- Jorge Zárate
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- Fotos: Gentileza
Un sitio emblemático de la Gran Asunción, uno de los pocos espacios en los que se puede interactuar con la fauna local, requiere atención para mantener su caudal y evitar la superpoblación de los caimanes, que son el principal atractivo del lugar.
A unos 40 kilómetros de Asunción, en el centro de la ciudad de Itá, capital del cántaro y la miel, un reservorio de agua brinda una experiencia única a los habitantes del gran conglomerado urbano que nos rodea. Allí se puede apreciar a los yacarés, animales que congregan a un gran número semanal de visitantes que se hacen un tiempo para poder dar un vistazo a los reptiles y su interacción con la gente.
Sin embargo, el recurso necesita atención, como lo advierten los miembros del grupo Salvemos la Laguna de Itá. Liderados por Óscar Pintos, abogado y reconocido luchador ambiental, piden que se aborden tareas necesarias de acuerdo a diagnósticos técnicos que ya fueron realizados.
“El Ministerio del Ambiente (Mades) tomó pruebas de tierra y agua y la conclusión fue que se tenía que dragar la laguna para que con el tiempo no se vaya a secar”, recuerda Pintos. “Las veces que el agua bajaba iban sacando la arena que era excedente, pero es una tarea difícil porque no se puede quitar la capa de arcilla del fondo, que es la que evita que se filtre el agua hacia abajo”, explica.
Lo concreto es que hasta el momento el trabajo de fondo no se pudo hacer y tampoco se tiene claro cuándo se llevaría a cabo. “El dragado no se pudo hacer con máquinas apropiadas y es eso lo que reclamamos”, apunta.
RÁPIDA URBANIZACIÓN
“Desde hace mucho tiempo se hizo el pedido del dragado y todavía no tenemos respuesta hasta hoy”, admite Mario Alonso, de la Dirección de Desarrollo Social y Gestión Ambiental de la ciudad.
Cuenta que la Municipalidad de Itá se encarga de la limpieza del área perimetral y el cuidado del lugar, pero que para realizar una tarea más profunda se requeriría el apoyo del Mades y de otros organismos tanto del Gobierno Central como de la Gobernación de Central.
“Nos asustamos mucho con la sequía de 2014 y a partir de allí se hicieron gestiones, pero no pudimos concretar una obra grande”, cuenta. Añade que en las ocasiones en que el caudal va disminuyendo se procede a “la recarga de la laguna bombeando agua desde un pozo artesiano. Cuando baja se la mantiene recargando un poco”, cuenta.
La situación más difícil suele darse en las lluvias grandes, cuando la laguna se desborda, ocasiones en las que suelen escaparse algunos yacarés y merodean por los alrededores causando lógicos temores en el vecindario.
Pintos apunta que en buena medida el progreso ayudó a que la situación se agravara, ya que anteriormente había caminos empedrados y de tierra que fueron reemplazos por baldosas y asfaltos que hacen mermar la capacidad de absorción y destinar el agua de lluvia en más cantidad a la laguna.
CUIDADOS POSIBLES
Consultado sobre la salud de los animales, Alonso explica que los yacarés no reciben atención médica regular y que son custodiados por el personal encargado de la limpieza del espacio verde.
Alberto Cardozo lleva más de 20 años en la tarea y cuenta que hoy hay entre 70 y 80 yacarés nadando y tomando sol en la laguna que preside un importante parque público que alberga a su vez al anfiteatro Prisciliano Villalba. Es asistido en la tarea por Luis Sotto, que apunta que los animales se alimentan solos: “Ellos comen los peces que se reproducen en el agua, tilapias, tare’ýi, pirañas y tortugas”, dice.
Los trabajadores relatan que también llegan diversas aves acuáticas, principalmente patos y garzas, así como caracoleros de diverso tipo.
Alonso pide a los visitantes que “sean conscientes porque están esos que siempre tiran estos palitos de asaditos y también lanzan en el agua bolsas, latas. Esto lo hacen tanto pobladores como visitantes, así que pedimos a la gente que nos ayude con este simple gesto de llevar su basura a los cestos que hay a disposición en el parque”, apunta.
OTROS PROBLEMAS
Los miembros del grupo Salvemos la Laguna de Itá recuerdan que en enero pasado se dio un episodio de mortandad de peces. “Esto se habría producido debido a la contaminación del agua”, apunta Pintos.
“También tenemos el problema de la superpoblación de yacarés porque estos, cuando se crían en estanques, se reproducen rápido y hoy por ejemplo no se sabe a ciencia cierta cuántos son”, comenta. Este tema preocupa porque comienzan a agredirse entre ellos: “Hoy se pueden ver animales que no tienen cola porque se muerden entre ellos”, relata.
La cuestión de la basura es otro tema principal. “Resulta que durante la fiesta patronal, que se realiza los días 2 y 3 de febrero, el parque recibe muchas visitas. Se estima que unas 10 mil personas pasan por el lugar”, recuerda. Entonces se dan situaciones extremas: “Hubo yacarés que murieron atragantados con pañales, con el hule de las hamburguesas, así que sería importante hacer más campañas de concientización a los pobladores y visitantes”, recomienda.
“Esperemos que en la nueva gestión municipal que se dará después de las elecciones de este año se pueda encarar un trabajo serio. Es necesario un plan, que se puede apoyar con organizaciones que trabajan este tipo de casos, recurriendo a la financiación de las binacionales. Aquí pasaron ya tres intendentes que no están prestando atención a un elemento central de la vida de los iteños”, reclama.
LEYENDAS
Cuenta la leyenda que durante la Guerra Guasu, partidas de soldados atravesaban Itá en camino hacia el frente. Allí vivía una anciana que mezquinaba su pozo de agua y se negaba a saciar la sed de soldados y caminantes. En castigo a su actitud, una tormenta de varios días inundó su casa y creó la laguna que hoy conocemos.
Otra historia da cuenta de que también durante la guerra contra la Triple Alianza los sacerdotes del pueblo escondieron una campana de oro en el lecho de la laguna para evitar que se la llevaran los ejércitos invasores y que esta tendría poderes mágicos.

