- Toni Roberto
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Hoy Toni Roberto nos lleva a un rincón del barrio Recoleta, a la casa de la acuarelista Brunhilde Guggiari de Masi, lugar donde ella dejó para siempre sus recuerdos que hoy siguen brillando en algún farol de esa esquina de otros tiempos.
Un rincón repleto de recuerdos de una casa que se va, una caminata por la vieja vereda, el cerco verde que deja entrever la fachada del chalet que había diseñado en los años 40 el constructor Crimi. Así es la casa donde vivieron tantas décadas los Masi Guggiari.
Cada cuadro, cada mueble me recuerda las charlas con Brunhilde Guggiari de Masi, esposa del médico e investigador Rafael Masi y hermana del gran escultor Hermann Guggiari, una pintora que perpetuó todos los jazmines, rosas, claveles y orquídeas de su jardín en acuarelas que convivían con las fotos antiguas de la familia, donde pareciera que regalaban su aroma en esas gruesas paredes de otros tiempos.
SUS DIEZ HIJOS Y LAS MERIENDAS
Por esta poética casa pasaron parientes, centenares de amigos de la familia y compañeros de sus diez hijos, siendo todos recibidos con mucho cariño por Bruni. A los chicos del barrio, sin ninguna distinción les invitaba a merendar en la larga mesa, después del juego en la canchita que se encontraba en el gran patio de la casa.
Todo queda ahí para siempre, hasta la época en que se hacía el pesebre viviente, cuando se buscaba en alguna casa del barrio un niño recién nacido para que sea Jesús. Cada vecinito era un ángel, un pastor, el san José, en aquellas memorables épocas de fin de año.
LOS MARTES DE BRUNI
Los martes, Bruni recibía para almorzar a los sobrinos, y yo, en varias ocasiones, como uno más de ellos, terminaba la siesta con un rico té de jazmín. Llegaba la despedida y nos sentábamos en un cómodo sofá, enseñándome sus recuerdos, sus apuntes, dibujos y acuarelas de flores que atesoraba en una caja de madera como quien guarda la joya más preciada.
¿Podría decirse que Brunhilde Guggiari de Masi era solo acuarelista? No. La obra de Bruni era un todo. El patio donde contemplaba sus flores y luego las retrataba, sus cuadernitos, la casa, la larga mesa y todas las historias que ella contaba, su fe, su amor hacia el más necesitado… todo eso es su obra que dejó en esa casa del barrio Recoleta.
BRILLAR CON LUZ PROPIA
Decía su amiga de infancia Edith Jiménez, en el libro publicado en el año 2001, que lo más importante es el ser humano que brilla con luz propia. Ella, a pesar de que ya no está, dejó para siempre en esa esquina de la calle ex-Boggiani y Mc Arthur una luz que sigue encendida en cada uno de los que pasamos alguna vez por su casa, y en las flores de los lapachos rosados de la vereda que quedarán como custodios de su eterno pasado.

