El médico compatriota recibirá el próximo 29 de setiembre en Nueva York el premio internacional Fred W. Stewart por sus investigaciones sobre el cáncer de pene, su relación con el virus del papiloma humano (VPH) y la alta incidencia de esta enfermedad en Paraguay y en países tropicales. Aquí repasa su vida de investigador y da un panorama de la ciencia local e insiste en la necesidad de una mayor financiación pública a la ciencia.

A sus 82 años, este destacado patólogo será reconocido por el Memorial Sloan Kettering Cancer Center con este galar­dón que se entrega a quienes hicieron aportes excepciona­les en el avance del conoci­miento del cáncer humano, el diagnóstico y la atención al paciente.

“Es un premio que tiene casi 50 años en una institución dedicada al diagnóstico, el tratamiento y sobre todo la investigación del cáncer”, comenta Antonio Cubilla.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

El patólogo destaca el apoyo y colaboraciones que reci­bió tanto de médicos loca­les como extranjeros en sus investigaciones, una verda­dera red mundial que con­siguió articular en su largo derrotero con la ciencia.

Para muestra de ello, vale decir que Cubilla llegó a conocer a Fred W. Stewart, el científico que nombra al pre­mio que recibirá, y también el laboratorio del famoso doctor Pap, Geórgios Papa­nikoláou, que desarrolló el examen médico rápido y sen­cillo que sirve para detectar cambios en las células del cuello uterino antes de que se conviertan en cáncer.

UNA VIDA INVESTIGANDO

El médico relata que al regre­sar al principio de los 80 desde los Estados Unidos, donde estudió e investigó, las cosas fueron difíciles: “Era un desierto, la univer­sidad investigaba de manera muy aislada y la producción científica era bajísima. Me costó mucho encontrar el nicho para volver a comen­zar”, apunta.

“Allí me acogieron los médi­cos del Instituto del Cáncer, que era muy pequeño, donde acumulé mucha experiencia de los problemas del cáncer de pene en Paraguay y vi que había peculiaridades que no había visto en Nueva York. Eso me decidió a tomar este nicho donde no había estu­dios. Entonces, con técnicas muy sencillas y muy bara­tas comenzamos la tarea”, agrega.

Cubilla investiga desde muy joven. “Estuve 10 años estu­diando en Estados Unidos (de 1970 a 1980), me pasé estudiando cáncer de pán­creas; también de mama y de tiroides y luego me focalicé digamos en los últimos 30 años en la patología de cán­cer de pene porque no era posible competir académi­camente en otras patologías que son frecuentes en el pri­mer mundo”, explica.

“Allá tienen todos los medios y acá, sin apoyo económico y sin grandes equipamien­tos, elegimos un nicho, un área que ellos no tienen. Entonces, usando técnicas muy antiguas, muy bara­tas, pudimos realizar algu­nos estudios que mejora­ron el conocimiento sobre esta patología a nivel local y a nivel universal, porque el cáncer de pene es frecuente en los países tropicales”, agrega.

GEOGRAFÍA DE LA ENFERMEDAD

“En los países tropicales es donde hay mucho más. Es una cuestión cultural, los países con mayor pobreza son los que hacen más cáncer de pene y son los que descui­dan más los diagnósticos”, apunta.

Según cuenta, en este tipo de patología “los países de menor frecuencia tienen de 0,1 a 0,5 caso por cada 100 mil habitantes, por ejem­plo, en los países nórdicos de Europa y en la parte norte de Estados Unidos. En cam­bio, en los países tropicales va de 0,3 a 0,6. Nosotros no tenemos datos porque una de las falencias grandes de salud pública es la falta de buenos registros de cáncer”, comenta.

“Hay un registro que hace rato se está organizando, pero hasta ahora no pro­duce datos que sean fiables y entonces acá creo que es 0,3 a 0,4, creo que está bajando un poco. En el noreste de Bra­sil, en Maranhão, es el foco de mayor incidencia con 0,6 cada 100 mil habitantes, lo que es altísimo”, cuenta.

La patología está presente en el sur de Asia, India e Indo­nesia es donde hay más casos y en “Latinoamérica, aparte del Brasil y el Paraguay, hay casos en Perú, en el norte argentino, en México, Cen­troamérica, en Panamá y en el Caribe se han reportado áreas de mucha incidencia de cáncer de pene”.

APORTE A LA DETECCIÓN

Cubilla da cuenta de que la detección de la enferme­dad “es puramente clínica, generalmente el paciente consulta con la lesión” y que entender por qué se produce es la tarea de su investiga­ción. “En 1995 publicamos un trabajo donde encontra­mos que un 30 % de los cán­ceres están producidos por el virus del papiloma humano (VPH) y el 60 % restante está asociado con infeccio­nes crónicas”.

Una de las claves de ese estu­dio fue el hallazgo de que “los tumores producidos por virus tienen una morfolo­gía microscópica muy espe­cífica, que al mirarlos uno los puede reconocer sin hacer el estudio viral”.

Recuerda que recientemente analizaron un estudio de la Mayo Clinic de Estados Uni­dos: “Miramos 120 casos y pudimos predecir virus en el 95 % de ellos con el micros­copio, sin ninguna técnica especial, solo observando”, apuntó. Esta situación aba­rata bastante el diagnóstico, ya que el estudio viral es muy caro y muy difícil de hacer. “Se usa una técnica que se llama PCR que pocos labo­ratorios tienen”. Agrega que “hay una tinción ahora que se llama P16, que es inmu­nohistoquímica que se usa para detectar el virus. No es tan precisa, pero es útil y ya hay aquí en Paraguay”, pero al poder detectarse en el microscopio se puede “aho­rrar” este paso.

