El historiador Herib Caballero Campos, en la conferencia “Asunción del Paraguay. De bastión a ciudad”, dada en junio pasado en la Casa de América de Madrid, recordó los principales hechos de su periodo colonial en el marco del ciclo “Historia y ciudades patrimoniales iberoamericanas”, del espacio. Aquí sus consideraciones.

La conmemoración de los 500 años de Asun­ción en 2037 debe ser un momento propicio para com­prender las tensiones, conflic­tos y luchas que implicaron para los asuncenos y asunce­nas convertir un bastión mili­tar en una ciudad, y como sos­tuvo en “Crónica florida del mestizaje de Indias”, Alberto Salas: “De las ciudades espa­ñolas de entonces, tal vez nin­guna como Asunción fue tan acentuadamente mestiza, tan profunda y precozmente ame­ricana, indoamericana si se quiere”.

De ese esfuerzo original y per­manente se ocupó el histo­riador Herib Caballero Cam­pos recordando que “hoy en la capital paraguaya no que­dan vestigios de lo que fue su emplazamiento original, y esa ausencia también explica de alguna forma lo que fue la vida de una ciudad que se originó en una precaria casa fuerte esta­blecida un 15 de agosto de 1537”.

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El historiador Herib Caballero indica que el hecho de que no queden vestigios de lo que fue el emplazamiento original de la ciudad demuestra la precariedad del primer asentamiento

BUSCANDO LA SIERRA DE LA PLATA

La Conquista comenzó en 1534 con las Capitulaciones de Toledo con la idea original de Carlos V y Pedro de Mendoza de llegar a la Sierra de la Plata, en Potosí, en la que hoy es Bolivia.

Entre el 2 y 3 de febrero de 1536 se funda Buenos Aires como una fortificación, cuyo man­tenimiento se hace difícil por ataques indígenas y de anima­les salvajes.

“El tema central era el hambre al punto que llegaron a come­ter antropofagia”, apuntó el historiador. En ese marco, a principios de 1537 había par­tido la primera expedición de Juan de Ayolas, que subió lo que hoy sería territorio boliviano y como pasaban los meses y no tenían noticias se envía a Juan de Salazar a buscarlo.

Cuando llegaron a esta zona, se encontraron con los carios, que se organizaban en peque­ñas naciones, “guaras”, demar­cadas por los ríos y vivían en el territorio de lo que hoy es Asunción. “Había un tekoha, conjunto de aldeas, población bastante numerosa, con gran producción agrícola porque los guaraníes eran neolíticos, no paleolíticos como los que­randíes que rodeaban lo que hoy es Buenos Aires”, señaló Caballero. “Como los guara­níes tenían enfrentamientos con los indígenas chaqueños les ofrecen comida a los españoles si los ayudan a combatir a los guaycurúes”.

LEVE MEJORÍA

Ya fundada la Casa Fuerte el 15 de agosto de 1537 por el capi­tán Juan de Salazar, las cosas mejoran un poco: “Así Bue­nos Aires recibe desde Asun­ción una primera provisión de comida: mandioca, maní, maíz” y de alguna manera sos­tiene la vida de los españoles.

Igual, los ataques indígenas a Buenos Aires continuaban, lo que hizo que un Pedro de Men­doza muy enfermo intente regresar a España, pero muere en el camino.

Ayolas no consigue volver de su expedición y Domingo Martí­nez de Irala toma el mando luego de una disputa con Fran­cisco Ruiz de Galán. Allí decide abandonar Buenos Aires apun­tando que Asunción está más cerca de la Sierra de la Plata, hay alimentos y los indíge­nas no eran hostiles con ellos. Asunción pasa a ser la capital de la gobernación y establece un cabildo que comienza a gober­narlos. Álvar Núñez Cabeza de Vaca llegó a Asunción el 11 de marzo de 1542 como el segundo adelantado y primer goberna­dor de la provincia del Río de la Plata nombrado por la Corona española. “Sus nuevas dispo­siciones chocan con los viejos capitanes que se sienten des­plazados”. Cabeza de Vaca irá a consignar que los poblado­res de Asunción eran “levan­tiscos y revoltosos” y en 1544 estos deciden “deponer al ade­lantado, nombran a una cara­bela como Comuneros y lo mandan preso a España acu­sado de delitos y arbitrarieda­des”. A partir de allí, Asunción queda al mando de Martínez de Irala como teniente goberna­dor y se comienzan a organizar las expediciones hacia la Sie­rra de la Plata. “En 1547 encon­traron el paso, llegan hasta la Sierra, pero los corocotoquis, que eran los indígenas de esa zona del Alto Perú, les saludan en castellano porque ya desde el Perú habían entrado 10 años antes. Fue la peor decepción de sus vidas”, indicó.

