Referente de las Ligas Agrarias Cristianas, luchador social siempre, fue también un gran poeta de la lengua guaraní. Fallecido en la semana, este sabio cultivó y profundizó como pocos el estudio de la lengua nativa dejando una obra invaluable, de gran espiritualidad y sencillez. Aquí parte de su recorrido vital en la despedida agradecida de quienes aprendieron a su lado.
- Por Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos Gentileza
El “ayvu”, que es palabra y alma, lo ocupó principalmente. La suya y la de su pueblo, según destacan en su despedida personalidades, organizaciones, entidades, la comunidad en general.
Fallecido a los 85 años, Gregorio Gómez Centurión en sus últimos tiempos difundía su poesía en las redes sociales. Allí se pueden hallar verdaderas perlas de su ñe’ê poty e investigación fecunda.
Como en “Tetaguâ pyambu”, donde se pregunta dónde estaría ubicada el alma. Relaciona entonces una serie de palabras con origen troncal: Akã (cabeza), apysa (oído), apyngua (nariz), apytu’ũ (cerebro), ahy’o (garganta), a (el recóndito, entre la nariz, garganta y oídos) y desde allí razona que “posiblemente el guaraní ubica el alma en la cabeza”.
Reflexiones de esta profundidad lo ocuparon tanto como su actuar comunitario. Dijo el Grupo Sunu de Acción Intercultural: “Despedimos a un compañero que hizo de su vida un puente entre pueblos, saberes, lenguas y luchas. Fue un puente vital con referentes del pueblo paĩ tavyterã. Caminó junto a sus comunidades, recorrió senderos, montes y fuertes rocosos de la cordillera del Amambay y se acercó a sus saberes con respeto y escucha”.
Coincidió Tierraviva: “Despedimos con profundo pesar a un compañero de la causa de los pueblos indígenas, antropólogo popular, poeta, estudioso y sabio. Don Gregorio fue coordinador del equipo de trabajo y luego miembro de la asamblea”, de esa organización. “Karai guasu, katupyry, mborayhu guive ome’ê va’ekue hembiapo luchas campesinas ha upéicha avei luchas indígenas oî hápe”, señaló.
El comunicador Rubén Ayala Vera sintetizó: “Se nos va un poeta de la palabra guaraní, un escritor punzante y comprometido, un educador popular, un luchador social, un antropólogo experiencial; defensor inclaudicable de la lengua y cultura indígena. Un hombre que hizo de las Ligas Agrarias y las luchas campesinas su razón de vida”, expuso.
ACTUAR COOPERATIVO
La Mesa Memoria Histórica manifestó “profunda congoja” ante la partida de Gómez Centurión y lo recordó como partícipe de “una destacada iniciativa como la de formar una colonia que funcionaba en forma de cooperativa, con un espíritu solidario, de labrar la tierra y compartir los productos entre todos los miembros. Fue impulsor también de las Escuelitas Campesinas, que planteaban una educación crítica con valores cristianos”.
Recordó entonces la experiencia de la colonia San Isidro Labrador, establecida en la zona de Jejuí, que “desarrolló de manera exitosa ese modo de producción, buscando una alternativa pacífica para los campesinos sin tierra. Y contando con el apoyo del Obispado de Concepción, que designó al padre Braulio Maciel para el acompañamiento integral a dicha comunidad de base”. Lo difícil de ese paso también aparece en la reseña en la que se explica que “este proyecto fue brutalmente interrumpido por el régimen stronista con el atraco a la comunidad en 1975, destruyendo ese modelo de vida. Gregorio Gómez como sus compañeros y compañeras sufrieron prisión y tortura hasta finales de dicho año”.
El giro final de la historia tiene también su épica: “Tras la caída de la dictadura los sobrevivientes de Jejuí emprendieron una acción judicial para recuperar sus tierras, que estaban pagadas íntegramente a sus propietarios y que habían sido usurpadas. Años después lograron recuperar y titular dichas tierras para ponerlas a disposición de las familias campesinas”, recordó.
LENGUA VIVA
La Secretaría Nacional de Cultura (SNC) apuntó: “Dedicó su vida al estudio y la difusión de la cultura guaraní y paraguaya, trabajando junto a antropólogos, etnólogos y lingüistas (…). Hizo de la palabra, especialmente de la poesía en guaraní, una herramienta de expresión y resistencia”.
A su turno, la Secretaría de Políticas Lingüísticas despidió a “un referente cuyo compromiso y trayectoria constituyen un valioso aporte a la preservación, promoción y fortalecimiento de nuestras lenguas”. La Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP), tras expresar su profundo pesar, apuntó que “queda entre nosotros el testimonio de su poderosa literatura en lengua guaraní y la luz de una sabiduría cultivada a lo largo de toda una vida. Gregorio Gómez Centurión hizo de la palabra un camino para enseñar, crear y construir”.
La escritora Susy Delgado recordó: “Uno de los poetas más destacados en la literatura de lengua guaraní ha partido, dejando un importante legado. Rescatamos aquí el poema más emblemático de su obra, que concentra el valor de su palabra”, invitando a leer “Ñe’ê”.
TEXTOS QUE INVITAN
En la vasta obra de Gregorio Gómez Centurión, destacan sus relatos autobiográficos. Define Oleg Vysokolán: “Ese es su leguaje, su estilo, el resplandor de su relato: el de un niño de 85 años que juega con las palabras como si estuviera jugando con pandorgas o a las escondidas, sin otra pretensión que el simple hecho de jugar”.
Vysokolán difundió en redes el escrito “El niño que juega con las palabras”, en el que repasa vida y obra del poeta. Recomienda allí dos perlas de su poesía social: “Comentario íntimo”, un logrado autorretrato del dictador Stroessner, y “Mávapa ha’e ñande / quiénes somos cada quien”, que relata el crimen forestal de Lino Oviedo en territorio de los paî tavyterâ.
Para acercarse a su experiencia vital e intelectual entre los paî, pide acercarse a “Tetãguã pyambu”, donde reflexiona: “Una vez que los paî le permiten adentrarse poco a poco a las entrañas llameantes del lenguaje de los guaraní, es el precepto que rige el uso de la lengua”. “La verdadera palabra es la hablada y la representación de la palabra a través de los signos que no representan a la hablada, carecen de valor, no tienen sentido; ella nace muerta desde el nacimiento. No tiene vida, es desalmada; no es ñe’ê”.

