- Fotos: Mariana Díaz
En la tradición mítica de los mbyá-guaraní, el florecimiento de los lapachos simboliza la llegada del ára pyahu, el tiempo-espacio nuevo o primavera, que desplaza al ára yma, tiempo-espacio originario o invierno en lenguaje religioso.
Los lapachos irrumpen con sus copas rosadas, blancas y amarillas, convirtiendo avenidas, plazas y barrios en un paisaje de extraordinaria belleza. No es solo un espectáculo botánico: es un acontecimiento que transforma el ánimo colectivo y devuelve la mirada de los asuncenos hacia sus árboles.
Bajo sus pétalos, el tránsito cotidiano parece desacelerarse y la ciudad recupera una elegancia silenciosa. Las veredas se cubren de un manto de flores que el viento dispersa con delicadeza, como si la naturaleza insistiera en recordar que aún hay espacio para el asombro.
El florecimiento de los lapachos anuncia que el invierno empieza a despedirse y que la primavera ya escribe sus primeros versos sobre el paisaje urbano.

