La una por mantener vivos signos de hace más de 5 mil años, la otra por revelarlos, por ello se llama la muestra “La piedra y la luz”. Son imágenes tomadas hace 15 años en el marco de un estudio prospectivo en el que el fotógrafo Fernando Allen trabajó haciendo registro. Las inscripciones, las huellas de ancestros de 5 mil años exponen sus misterios en el emblemático centro europeo del arte prehistórico, el Museo de Altamira, en España.

Hasta el 18 de octubre se puede asistir en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, a la muestra “La piedra y la luz” del fotógrafo compatriota Fernando Allen. El espacio, situado en la loca­lidad de Santillana del Mar, Comunidad Autónoma de Cantabria, España, es uno de los centros de investigación y estudio de arte prehistórico más importantes del mundo. Allí se protege la historia de célebre Cueva de Altamira, Patrimonio de la Humanidad, mediante una réplica exacta donde se muestran dibujos de más de 36 mil años, que se inscriben entre los más anti­guos de la tierra.

De allí la importancia de mostrar el arte rupestre del Amambay y el Guairá en ese sitio emblemático. Las imágenes que se exponen se obtuvieron cuando Allen acompañó un estudio de los arqueólogos del Museo de Altamira. Ese equipo estuvo encabezado por el entonces director del centro, José Antonio Lasheras, fallecido en 2016, y realizó un com­pleto estudio del arte rupes­tre de la región Oriental.

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En la tarea realizada hace 15 años, Allen fue fotógrafo y colaborador local del equipo e hizo prospección y docu­mentación junto a los inves­tigadores españoles. Así mientras registraba los pedi­dos científicos, fue buscando distintas tomas de acuerdo a las diferentes intensidades de luz que le daban las jor­nadas.

Estas magnéticas imáge­nes presentadas en un espe­cial soporte textil y en gran tamaño, ahora pueden dis­frutarse en esta muestra elo­giada por medios españoles.

El fotógrafo Fernando Allen, expositor

Comentó el Museo de Alta­mira: “Las personas que poblaron esta región hace milenios nos dejaron signos inscritos en piedra, graba­dos en abrigos rocosos o en rocas aisladas que usaron como lienzo. Ahí plasmaron su pensamiento simbólico, expresión de su subcons­ciente colectivo. Hoy en día este arte supone un enigma, ya que el código que permi­tía descifrar su significado se perdió en algún momento a lo largo de sus miles de años de historia.

Con este proyecto, el fotó­grafo Fernando Allen trata de arrojar luz sobre el arte rupestre de Paraguay, no para descifrar su significado, sino para hacernos sentir de alguna forma los secretos que albergan estas piedras”.

AQUÍ LA CHARLA DEL EXPOSITOR CON NACIÓN MEDIA:

–El Museo de Altamira es referencia en el arte pre­histórico. ¿Qué sensa­ciones te deja estar expo­niendo allí?

–Supongo que es un honor para mí, tanto en lo personal como en el plano artístico y cultural. La muestra pone en cartelera internacional al arte rupestre del Paraguay, lo cual significa visibilizar el arte prehistórico presente en varias regiones de nues­tro país, como el Amambay y el Guairá.

La muestra estará en exposición hasta octubre en el prestigioso Museo de Altamira

–Contanos por qué elegiste el original soporte textil para tus imágenes ¿Tiene que ver con lo táctil?

–Sí, tiene mucho que ver con lo experiencia táctil, ya que las telas reproducen de manera muy particular las texturas y contrastes de las piedras que son el soporte de las inscripciones rupestres. Además de ello, la impresión por sublimación sobre texti­les ofrece una sensación tri­dimensional que al papel le cuesta. Por todo esto, propuse a la dirección del Museo que las obras puedan ser tocadas, como si se tratara casi de una piel adornada con antiguos tatuajes. El diseño exposi­tivo, a cargo de Elefante Men­tal, lo planteamos en base a estas configuraciones, para aprovechar al máximo las posibilidades expresivas del soporte. Las fotos, que son enormes modificando ex profeso la escala de las ins­cripciones originales, están montadas sobre una base de espuma fina que permite al tacto una sensación suave, como la de tocar la superfi­cie de una piel.

