El artista plástico cubano-paraguayo Ricardo Álvarez viene proponiendo un cruce de lenguajes donde los trabajos en cerámica, óleo y dibujo “convergen en narrativas particulares”, describe el texto curatorial de su última muestra. Su obra impacta por su colorido y formas, pero también en lo narrativo, por el contenido que deviene de sus profundas preocupaciones espirituales.

Ricardo Álvarez entiende que en torno a lo artístico “falta una posibilidad mayor de crear un hábito de interac­tuar con el arte –para no decir consumir, porque consumir tiene una connotación de ter­minar con algo–. Sin embargo, con el arte se interactúa, por­que cuando estás frente a la obra ella te propone sensacio­nes, pensamiento, reaccionas y esto es una interacción, un diálogo”, recuerda.

Lo espiritual es omnipre­sente, porque la expresión es algo que, principalmente, nos anima, nos moviliza: “Cual­quier obra de cualquier arte, ya sea un filme, una pintura, una escultura, una música, danza, performance, teatro, todo eso llega a mover el alma, el arte es un asunto del alma y la vida. Según algunas tradi­ciones, es solo una experiencia de esta última y no una expe­riencia última”, agrega.

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La plástica tiene en su géne­sis la posibilidad de atrapar y liberar tiempos: “En todo caso, en la vida puedes cui­dar de cada instante y eso es saber hacer, eso es arte apli­cado a la vida misma, cuidar de cada instante, como uno cuida cada detalle de una obra cuando la crea, sufre y se exalta por ella, te angustia o te brinda paz, como la vida misma”, reflexiona.

Aquí su diálogo con La Nación/Nación Media:

–¿Cómo va la actualidad de tu plástica?, ¿en qué traba­jás?

–Estoy encarando una mues­tra en donde hay objetos de guerra como aviones, por ejemplo, convertidos en obje­tos cotidianos, con decora­ciones de porcelana china o matrioshkas rusas, son avio­nes y objetos de guerra que se convierten en parte de la coti­dianidad, que son parte de la cultura y la estética del poder y que portan belleza a pesar de su función y su finalidad. Además, trabajo en una serie sobre el mundo invisible, muy presente en la cultura afrocu­bana y en la cultura indígena del Paraguay, como por ejem­plo los ishir-chamacocos. He leído el libro “La maldición de Nemur”, de Ticio Escobar, y las descripciones sobre los Anábsoro y las descripciones que recogió de los relatores ishir son fascinantes. Ya las había visto representadas por el artista chamacoco Ogwa, del cual hicimos un documental con mi esposa Silvana Nuovo cuando vinimos a Paraguay, pero al leer el libro las des­cripciones son increíblemente ricas y estoy tratando de repre­sentar lo que he leído…

CAPITAL POÉTICO Y SIMBÓLICO

–Hace poco realizaste la muestra “Tres ojos ven más que dos”. ¿Qué nos podés comentar?

–Allí hubo obras recientes y no tan recientes, pero de los últi­mos tres años y quizás alguna algo más antigua, pero que presentan un cuerpo de obra organizado en una narrativa curatorial de Sophia Ruiz, que la lee y trata de poner a dialo­gar varias series y varios mun­dos simbólicos que se mani­fiestan todo el tiempo en mi trabajo artístico. Para mí fue también muy satisfacto­rio ver mucha obra fuera del taller, donde está almacenada y apilada y podemos verla en un lugar neutro y, sobre todo, con espacio para respirar, exis­tir y que cada una despliegue su capital poético y simbólico.

–Vimos la muestra “Todo es vacío, todo es ilusión”, donde intervenís cerámicas. ¿Seguís con esa búsqueda?

