Este domingo, Toni Roberto se interroga sobre la existencia del ser asunceno y evoca la Asunción de antaño con sus patios, arroyos y el espíritu de vecindario.

“Me gusta la acuarela porque cuando corre va para donde se le antoja”, decía la gran maestra doña Edith Jimé­nez en sus clases del viejo Centro de Estudios Brasi­leños allá a mediados de los 80. Parafraseando, puedo decir me gusta charlar con Teresa Pozzoli y Pedro Gamarra Doldán porque se vuelve como una acuarela del pasado, van y vienen, como cuando el rojo se mezcla con el verde, el azul con el amari­llo, de esa misma manera van pasando los diálogos.

¿EXISTE UN SER ASUNCENO?

A veces advierto que el prin­cipio puede empezar por el final y ahí me pregunto, si esta ciudad, madre de ciuda­des, que empezó siguiendo el curso de sus poéticas aguas de arroyos y surgentes, que después cambió con el cua­driculado del Dr. Francia, tiene identidad. ¿Existe un ser asunceno? Y la res­puesta de Gamarra Doldán fue tajante, contundente y corta: “Existió”. Acto seguido, un silencio de los dos y unas poéticas palabras de Tere, aquella niña tere­siana, habitante del barrio Gral. Díaz de la zona Loma Tarumá.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

Dejamos de ser gente que disfruta sus lugares, sus casas, sus barrios, sus patios, sus arroyos, y ade­más perdimos el espíritu del vecindario, difícil de resca­tar con la vida loca de hoy, el progreso nos aleja de la humanidad, van comple­tando la idea entre los dos.

“Asunción desde una altura”. Esperanza Gill. As. c. 1980

PICO GEOGRÁFICO DE ASUNCIÓN

La posición de Loma Tarumá en la geografía de Asun­ción fue la atalaya de otras épocas o pico geográfico, que se puede constatar en los archivos del Instituto Geográfico Militar y desde donde piensa este matrimo­nio de muchas décadas.

Todo está en la memoria de esta pareja que, además de sus vidas, unieron sus barrios. Teresa recuerda hasta los antiguos deli­very asuncenos, como el franchute, el repartidor de leche en la camioneta Peu­geot en los años 60 o a las mercaderas que venían del sur rumbo al Mercado 1. Por su parte, Gamarra Doldán cita a las familias de la zona de La Encarnación como los Manzoni Vierci, las Codas Duarte Sánchez, hasta las travesuras de los Bibolini Quaranta. Todas aquellas historias están registra­das en las páginas de estas memorias de barrio de estos cuadernos de otras épocas.

LA ACUARELA QUE FLUYE

En este recorrer y correr como en una acuarela que fluye y va para todos lados, Pedro recuerda al señor Tombeur, importante hom­bre de las finanzas para­guayas de principios del siglo XX, y a monseñor Aní­bal Mena Porta, del que está investigando su veta artís­tica como pintor, acudiendo también a la memoria de sus sobrinas.

Así como los tarumás florecen en octubre, hoy en esta Asun­ción de agosto de lapachos en flor, desde la loma, renueva su amor el matrimonio Gamarra Pozzoli, acompañados de unas vistas desde unas alturas de otros tiempos y tal vez el piano de alguna de las jovencitas de la época tocando alguna pieza de Chopin o un “Asunción” de Federico Riera.

Déjanos tus comentarios en Voiz