–¿Qué devoluciones te van dando los que visitan la muestra?

–La propuesta conceptual en general, ha sido muy bien recibida por el público. Esperamos que durante los 4 meses que dura la muestra, el retorno siga siendo positivo.

–Acompañaste al equipo científico que estudió este arte rupestre. ¿Recordás algunas conclusiones de ese estudio?

–En palabras de la directora del Museo de Altamira, Pilar Fatás Monforte: “Este tra­bajo fue posible gracias a la colaboración entre especia­listas españoles y paragua­yos, unidos por un objetivo común: descubrir, documen­tar, conservar, investigar y difundir este valioso patri­monio cultural.

La muestra incluye las obras de la diseñadora Ofelia Aquino, con 3 piezas textiles diseñadas y confeccionadas previamente impresos con fotografías de arte rupestre

Hasta entonces, el arte rupes­tre paraguayo era práctica­mente desconocido en el ámbito científico y, además, estaba rodeado de interpretaciones erróneas dentro del propio país, donde su origen y autoría se atribuían, de forma infundada, a la época vikinga.”

–¿A qué grupo étnico se adjudican los signos?

–De manera genérica, a gru­pos de cazadores - recolec­tores que poblaban estas regiones. Recordemos que la datación realizada por los técnicos del Museo de Alta­mira, registran una anti­güedad mayor a 5.200 años antes del presente. Las clasi­ficaciones por grupos étnicos tal como las conocemos hoy, comenzaron a utilizarse en tiempos más recientes.

–¿Qué recordás de aque­llos días en que registraste estos grabados?

–Al realizar estas foto­grafías a lo largo de varios años, sentí siempre la con­moción de saberme en luga­res extraordinarios. “Solo en los sitios en que se ha cometido un hecho tre­mendo, merodean fantas­mas” (Sigfried Krakauer, “La fotografía”). Los he sentido (o quizás, presen­tido) en todos estos espa­cios, cada vez que he tra­bajado en ellos. Fantasmas de personas, jaguares, aves, bosques, aromas, murmu­llos y fogatas prehistóri­cas iluminando inimagina­bles rituales permanecen aún, delicadamente, en estos sitios. Fragmentos de aquellas expresiones sensi­bles que han sostenido un vasto universo simbólico, son hoy frágiles vínculos a ese pasado. Lo saben sus actuales guardianes, los Paí Tavyterã, quienes resguar­dan estos santuarios de la memoria para proyectarlos al futuro, junto con las cla­ves que contienen el origen del mundo. Esta exposición está dedicada a ellos.

“La piedra y la luz” reúne a artistas, investigadores y técnicos de Paraguay y España en una experiencia inmersiva

-–Tenés también impor­tantes colaboradores en esta muestra.

–Sí, es muy importante men­cionar que la muestra incluye la participación de la dise­ñadora Ofelia Aquino (cuya marca profesional es Ofe­lia Otello), con quien hemos desarrollado 3 piezas texti­les que tienen un espacio pro­pio en el montaje de la expo­sición. Estas 3 piezas han sido diseñadas y confeccio­nadas por Ofelia utilizando diferentes tipos de textiles previamente impresos con fotografías de arte rupestre de mi autoría. En palabras de Ofelia: “Del mismo modo en que los grabados ances­trales fueron trazados por la mano sobre la superficie de la piedra, cada una de las piezas textiles fue construida mediante técnicas de ama­sado y drapeado realizadas manualmente. Un gesto que recupera la huella del hacer, donde la mano actúa como herramienta de inscripción y transformación de la mate­ria, estableciendo un diálogo entre el acto ancestral de gra­bar la piedra y el proceso con­temporáneo de modelar el textil”.

–¿La podremos ver en Paraguay en algún momento?

–Me encantaría, pero depen­derá de lograr el apoyo nece­sario para hacerla posible.

