• Paulo César López
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  • Fotos: Gentileza/Archivo

La plaza Uruguaya es, según un reciente estudio, el jardín público más antiguo del Paraguay que aún conserva un trazado recuperable. Los arquitectos Marli Delgado y Carlos Zárate, autores de la investigación, repasan en esta entrevista la historia de este espacio público –desde su origen como extensión del convento franciscano hasta la inauguración de su diseño definitivo en 1919– y explican las claves técnicas de un proceso de restauración patrimonial.

Los arquitectos Marli Delgado y Carlos Zárate son autores del informe denominado “Plaza Uruguaya. Características del diseño original del jardín público más antiguo del Paraguay”, que fue financiado por el Fondo Municipal para la Investigación de las Artes y la Cultura (FOCMA), en su convocatoria del año 2024.

Arquitecta Marli Delgado, docente y creadora de la cátedra de Historia de la Arquitectura del Paisaje en Paraguay
Carlos Zárate, docente y creador de la cátedra de Historia de la Arquitectura del Paisaje en Paraguay

El trabajo centró sus observaciones en el periodo comprendido entre 1885, año del que data el primer diseño, y 1919, fecha de la inauguración del diseño definitivo. Asimismo, los docentes y creadores de la cátedra de Historia de la Arquitectura del Paisaje en Paraguay de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (FADA) de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) explican los pasos que debe seguir todo procedimiento de restauración de un jardín histórico.

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–¿Podrían comentarnos en primer lugar la historia del surgimiento de la plaza Uruguaya como espacio público?

–Durante la colonia e incluso durante las primeras décadas del siglo XIX era un predio más bien periférico, algo distante del núcleo edilicio consolidado a partir de la plaza de Armas. Originalmente era una extensión del antiguo convento franciscano y de ahí provino su primera denominación de plaza San Francisco. Albergaba algunas edificaciones muy precarias, ocupadas por antiguos esclavos del convento. Tras la expropiación del convento en tiempos del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia y el paulatino desplazamiento de los ocupantes del predio (y la desaparición de sus ranchos), empezó a tener un uso público más intensivo, muy incentivado a partir del año 1860, con la creación de la estación central del ferrocarril, situada en frente. Sirvió entonces como espacio de transición tanto para quienes esperaban la salida del próximo tren como para quienes llegaban por esa vía a la capital y en muchos casos no tenían sitio fijo donde ir. Durante los años de ocupación extranjera en el marco de la guerra contra la Triple Alianza, el predio fue ocupado por parte del ejército brasileño. Estas situaciones fueron facilitando, por necesidad, su progresiva arborización durante la década de 1870, hasta que surgió finalmente un proyecto de diseño a fines del año 1884.

Los ejes angostos y sinuosos, con visual restringida, para quienes acceden al predio desde cualquiera de las cuatro esquinas dan la impresión de un parque de rasgos románticos y hasta misteriosos (c. 1927)

TRAZADO

–¿Cuáles son las características de su primer diseño y los sucesivos que fue teniendo con el tiempo?

–Entendemos que existió un solo trazado, el planteado en 1884 y aprobado oficialmente en 1885 junto con el cambio de nombre de San Francisco a Uruguaya en homenaje a la llegada de la comitiva de aquel país para la devolución de trofeos de guerra. Lo que sucedió durante los siguientes 35 años fueron reiterados trabajos que poco a poco iban ejecutando lo originalmente proyectado, con incorporación de algunos elementos de ornato que no alteraban el trazado propuesto. El impulso decisivo lo dio a inicios de 1918 el entonces intendente Albino Mernes, quien logró la obtención de recursos necesarios para la terminación, dándose por concluidas las obras en abril de 1919. Es dicha fecha la que debiera tomarse como referencia para valorar en su total dimensión el diseño.

–¿De qué estilo era ese diseño?

–Desde un punto de vista estilístico, la simpleza y geometría de su traza remiten al neoclasicismo a la manera francesa, tendencia muy en boga en toda la región en aquellos años para el diseño de espacios públicos urbanos. Pero vemos además algunas singularidades muy interesantes y dignas de mención, principalmente lo que consideramos como una solución magistral de la ambigüedad originada en su tamaño (algo mayor para el promedio de plazas, pero no lo suficientemente grande para ser un parque). El diseño resuelve dicha situación superponiendo dos trazados sensiblemente distintos: ejes rectos y anchos, con visual ininterrumpida hasta el extremo, para quienes llegan al predio desde las calles Mcal. Estigarribia o Paraguarí, dando la impresión inequívoca de que se está ante una plaza. Y ejes angostos y sinuosos, con visual restringida, para quienes acceden al predio desde cualquiera de las cuatro esquinas, dando la impresión de un parque de rasgos románticos y hasta misteriosos.

–¿Se conoce quién o quiénes fueron los autores del diseño?

–Aún no hemos logrado dar con documentación que avale de manera fehaciente e indudable la autoría. Sabemos el nombre de algunos de los ingenieros encargados de la confección de los planos tanto en 1885 (Ing. Baumgart) como en 1918 (Ing. José Sosa). También que en el periodo 1918-1919 el director de Parques y Jardines era Leopoldo Benítez y que formaba parte del plantel de dibujantes Juan A. Samudio, a quien se encargó además la creación de diecisiete grandes macetones que fueron dispuestos tanto en los accesos de esquinas como en el interior de la plaza.