La fundación de Asunción se dio de manera casi fortuita en el afán de los exploradores españoles de llegar a la Sierra de la Plata

SEGUNDA ÉPOCA

El grupo que regresa a Asun­ción organiza las encomiendas, que era la asignación de un grupo de indígenas a un espa­ñol, el encomendero, a cambio de la obligación de protegerlos y evangelizarlos en la fe católica, con el derecho de exigirles tri­butos y trabajo forzado.

“Se inicia otra etapa bastante febril donde se llega al punto del enfrentamiento del obispo Fernández de la Torre con el gobernador Felipe de Cáceres, porque el obispo predicaba que se tenía que ir a buscar las minas y el gobernador respon­día que no. Por cada versión de la existencia de minas se podía hacer una expedición… Hasta que el obispo acusa al gober­nador de luterano y lo hace apresar porque consideraba que este no estaba poniendo el esfuerzo necesario para encontrar el oro”. En 1574, Juan López Velasco decía de Asun­ción: “Las casas son de tapia y se hacen fuertes después de secas, cubiertas de unos cana­les hechos de palmas, por tejas, que se hacen tan duras y fuertes que, aunque se podrían hacer tejas las tienen por mejores”.

En 1583, el franciscano Juan de Rivadeneyra escribió una cró­nica, la que da cuenta de 300 encomenderos que viven de sus granjas. También describe los oficios: toneleros, calafates, torneros, herreros y plateros “y todos oficios cordoneros car­pinteros de ribera que hacen navíos arcabuceros”. Ruy Díaz de Guzmán, a comienzos del siglo XVII, escribió la pri­mera crónica general sobre la conquista del Río de la Plata y cuenta de Asunción: “…demás de la fertilidad y buen tempera­mento del cielo, es abundante de caza pesquería y volatería, juntando la Divina Providen­cia en aquella tierra tantas y tan nobles calidades, que muy pocas veces se habrán visto jun­tas en un parte, como las que vemos en este país; y aunque al principio no se hizo el ánimo de fundar ciudad en aquel sitio, el tiempo y la nobleza de sus fun­dadores la perpetuaron. Está fundada sobre el mismo río Paraguay al naciente en tie­rra alta y llana, hermoseada de arboleda, y compuesta de buenos y entendidos cam­pos. Ocupaba antiguamente la población más de una legua de largo y más de una milla de ancho, aunque el día de hoy ha venido a mucha disminución… Es de sano temperamento, aun­que bastante caluroso, por lo que suelen padecerse algunas calenturas y mal de ojos, resul­tas de los vapores y ardentía del sol, aunque se templa mucho con la frescura de aquel gran río caudaloso, abundante de todo género de peces, así grandes como pequeños. Los campos provistos de muchas gamas, ciervos, jabalíes que vulgar­mente llaman puercos monte­ses, y antas casi del tamaño de una vaca, de muy buena carne, tienen ewstas una pequeña trompa, y un cerviguillo alto, que es la más gustosa carne de toda ella, y suelen cogerse en las lagunas y ríos, donde de ordinario viven muchos tigres, onzas, osos, y algunos leopar­dos, pero no muy carnívoros”. Entre tanto, Asunción aparece en el mapamundi de Theodor de Bry de 1591.