MENSAJES DE MÁS DE 5 MIL AÑOS

“Por un sistema de datación absoluta y de radiología hemos obtenido la fecha más antigua para este tipo de arte, en todo el continente”, dijo el arqueólogo José Antonio Lasheras durante la presentación del estudio en el que se tomaron las fotografías que componen la muestra de Allen.

En aquel mayo de 2012 se entregó a la Secretaría de Cultura (SNC) el Informe Final del “Plan de Registro y Realización del Inventario Nacional del Patrimonio Arqueológico Pre-cerá­mico y del Arte Rupestre en la Región Oriental del Paraguay”.

El equipo recorrió todos los sitios con inscripciones en los cerros del Amambay, a orillas del Aquidabán, del arroyo Ypané y del arroyo Yguasu, también los ubicados en la zona más norte de ese departamento cerca del Parque Nacional de Cerro Corá, algunos dentro del propio parque y otros en sus alrededores y un sitio aislado en el Ybyturusu, cerca de Villa­rrica, en el sitio de Ytororo y en el sitio de Ita Letra, que es conocido desde hace años.

Lasheras, fallecido en 2016, era director del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira-España al momento de la realización del trabajo y al comentar sobre la tarea expresó: “En Brasil no está bien datado, no se conoce bien la cronología de este tipo de arte de signos grabados”, para recordar que en Argentina los arqueólogos piensan que los grabados más anti­guos pueden ser de hace 4 mil años, cuando mucho. “Nuestra fechación es de 5.202 años. La tenemos asociada a la industria lítica, que es la más antigua del continente”.

Siguiendo con la idea expuso: “Creemos que quizás en Amam­bay, se generó un discurso, unas ideas que se acompañaban de unos signos, que esos signos se ordenaron aquí y luego se extendieron por todo el continente, y esta es una aportación muy importante que en este momento hace Paraguay a la Pre­historia del continente”.

Otro dato relevante en la consideración del arqueólogo fue que “además hay que pensar que esa fechación se obtuvo en el cerro sagrado de los Paí Tavyterã, en Jasyka Vendá, el Cerro Guasu, donde ellos saben que Dios creó el mundo y creó la humanidad, que todo se originó allí; entonces, que los arqueó­logos descubramos ahora que algo quizá tuvo su origen allí, nos sorprende a nosotros, pero no sorprende a los Paí, que ya lo sabían que todo tuvo allí su origen”, consideró.

CÓMO SE HIZO

“La piedra y la luz” reúne a artis­tas, investigadores y técnicos de Paraguay y España en una expe­riencia inmersiva, cuenta Fernando Allen. Se incluyen Apykas, asien­tos ceremoniales realizados por la artista Silvia Arce de la Comunidad Paĩ Tavyterã de la localidad de Ita Guasu, en Amambay.

También reproducciones de arte rupestre realizadas por los espe­cialistas Alfredo Prada Freixedo (del Museo de Altamira) y Anabel Panzuela Rodríguez (de la Escuela Superior de Conservación y Res­tauración de Bienes Culturales de Cataluña). La exposición se apoya en textos elaborados en conjunto por el crítico de arte Ticio Escobar, Pilar Fatás y Alfredo Prada.

Las fotos pasaron al textil mediante el sistema de impresión por subli­mación en los laboratorios espe­cializados de la firma DLife en Asunción. El guion expositivo, la identidad visual y la gráfica de sala estuvieron a cargo del estudio para­guayo Elefante Mental, integrado por Javier Palma, Lucas González, Jimena Riso y Natalia Villar.

La impresión final, logística de sala y montaje en los pabellones de Cantabria fueron ejecutadas por la empresa Serisan Comunicación Gráfica, bajo la coordinación gene­ral de la plataforma NEXO.

La gestión institucional estuvo bajo la coordinación de Pilar Fatás Mon­forte y Adela González Arroyuelo con el apoyo del Ministerio de Cul­tura de España en alianza con el Museo de Altamira.

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