En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos visita al joven prodigio de la pastelería paraguaya Benjamín Almada, quien con apenas 13 años se está destacando en exigentes competencias internacionales llevando sabores dulces a los más finos paladares del mundo.
- Fotos Emilio Bazán
–Hoy en nuestro programa la noticia no es justamente el postre de la repostería, sino la persona que está detrás de esta historia. Benja, ¿cómo estás?
–Muy bien, emocionado de estar acá con usted, con todo el equipo. Es increíble estar con usted, mostrarle mi talento y por sobre todo contarle mi historia.
–¿Cómo empezó esta historia para convertir el alimento en tu vida?
–Yo empecé con mi abuelo, que es pizzero. Yo estaba entre la harina, el aceite, jugábamos, él me enseñaba y un día le dije a mi mamá “me gusta la cocina, quiero cocinar”. Entonces, ella me enseña, empecé con las premezclas, los bizcochuelos, que le ponés un poco de leche y huevos. Luego mi mamá me dijo “¿querés estudiar?”. “Sí, quiero estudiar” y me fui inclinando hacia lo dulce.
–¿A qué edad dijiste “me gusta el negocio del abuelo”?
–Desde aproximadamente los cinco años me empezó a gustar eso y me contaba también mi abuelo que su hermana era repostera y dice que de por ahí puede haber caído la herencia.
–Es muy interesante porque en todos los casos casi tiene que ver mucho la familia en el tema de la cocina. Contame después qué pasó. ¿Fuiste a la escuela?
–Sí, comencé con la escuela. Cuando eso tenía seis años más o menos cuando ya entré. Todavía no sabía hacer mucho, pero venía después y practicaba.
EL DESCUBRIMIENTO DE LO DULCE
–¿Y en tu escuela regular qué hacías?
–Cuando eso yo estaba en un colegio en Asunción. Me levantaba temprano a las cinco de la mañana y siempre vivíamos aquí en Capiatá y me parece que los fines de semana yo estudiaba. Pero se enfocaba en platos salados. Algunas veces hacían cosas dulces como tartas con frutilla, muy frutales eran todos los sabores cuando eso y me empezó a gustar. Estaba cocinando canelones, fue mi primera receta canelones de verdura y dije “voy a probar lo dulce”. Hice una tarta y me gustó más lo dulce hacer porque la pastelería es muy exacta. No te podés equivocar un gramo. Por eso se utilizan balanzas de precisión. En lo salado te decían “un puño de esto, un puñado de esto”. En lo dulce se utilizan gramos, doscientos gramos de tal cosa, doscientos gramos de harina. Entonces, todo tiene que ser exacto.
–Aparte de la tarea más profesional, ¿qué es lo que te gusta más de la cocina?
–Hacerlo con amor. Mi mamá hacía antes para la merienda la premezcla del bizcochuelo y yo empecé con la batidora. Hacíamos los bizcochuelos y mi mamá me ponía el banquito para que yo bata y a mí me encantaba eso. Poníamos en el horno y decía “guau, qué linda es la pastelería, qué lindo es cocinar, que la familia se reúna en una mesa para compartir, hablen y que esa comida sea lo que les una a ellos.
–¿Qué podés preparar hoy para nosotros?
–Voy a preparar algo que es la base de la pastelería, un bizcochuelo.
–Es como muy frustrante empezar a hacer bizcochos y que te salga mal supongo, ¿no?
–Sí, las primeras veces que yo hacía sacaba el bizcocho muy cada rato. Entonces, elbizcocho no podía crecer y se quedaba como una masa aplastada. Mis profesores me decían “tenés que dejar un tiempo y cuando ves que ya está bien hinchado, ahí le puedes sacar y probarle”. Yo uso un palillo, algunos usan cuchillo, pero es muy grande la abertura que le deja el bizcocho. Entonces yo uso un palillo. Cuando vemos que ya sale limpio, ya está. Algunos profesores, ya estoy intentando aprender también, le tocan nomás al bizcocho y ya saben que ya está.
FORMACIÓN INICIAL
–Mientras tanto comentame cómo empezaste con la escuela de gastronomía.
