El Mundial FIFA 2026 –como sucede cada cuatro años– pone en crisis (por alegría o tristeza para algunos y algunas… de aburrimiento, de saturación, de incomodidad, para otros y otras) a la tan maltratada aldea global.
- Por Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos AFP / Gentileza
Nada de lo que acontece en cada edición es comparable más que en líneas generales con la anterior, que se desarrollara en 2022 en Catar, aunque son muchas las diferencias. De hecho, los números de este campeonato organizado por Gianni Infantino, presidente de la organización ecuménica del fútbol, apabullan y, de cara a 2030, cuando esta competencia cumpla un siglo cuando comenzó a disputarse en Montevideo, los datos organizacionales del presente permiten proyectar que serán menores a lo que habrá de suceder para el centenario.
Los datos son apabullantes. “Fuentes confiables diversas aseguran que el costo total de organizar el Mundial FIFA 2026 se ubica en torno de los 4.200 millones de dólares imputados al que llaman presupuesto operativo directo (sedes, arbitrajes, logística en general, etc.) que la FIFA invierte para esta realización”, decía el pasado domingo 14 de junio y apuntaba que las y los informantes precisaban entonces que “unos seiscientos sesenta y cinco millones de dólares se distribuirán entre las cuarenta y ocho selecciones clasificadas que se encuentran en competencia”, mientras que “la escuadra triunfante se alzará con un premio de cincuenta millones. En los tres países anfitriones los costos para la adecuación de los estadios, las inversiones que se realizaron en diversas obras de infraestructura –principalmente para transportes de todo tipo– y puesta a punto de los recintos auxiliares alcanzará a un monto del orden de los quince mil millones de dólares”.
IMPACTO ECONÓMICO
El reporte detallaba que “los que todo lo miden –hasta horas antes de la ceremonia de inicio– coinciden en estimar que el Mundial FIFA 2026 tendrá un impacto económico directo del orden de los cuarenta mil millones y estiman que generará unas ciento ochenta y cinco mil posiciones de trabajo directo e indirecto no solo en los tres países organizadores”, Canadá, Estados Unidos y México (https://www.lanacion.com.py/columnistas/2026/06/14/de-mundiales-fifa-y-juegos-olimpicos-deportes-culturas-y-politica/).
Claramente, la demanda profesional para organizar estos megaeventos exige la más alta preparación. ¿Están los sistemas educativos globales en condiciones de satisfacer la demanda que no alcanza solo a deportistas profesionales de alta competencia?
“Desde la formación en actividad física, las destrezas generadas por los grandes deportistas que representan a nuestras naciones, todos los avances en materia de salud, psicología, alimentación, infraestructura, seguridad integral y tecnologías aplicadas al deporte… todo tiene que ver con la educación y la ciencia. Messi (Lionel) cumplió 39 años y sigue brillando (en el fútbol mundial). Décadas atrás, Pelé (Edson Arantes do Nascimento [1940-2022]) o Maradona (Diego Armando [1960-2020]), a esa edad, eran jugadores retirados. Esa muestra evidencia mucho de estos avances” que se impulsan desde los ámbitos académicos y educativos y verifican sobre el terreno, responde Paulo Falcón (50), académico de fuste, consultor transnacional especializado en sistemas educativos y doctor en abogacía especializado en relaciones internacionales.
PROFESIONALIZACIÓN
Falcón –a la hora de validar sus dichos y profundizar en el análisis con sus pareceres desde la perspectiva académica– agrega que además de la formación intensiva en la actividad física, “es necesario abordar –sin dudas ni dilaciones como objeto de estudio– la profesionalización de la gestión de las instituciones deportivas en algunos campos del conocimiento y ámbitos formativos que atraviesan el deporte en la actualidad para satisfacer las demandas de los mercados laborales regionales y/o globales. Tengo claro que en estas latitudes el fútbol emerge como la máxima expresión popular tanto de índole deportiva como cultural, pero ninguna disciplina deberá quedar al margen en los diseños curriculares de la educación superior”.
