Este domingo, Toni Roberto se interroga sobre la existencia del ser asunceno y evoca la Asunción de antaño con sus patios, arroyos y el espíritu de vecindario.
- Por Toni Roberto
- tonirobertogodoy@gmail.com
“Me gusta la acuarela porque cuando corre va para donde se le antoja”, decía la gran maestra doña Edith Jiménez en sus clases del viejo Centro de Estudios Brasileños allá a mediados de los 80. Parafraseando, puedo decir me gusta charlar con Teresa Pozzoli y Pedro Gamarra Doldán porque se vuelve como una acuarela del pasado, van y vienen, como cuando el rojo se mezcla con el verde, el azul con el amarillo, de esa misma manera van pasando los diálogos.
¿EXISTE UN SER ASUNCENO?
A veces advierto que el principio puede empezar por el final y ahí me pregunto, si esta ciudad, madre de ciudades, que empezó siguiendo el curso de sus poéticas aguas de arroyos y surgentes, que después cambió con el cuadriculado del Dr. Francia, tiene identidad. ¿Existe un ser asunceno? Y la respuesta de Gamarra Doldán fue tajante, contundente y corta: “Existió”. Acto seguido, un silencio de los dos y unas poéticas palabras de Tere, aquella niña teresiana, habitante del barrio Gral. Díaz de la zona Loma Tarumá.
Dejamos de ser gente que disfruta sus lugares, sus casas, sus barrios, sus patios, sus arroyos, y además perdimos el espíritu del vecindario, difícil de rescatar con la vida loca de hoy, el progreso nos aleja de la humanidad, van completando la idea entre los dos.
PICO GEOGRÁFICO DE ASUNCIÓN
La posición de Loma Tarumá en la geografía de Asunción fue la atalaya de otras épocas o pico geográfico, que se puede constatar en los archivos del Instituto Geográfico Militar y desde donde piensa este matrimonio de muchas décadas.
Todo está en la memoria de esta pareja que, además de sus vidas, unieron sus barrios. Teresa recuerda hasta los antiguos delivery asuncenos, como el franchute, el repartidor de leche en la camioneta Peugeot en los años 60 o a las mercaderas que venían del sur rumbo al Mercado 1. Por su parte, Gamarra Doldán cita a las familias de la zona de La Encarnación como los Manzoni Vierci, las Codas Duarte Sánchez, hasta las travesuras de los Bibolini Quaranta. Todas aquellas historias están registradas en las páginas de estas memorias de barrio de estos cuadernos de otras épocas.
LA ACUARELA QUE FLUYE
En este recorrer y correr como en una acuarela que fluye y va para todos lados, Pedro recuerda al señor Tombeur, importante hombre de las finanzas paraguayas de principios del siglo XX, y a monseñor Aníbal Mena Porta, del que está investigando su veta artística como pintor, acudiendo también a la memoria de sus sobrinas.
Así como los tarumás florecen en octubre, hoy en esta Asunción de agosto de lapachos en flor, desde la loma, renueva su amor el matrimonio Gamarra Pozzoli, acompañados de unas vistas desde unas alturas de otros tiempos y tal vez el piano de alguna de las jovencitas de la época tocando alguna pieza de Chopin o un “Asunción” de Federico Riera.