La vegetación es el componente más importante de un jardín, por lo que es fundamental conocer qué especies lo componían y su ubicación exacta (c. 1927 y 1940)

PROCEDIMIENTOS

–¿Cómo debería encararse la restauración de un jardín histórico?

–Cada caso es único y distinto a los demás, pero hay procedimientos que ya están consagrados porque son funcionales a la mayoría de ellos. Se recomienda iniciar siempre con una investigación documental, que permita identificar todos los datos posibles respecto a características estilísticas, tipológicas, formales y simbólicas; las personas que intervinieron en el proceso de diseño y ejecución, sucesos extraordinarios y cotidianos acaecidos en él, elementos que fueron incorporados (vegetación, texturas de suelo, mobiliario, luminarias, ornato, etc.). En un segundo momento, se realiza una verificación in situ de los elementos que sigan presentes (y el estado en que se encuentran), los vestigios de aquellos que ya no están y la verificación de cuánta alteración supone su ausencia (así como la presencia de agregados posteriores).

–¿De qué manera se realiza la verificación?

–Esta verificación es visual directa, pero también con apoyo de prospecciones arqueológicas superficiales y, si amerita el caso, apoyo de otras disciplinas como la palinología a fin de identificar especies vegetales cultivadas en alguna época y su ubicación exacta en el terreno. Finalmente, conviene establecer una línea temporal a fin de identificar no solo el proceso de cambios por los que pasó el jardín, sino también para tomar posteriormente la decisión de cuál de sus etapas será la que tenga prioridad para la elaboración del proyecto de restauración.

–¿Cuál es el siguiente paso tras todo el proceso de relevamiento?

–Recién al llegar a este punto se inicia el proyecto de restauración, que buscará recuperar la imagen y esencia de una época. Implica tomar decisiones de restitución, pero eventualmente también de corrección (si acaso no es recomendable incorporar alguna especie vegetal típica de otros tiempos), de recomposición (si existen piezas de época que fueron desplazadas de sus sitios originales) o de recreación (la situación más delicada, porque implica incorporar nuevas piezas que evoquen las faltantes).

UN PATRIMONIO RECUPERABLE

–¿Cuál es la importancia patrimonial del jardín histórico de esta plaza?

–Si bien se conocen casos de jardines públicos diseñados en Asunción en épocas anteriores al de la plaza Uruguaya, todos están ya irreversiblemente perdidos. Eso deja a esta plaza como la del trazado de jardín público más antiguo del país entre los actualmente vigentes y/o recuperables. Ese dato es de por sí extraordinario y suficiente para no escatimar esfuerzos en un proyecto real de restauración. A esto se le agrega la alta calidad estética que alcanzó hacia 1919, la maestría para resolver con el diseño la ambigüedad entre ser parque o ser plaza, el valor como escenario de incontables situaciones cotidianas y extraordinarias, agradables y dolorosas, que sucedieron en su interior o la tuvieron como telón de fondo. El proyecto iniciado en el siglo XIX fue terminado después de más de tres décadas gracias a la pujanza de autoridades y funcionarios municipales de aquella época, pero también gracias a la gestión de los vecinos que aportaron recursos económicos, materiales y hasta mano de obra. Por lo tanto, es un símbolo de unión vecinal, de eficiencia municipal, de sueños de un futuro hermoso para Asunción y el país.

–¿Cuál es la diferencia entre revitalizar y restaurar un espacio público?

–La revitalización se aplica a un bien cuya integridad conceptual y formal siga siendo legible, pese a presentar signos de degradación. La restauración aplica cuando el nivel de alteración es mucho más importante al punto de que queda seriamente desvirtuada la imagen e idea original, como es el caso de la plaza Uruguaya. La vegetación es, indiscutiblemente, el componente más importante de un jardín. Por lo tanto, en un proyecto de restauración es fundamental conocer qué especies lo componían, su ubicación exacta, de ser posible la cantidad y los motivos de su elección (que muchas veces respondía a criterios simbólicos y, siempre, a criterios compositivos).

–¿Les gustaría agregar algo para concluir la entrevista?

–Recordar que, aunque Paraguay cuenta con una historia muy rica y de interés internacional en cuanto a la jardinería y el diseño de espacios abiertos, es el único país de América que no tiene a la fecha un solo caso de jardín histórico público restaurado y es igualmente el que presenta las mayores fragilidades de protección legal de este tipo de patrimonio. La Ley de Protección de Patrimonio Cultural 5621/2016 no reconoce explícitamente al jardín como un producto cultural, por lo que las protecciones más eficientes se dan de manera aleatoria, con rango de ordenanza municipal. Mientras tanto, otros países de la región llevan casi un siglo de ventaja en sus procesos de catalogación, protección y recuperación de sus jardines. Celebran su historia jardinera, la estudian, la exhiben con orgullo y la disfrutan a diario.

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