En línea con sus afirmaciones, Paulo Falcón recordó que el fútbol ha recorrido un largo camino hasta alcanzar altos niveles de profesionalismo desde el 26 de octubre de 1863 cuando en la Taberna Freemasons de Londres, Inglaterra, se fundó The Football Association (FA) y que en ese mismo momento histórico se redactó el primer reglamento unificado para la práctica de esa disciplina deportiva que, con muy pocas modificaciones, rige hasta nuestros días.
“Aunque –admite– aquel mismo reglamento nunca dejó de evolucionar y, en las últimas décadas, de incorporar algunas tecnologías para favorecer el juego y el espectáculo”. La Nación apuntó que, en ese sentido pese a lo dicho, en el Mundial FIFA 2026 los encuentros en cada tiempo tienen una inusual pausa de tres minutos para que los jugadores se hidraten.
El experto, asintió, recordó que en la Argentina, cuando las temperaturas son muy altas, sucede “algo parecido” y precisó que “hasta 1886, cuando se registró el primero de los encuentros de noventa minutos entre el Londres FA y el Sheffield FC, en el Reino Unido, la duración de los partidos, como regla no existía, la extensión temporal de los encuentros se acordaba entre los capitanes antes de mover el balón y, en aquel caso mencionado, se ajustó la finalización a ese tope de noventa minutos para que los jugadores pudieran alcanzar un último tren que los llevara de regreso a sus lugares de residencia”.
PRUEBA/ERROR
¿Y qué pasará después del Mundial 2026 con este momento par la hidratación? “No lo sé. Seguramente, equipos trans e interdisciplinarios analizarán los resultados alcanzados en esta edición (¿incluidos los resultados comerciales publicitarios obtenidos y la satisfacción o no de las audiencias?, pregunto en forma disruptiva) y se decidirá de cara al futuro en 2030 o para aplicar en algún otro campeonato previo. Pero lo concreto es que, desde 1886 se aplicó, primero el uso y la costumbre para que, más tarde, desde 1877, fuera regla escrita en Inglaterra y, en 1897, se la adoptara como propia en la recién creada International Football Association Board (IFAB). En la Argentina –precisó– el 20 de junio de 1867 se disputó el primer partido en el Buenos Aires Cricket Club –con aquellas reglas– en 1891, se fundó la primera liga y, dos años después, nació una organización que más tarde fue la base de la actual Asociación del Fútbol Argentino (AFA), con las normas reglamentarias mundiales de aquellos años. Todo es prueba/error y sobre ello se produce la evolución en todos los ámbitos”.
Más allá del deporte, el doctor Falcón, hasta el último día de junio pasado, formó parte (desde 2019) del consejo de administración del Instituto de Educación Superior para Latinoamérica y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y, desde esa perspectiva, reveló que unas pocas semanas atrás esa agencia multilateral presentó el Informe Mundial sobre Tendencias de la Educación Superior 2026, “que aporta datos interesantes para comprender el presente y futuro cercano en ese segmento educativo”.
El experto coincidió con ese relevamiento en que “resulta imperioso comprender la necesidad de contar con buenos sistemas de información para tener datos ciertos, que permitan conocer realidades (en cada país para que) se tomen las mejores decisiones y esto hoy –con las tecnologías disponibles– es muy factible”.
Resaltó también que “se evidencia en el informe el crecimiento que ha tenido y va a tener la educación superior en los años venideros (porque, en el nivel global) el reporte de 2002 daba cuenta de la existencia de 100 millones de estudiantes en ese segmento educativo, en tanto que en la actualidad se superan los 269 millones y todo indica que mientras el resto de los niveles educativos entra en crisis por la baja de la natalidad, la educación superior seguirá creciendo tanto por mayor demanda, fruto del aumento del egreso de la escuela media, como de las necesidades de actualización y profesionalización del mundo laboral”.