SEGUIR INVESTIGANDO

“Cada tumor ahora tiene su clasificación, no solamente patológica, sino que molecu­lar. Mi área de estudio han sido las clasificaciones. Clasi­fiqué cáncer de páncreas y de pene, las variedades morfo­lógicas. Esa ha sido mi diver­sión porque es casi, para mí, un juego la investigación”, apunta Cubilla, que tiene la voluntad de continuar su prolífica tarea: “Queremos buscar más explicaciones de los tumores de pene que no están asociados al virus”.

Explica que “el paradigma es como un gran rompecabezas y las contribuciones peque­ñas van llenándolo. Quedan pocas piezas y hay unas cuan­tas que yo quiero llenar antes de irme al otro lado”, se pro­pone. “A lo mejor ya no me alcanza el tiempo porque el estudio epidemiológico lleva muchos años, por lo menos lleva de 5 a 10 años de segui­miento de los pacientes y acá es muy difícil hacerlo, pero a lo mejor en otro país pode­mos hacer ese estudio ahora”.

Recuerda que como resul­tado de sus investigaciones se encontraron “22 geno­tipos de HPV del cáncer de pene que se han usado para prevención, para las vacu­nas específicamente del HPV.

Eso porque tuve la suerte de contactar con un grupo euro­peo que estudió 1.000 casos de cáncer de pene con PCR, con esa técnica sofisticada, fue un estudio de un grupo holandés y un grupo espa­ñol. Hicimos una clasifica­ción de los genotipos de virus de acuerdo a los tipos de cán­cer que nosotros ya habíamos ido identificando a lo largo de los años y ese estudio tuvo un impacto en la salud pública”, concluye.

Los microscopios y los escáneres

“Hace 60 años que estoy mirando al microscopio y no hubo cambios fundamentales en el instrumento”, dice Antonio Cubilla mos­trando el que tiene en su escritorio de trabajo. Recuerda sus primeros tiempos de estudiante: “En la época del profesor Juan Bog­gino se usaba el monocular, pero ya desaparecieron esos microscopios. Después vinieron estos (dice señalando uno binocular) vie­jísimo de la época en que yo estaba en Nueva York, que lo guardé como una reliquia”.

Describe que en la actualidad las imágenes captadas por los microscopios pasan directo a la computadora y que ese avance está cambiando bastante los procesos de estudio. Cubilla revela que “se está reemplazando el microscopio por la patología digital, algo que verificaré ahora en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center en Nueva York, que es donde yo me formé y donde me dan el premio ahora, que tienen la más avanzada de las tecnologías que hay”, se entusiasma.

“Ahora, desde que apareció el escáner, ya se está haciendo el diagnóstico en la computadora solamente. Es un copiador de láminas de vidrio e histológicas que se meten en el aparato y las copia y digitaliza”, cuenta.

“Entonces te mandan a tu computadora la imagen y se pueden hacer todos los movimientos del microscopio y más, en una gradación infinita, porque acá tenés (dice mostrando un microscopio) cuatro aumentos. En cambio, en el escáner es infinito”, apunta. Cuenta que la “Mayo Clinic en Estados Unidos ya el 50 % de su diagnóstico se hace así, el patólogo recibe por correo los casos que se proce­saron en escáner, los abre en la computadora y hace el diagnóstico. Así que en 10 años más no va a haber más un microscopio”, consi­dera. Cuenta que en Paraguay uno de sus alumnos ya tiene un laboratorio de patología molecular con escáner, “que es el área emer­gente. Nuestra patología clásica, quirúrgica, va a ir desapareciendo y será reemplazada por la patología molecular”, señala.

Asesoría especial

Asesor especial del presidente Santiago Peña, cuenta que “trabajo ayudando al Consejo Nacional de Ciencia y Técnica (Conacyt), al doctor Benjamín Barán, su presidente, que es una bella persona, que es lo mejor que le ha ocurrido en muchos años. Trato de colaborar con ellos en cuanto a algu­nas cuestiones conceptuales de la ciencia”, dice de su función.

“Tengo que hablar con el presidente porque habíamos hecho un acuerdo de dos años y ya estoy pasando ese tiempo porque me quiero concentrar más en la investigación, ya me quedan pocos años y quiero seguir adelante. Tengo cosas que quiero intentar terminar”, relata.

Cubilla fue asesor de los presidentes Fernando Lugo y Horacio Cartes y se desempeñó en el Cona­cyt, donde entiende que “hubo un cambio, un mejoramiento enorme en los científicos y su pro­ducción. Hace 30 años había 40-50 publicaciones y hoy tenemos 350 publicaciones de valor, hubo un salto muy grande y tiene que ver con el incremento de la financiación”, recuerda.

“Si un mensaje tengo que dar al Gobierno, es que aumente la financiación para la investigación científica, para la básica y para la aplicada. ¡Estamos en los últimos lugares en Latinoamérica!”, reclama.

“Hay una tendencia de dejar de lado la investigación básica, porque no produce objetos que sean tangibles o que se puedan vender o que puede incidir en el desarrollo inmediato. No es así. Las investigaciones básicas son importantes porque de ahí salen los grandes descubrimientos que eventualmente van a ser aplicables”, remarca.

Déjanos tus comentarios en Voiz