MADRE DE CIUDADES

Las crónicas dan cuenta de una población que va envejeciendo porque no hubo una nueva lle­gada de españoles. La habitan “los clérigos, los capitanes, el núcleo de pocos habitantes peninsulares y sus hijos mes­tizos, los mancebos de la tie­rra que tenían con las muje­res”. Caballero recuerda allí la frase de un sacerdote que comparaba a Asunción con el paraíso de Mahoma por la can­tidad de mujeres que tenían los hombres y pide que se tomen medidas. Al tercer adelan­tado Juan de Sanabria se le ordena llevar doncellas espa­ñolas para casar con los capi­tanes, pero este muere antes de zarpar. “Su esposa, doña Men­cia Calderón de Sanabria, es la que efectiviza el mandato y funda un linaje importante en el Río de la Plata, su nieto Her­nando Trejo y Sanabria funda la Universidad de Córdoba y el otro nieto, Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias), es el primer gobernador crio­llo”, apuntó Caballero. Her­nandarias toma una serie de medidas para acrecentar la presencia española convirtiendo a Asunción en Madre de Ciu­dades, desde donde se fundan más de 70 ciudades en Para­guay, Argentina, Bolivia y Bra­sil. Sin embargo, comienzan a darse las “frustraciones asun­cenas”, como las catalogó el his­toriador español Pedro Vives Asancot en 1980 en una tesis en la Universidad Complutense de Madrid. Se insiste al rey en que la plata puede salir por el río y llegar a Buenos Aires para luego ir a España: “Esa posibi­lidad tenía la contra del difícil territorio chaqueño y los inte­reses del eje Potosí-Lima-Por­tobelo-Sevilla que no iban a permitir otra ruta”.

La bahía de Asunción estaba habitada por los carios, una población bastante numerosa con gran producción agrícola

DIVISIÓN DE LA PROVINCIA

Hernandarias pide tam­bién independizar el Guairá, creando una gobernación para mejor defensa del territorio. Ante ello, la “corte en Madrid pide al virrey de Perú, el duque de Montesclaro, un dictamen. Este dice que Asunción está más cerca de Villarrica”.

Entonces, en diciembre de 1617 Felipe III firmó una real cédula que dividió la gran Provincia del Río de la Plata en dos goberna­ciones: una con sede en Bue­nos Aires y la Gobernación del Guairá o del Paraguay, con capi­tal en Asunción. Dirá el cabildo de Asunción: “Éramos pobres y ahora con esto nos conde­nan mucho más a la pobreza”. A pesar de los pedidos no llega nueva población española. En 1615 un padrón da cuenta de 316 vecinos varones y en 1622 el número crece a 401 “por­que habían venido algunos desde Ciudad Real a causa de los ataques de los bandeiran­tes que no solo iban contra los pueblos jesuitas, sino que des­truyeron Villarrica y Ciudad Real en el Guairá”, expuso el historiador.

Asunción es amenazada desde el oeste por los indí­genas del Chaco y desde el este por los bandeiran­tes. “La mayor parte de la población vivía en los alre­dedores a pesar de que los yerbales, fuente de ingre­sos económicos, estaban a entre 300 a 400 kilómetros de allí”. Recién en 1718 con el castillo de Arecutacuá se logra frenar los ataques de los mbayaes, que Efraím Cardozo cifra en 200 incur­siones.

SUPERVIVENCIA

Se habla de una ciudad fronte­riza, de periferia, amenazada militarmente que logró sobre­vivir durante los Austrias menores y que con los nuevos gobernadores borbónicos que tienen una mirada más estraté­gica recién se van a fundar más presidios, más defensas. “San Isidro Labrador de Curuguaty, a 260 kilómetros, se funda como para hacer expansión hacia el este, para tratar de detener el avance portugués y la protec­ción surte efecto y crecen los campos de cría de ganado y agri­cultura”, expuso.

En definitiva, el recorrido his­tórico muestra que Asunción no nació de un proyecto acabado ni de una planificación previa, sino de las circunstancias, las necesi­dades y, sobre todo, de la perse­verancia de quienes la habitaron. De aquella precaria casa fuerte levantada a orillas del río Para­guay surgió una ciudad mestiza, fronteriza y resistente, que debió sobreponerse al aislamiento, las amenazas y las frustraciones para convertirse en punto de partida de nuevas poblaciones y en centro de una vasta región. Cinco siglos después, aquella historia de adversidades y per­sistencias sigue siendo parte esencial de la identidad asun­cena: una ciudad que, más que haber sido diseñada, fue posible gracias a la porfía de sus funda­dores y de quienes, generación tras generación, se empeñaron en hacerla perdurar.

SOBRE EL HISTORIADOR

Herib Caballero Campos es licenciado y doctor en Histo­ria por la Universidad Nacional de Asunción y magíster en Historia del Mundo Hispánico por el CSIC. Además, es docente universitario y exbecario de la Fundación Caro­lina. Es presidente de la Sociedad Científica del Paraguay.

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