidad Americana de Asunción.

Ha realizado innumerables especializaciones, cursos y estudios académicos a nivel nacional e internacional de turismo de naturaleza, ecosistemas, aves y fauna del neotrópico y la educación ambiental.

Fotógrafo de naturaleza e investigador independiente, “ha colaborado con la redacción de más de 25 manuscritos científicos que han ayudado al mayor conocimiento de la biodiversidad en general y las aves en particular del corazón de Sudamérica”. Miembro del Comité Internacional de la Feria de Aves de Sudamérica representando a Paraguay desde 2018.

FOTOS Y UTOPÍAS

A la hora de contar lo que sintió fotografiando los flamencos rosados, el fotógrafo Luis Vera recuerda la explicación de la utopía que hizo el cineasta Fernando Birri, que relató con precisión Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos más. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine nunca la voy a alcanzar. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para eso: para caminar”.

Algo así le ocurrió en el Chaco al tomar imágenes de los flamencos: “Es lo que pasa con la bandada en la salada laguna. Ves cientos de flamencos y tratás de acercarte. Es un juego, una danza, donde cada paso que das para acercarte, se mueven en distancia contraria al mismo paso. Fue un maravilloso encuentro. No soy experto en fotografía de aves ni tengo el equipo adecuado ni el tiempo necesario. Pero varias veces visité el Chaco solamente para ver a los flamencos rosados. Mi teleobjetivo de 400 mm es corto para eso y el tiempo que le dedico también. Pero vale el paseo con amistades profundas y flamencos escurridizos”, apunta.

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