–Yo hice dos capacitaciones de seis meses. Entonces un año y dos meses duró. Luego yo me quería ir en las capacitaciones donde van los chefs y me dijeron no por la edad. Entonces, para no enfriarme, fui haciendo cursos en varios lados, hacía con una profesora en San Lorenzo, luego ahí estudié cómo hacer las tortas, las cremas, la basetto. Hacía las masas dulces, estudié mi último curso con la profesora de Fondant. Hasta ahora estoy practicando porque a mí me costaba mucho cuando eso porque era una masa muy pesada. Entonces le decía a papá “vení a ayudarme”, a veces se rompía.
–¿Hasta ahora no pudiste entrar a la escuela de chefs?
–No, tengo que tener mínimo el noveno terminado y quince años de edad.
–Que se pongan las pilas, es un niño prodigio.
–Intento no enfriarme e intento ir cada rato haciendo cursos y hasta intentar alcanzar un nivel alto de la pastelería porque la pastelería siempre va evolucionando, siempre hay nuevos postres. A veces se quedan también las recetas de antes, las recetas cómo hacían las personas e ir evolucionando y crear nuevas cosas, nuevos sabores.
–¿Ya estás con un emprendimiento de hacer lo que se llama comúnmente las cosas dulces?
–Sí, hago tartas, pasteles, bizcochuelos, de todo hago. Pueden entrar en mi Instagram y van a ver todo. Se llama benja.pastelería13, ahí me pueden seguir y alzo todos mis pedidos y ya tengo una clientela formada. Hay un grupo de madres en mi colegio que sí o sí me compran para el cumpleaños de sus hijos, de sus hijas. Una anécdota también te voy a contar cuando mi papá le conoció a un señor en la iglesia. Su hija era mi compañera y él pensó seriamente en denunciarle a mis padres porque le estaban explotando a sus hijos. Así decían hasta que el señor un día me dijo “Benja, ¿vos estás bien en tu casa? Y yo le dije “sí, todo esto es voluntad mía y mi pasión”.
–Después vas a tener desafíos mucho más grandes en esta materia también seguramente, ¿no?
–De hecho ahora también me está costando sobrellevar las cosas porque yo estudio música, también inglés y el colegio. Ejecuto el piano, también estudio inglés que me está sirviendo muchísimo porque vienen chefs internacionales a dar cursos y entonces de la única manera que me comunico con ellos es en inglés.
ALGUNOS TIPS
–¿Cuáles son los errores más frecuentes que se cometen en la preparación?
–No mezclar bien. Hay que hacer movimientos envolventes porque o si no se quedan grumos de harina y obviamente ya es tóxico consumir así. De hecho en la primera vez que hice me pasó eso y de la nada mi mamá estaba comiendo y ya lleno de harina. También no batir bien, que no doble bien su volumen, que no quede en la consistencia al punto letra.
–¿Cuál de todos esos productos posibles de tu cocina es el más complicado de hacer?
–El más complicado de hacer yo te diría las tortas con fondant. A mí me cuesta muchísimo porque para que el fondant quede bien no se puede poner abajo de la torta crema. Tenés que con una ganache de chocolate, que es como crema de leche con chocolate. Entonces eso le va pasando alrededor de la torta hasta que se quede durito para que aguante el peso del fondant porque el fondant es una masa muy pesada. Y tiene que ver también mucho la temperatura y por eso se usa en el termómetro.
–¿Cuál es la mayor satisfacción que sentís con esto?
–Lo más satisfactorio yo creo que es la cara del cliente recibiendo su pedido alegre o degustando y que te diga “esto está riquísimo”.
–¿Cuánto tiene que ver la belleza y la buena mano en todo esto? ¿Que sea lindo, que sea artístico?
–Tiene que ver demasiado la presentación, el cómo siempre está en el marketing y cómo tu clientela sabe de qué manera vos hacés, que te estás lavando las manos, si tu cocina está limpia, con qué insumos hacés. Porque yo vi algunos casos que en la base de una torta se le pone dulce de leche para que se quede pegada y había gente que le ponía mucho dulce de leche que tenía más peso. Entonces la tortita era más chica y llegaba al peso porque tenía más azúcar.