Ante tales evidencias, Falcón impetró: “Tenemos que dejar de pensar en las universidades como instituciones con estudiantes de entre 18 y 24 años, (porque) la vida es un espacio para la educación (en tanto que) la educación ejecutiva, las actualizaciones y el posgrado (formales) serán el modo (posible para) retomar los estudios, de modo recurrente. Es preciso entender que, sin dudas, en el debate educativo mundial, no solo que ya no discute el valor de la evaluación y el aseguramiento de la calidad (de la educación que se brinda), sino que se asume a la educación de calidad como un derecho fundamental”.
EDUCACIÓN SUPERIOR EN PARAGUAY
¿Y cómo pondera la educación superior en Paraguay? “Las definiciones que en su momento adoptó Paraguay con la generación de la Aneaes (Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior) y su trabajo sostenido en la mejora del sistema universitario paraguayo, por medio de sus acreditaciones, reflejan que se está por la buena senda, lo que da a las instituciones y profesionales paraguayos una mejor inserción en el plano internacional (porque) la calidad en lo global no es una moneda de cambio, sino que es patrón oro (y, por ello) la implementación del sistema de créditos académicos (que hizo este país) en las carreras universitarias es también un avance hacia la internacionalización, ya que por ser el crédito académico la unidad de medida de tiempo en los planes de estudio, más extendida en el mundo, permite que las carreras de las universidades paraguayas dialoguen mejor con las instituciones extranjeras.
De hecho, los créditos facilitan la flexibilidad curricular y centran la mirada universitaria en el estudiantado, porque el tiempo que se tiene en cuenta para medir los planes es el tiempo de estudio del estudiante y esto es un gran avance del sistema educativo superior en el Paraguay que (en el Informe Mundial Unesco-Iesalc 2026) se destaca positivamente junto a Perú, Colombia y México por haber adoptado un modelo de créditos académicos jurídicamente vinculante (a diferencia de países como Chile o Costa Rica, que funcionan bajo acuerdos interinstitucionales) y esto va en beneficio de las y los estudiantes universitarios”.
Un modelo replicable
Paulo Falcón, también vicepresidente de la Fundación IURP (que preside el licenciado Federico Aurelio) que gestiona el Instituto Universitario River Plate, piensa, vincula y gestiona en esa institución de educación superior con el objetivo de “profesionalizar la gestión de las instituciones deportivas” y, a modo de ejemplo, historiza y destaca que “River (CARP) es una institución centenaria, donde la educación y la cultura siempre estuvieron presentes, (porque) somos mucho más que un club de futbol”.
Argumenta que “nuestra comunidad (River tiene trescientos cincuenta mil socios) valora la educación y por ello cuenta con todos los niveles educativos, desde la educación inicial, la primaria, secundaria, superior y el instituto universitario. El lema “Vivir y jugar con grandeza” exige formación en valores y principios y, justamente, eso nos diferencia y llena de orgullo”.
Asegura luego que “en el ADN institucional está –como vocación y objetivo– la mejora social por medio de la educación y las acciones solidarias”.
En ese contexto, Falcón explica que “esa comprensión de la vida en comunidad con el deporte, que River tiene históricamente, es lo que nos condujo a tener una universidad que forme profesionales con el espíritu riverplatense, que genere y transfiera conocimientos que contribuyan al desarrollo deportivo y social”.
¿Y este modelo de educación superior que propone –como experto global en educación superior– lo recomienda y entiende que es replicable en cualquier país? “En el nivel mundial River fue la primera institución deportiva en promover la creación de una universidad. Desde mi perspectiva, sería deseable que se creen otras instituciones similares para trabajar en conjunto, generar sinergias y ayudar a nuestras sociedades hermanando educación, ciencia y deporte (…), lo que es un buen incentivo para las juventudes y, por ello, las instituciones deportivas deben apoyar a sus socios, a las comunidades en las que participan y a sus deportistas (y, para ello) contar con proyectos educativos siempre es un aporte social”.