PROYECCIÓN INTERNACIONAL
–¿Cómo fue la historia en Estados Unidos?
–Empezó hace tres años. Yo estaba buscando hacer cursos. Mi mamá encuentra un curso que era chocolate week. En ese tiempo vino un chef chocolatero de Brasil de los mejores que se llama Casio Ceballos. Mi mamá le pregunta a la que está organizando el evento “puede mi hijo irse al evento a ver, a aprender” y le dice “solo si tiene experiencia”. Yo tenía nueve años cuando eso y ya tenía un emprendimiento de un año. Entonces le manda las fotos de los trabajitos de su hijo y quince minutos después le responde “traele cinco horas antes. Los chefs quieren verle, están superemocionados, no pueden creer”. Ese día me fui, les conocí a los chefs, los mundialistas eran los que organizaban eso para la primera participación de Paraguay en el mundial de pastelería.
–¿Y qué se hace ahí?
–A nivel continental todos los países que quieren participar tienen una competencia a nivel continental y tres de ellos se van al mundial y el primer lugar que estuvo tiene un plus de irse otra vez a la competencia el siguiente año si hizo bien el trabajo. Entonces para esa competencia a nivel continental se estaban preparando primero y yo me voy a verles. Yo les dije que eran mi sueño, una inspiración para mí.
–¿Te pidieron que hagas algo?
–Primero estaba mirando y observando cómo ellos hacían y la head chef del equipo me menciona en medio de la preparación y dice “queremos abrir la brecha para futuras generaciones. Hoy tenemos un niño acá, que es Benjamín, que tiene nueve años, pero sabemos que va a ser la brecha para las siguientes generaciones”. El semillero del equipo, me dicen. Entonces quedamos en ese contacto, yo me iba a cada uno de sus cursos porque ellos hacían cursos para recaudar fondos para la competencia. La competencia lleva insumos, que algunos no hay en Paraguay como la isomalta, se hace una escultura de caramelo y se usa isomalta más o menos son cinco kilos por blanco. Blanco es cuando practicamos a nivel como hacen la competencia. También se usa chocolate para una escultura que pesa seis, ocho kilos. Y quedamos en ese contacto y me iba acá a uno de esos cursos que ellos hicieron para recaudar fondos. Un día la chef Chiara otra vez empatizando dice “Benja, vení”. Me pone el delantal y ese primer día entro como bachero, empecé a bachear ahí ya estaba en medio de la cocina y ya estaba en el blanco y yo bacheando.
–¿Y cómo fue lo del viaje?
–Hasta que le dicen a la head chef “qué posibilidad hay de que Benja entre al equipo”. Y hay que ver porque él es un niño y eso. Entonces le habla y le manda un correo a la organizadora del evento. Entonces se acepta, había que firmar todo un papeleo. Me aceptaron y yo entro al equipo. Cuando eso estaban un poco inseguros de mí porque decían se puede quemar, es un niño. No sabemos si va a venir a jugar, a hacer berrinche. Nosotros éramos los que hacíamos las recetas, las que se podían llevar hechas, pesábamos. Todo tenía que ser exacto. Todo lavábamos y limpiábamos el lugar. O sea, nosotros hacíamos la antesala a los chefs que iban a ir y hacíamos todo y cuando eso teníamos dos chicas que estaban con nosotros y tenían ya muchas recetas por hacer y me dice la chef Chiara “vos no querés hacer esto”.
Entonces me enseña, me muestra y desde esa vez me quedé con esa receta. De ahí fui implementando más recetas. Creo que llegué a hacer cuatro recetas y al final de todo ya hacía y antes yo no podía hacer nada porque tenían miedo. Después me decían “Benja, te sale muy bien” y nos contaron una anécdota. Yo hacía el crocante de uno de los postres helados.
Yo hacía la base, entonces ese día presentaron los jurados y me llama la head chef y una de las cosas que más enfatizaron fue el crocante en el postre helado. Me emocioné demasiado cómo ellos ya me empezaron a aceptar, me llevaban a sus cursos, eventos, ya empezaba a salir en las noticias, los noticieros me llamaban el niño pastelero, el niño prodigio, el semillero del equipo de Alma Guaraní.