–Sí, continúo con la búsqueda en la cerámica, que ha deve­nido un lenguaje y un soporte incorporado a mi proceso creativo, en parte porque me siento atraído y muy cómodo con él y, por otro lado, por su significación como material, al ser al final tierra cristali­zada. Las clases de cerámica son las únicas que no recuerdo de la Escuela de Bellas Artes en Cuba y te confieso que tengo muy buena memoria. Debe ser un olvido conveniente en todo caso, amo la materialidad de la tierra y me recuerda mi primer contacto con “lo plástico” que fue en el colegio con la plasti­lina y donde gané un concurso de escultura en plastilina. Des­pués olvidé todo eso y hasta mucho más grande no pensé que ser artista era una opción o el arte una práctica posible para desentrañar las pregun­tas de la existencia.

–¿Confeccionás también las cerámicas?, ¿te interesan la alfarería, la escultura?

–Sí, confecciono cerámicas. Me interesa siempre el tra­bajo artesanal en el sentido del hacer, me parece que crea una intimidad con la obra que solo es posible perder en pro­yectos que se alejan de las pro­pias posibilidades técnicas o donde se necesitan interven­ciones de otros especialis­tas o procesos industriales como suele suceder con algu­nas obras de arte contemporá­neo y ahí el artista queda como creador de un concepto que deben materializar otros, que sería como hacer cine u otras artes donde necesitas del con­curso de otros especialistas, pero en estos casos yo puedo aún y disfruto mucho cons­truir las piezas y tener ese con­tacto con la materialidad de la arcilla o la porcelana. Sí me interesa la alfarería y la escul­tura en arcilla y porcelana.

ESPACIO TRIDIMENSIONAL

–Son materiales que abren la puerta a otras dimensio­nes también, ¿no?

–Sí, estoy experimentando y disfrutando mucho por ahora y creo que son muy interesantes. Me encanta ver algunos sopor­tes simbólicos de mi obra que antes estaban en dos dimensio­nes, vengan a existir en el espa­cio tridimensional y también que ello me sirva de soporte para la pintura. Hay mucho para hacer todavía y todos los días me levanto con el entu­siasmo con que se levanta un niño para jugar, esa sensación amo de hacer arte, que cuando hay algo que quieres crear y quieres verlo terminado y materializado sientes la misma sensación de que cuando eras niño y te levantabas para estre­nar juguete, algo así, pero más serio y con preguntas más adul­tas y existenciales. El arte tiene ese encanto, parece que estás jugando, pero estás jugando muy en serio como juegan los niños.

–¿Cómo ves la plástica en Paraguay?, ¿qué cosas te gustan de lo que estás viendo?

–La plástica en Paraguay o la creación artística en general tiene un crecimiento expo­nencial y es de altísima cali­dad. Podría crecer más si las personas se interesaran en qué les aporta una obra de arte, de estar en ese espacio de quizás incomprensión o extrañeza, pero que no los dejará indife­rentes y de rodearse también de cosas que lo interpelen, que les hablen y que les recuerden. No hay suficientes eventos ni espacios para poder ver todo lo que se hace y la variedad y riqueza y compromiso del arte que se produce, lo cual es una lástima porque el arte encanta a la gente. Aunque no seas un entendido, te hace entrar en un espacio que si bien no entiendes o te deja con muchas interrogantes, ese es su come­tido y su naturaleza y es por eso que nos deja un aura de reflexión y de poética y flota­mos en algo extraño y a la vez atractivo cuando nos hemos sumergido en su encanto o en su incomodidad.

–Aparece importante valo­rar su intangibilidad.

–Claro, porque el arte es necesario, nos recuerda que somos humanos y nos man­tiene cerca de las preguntas esenciales de la existencia, lo cual nos permite no perdernos en la inercia de lo cotidiano y los fenómenos que se nos pre­sentan como importantes o imprescindibles. También es responsabilidad de los artis­tas no divagarnos demasiado, como es responsabilidad de los ciudadanos no confun­dir lo político con la política o la existencia con la econo­mía de mercado o el amor con el deseo. El arte nos ayuda a construir una existencia más coherente con “ser humanos”, algo con que podamos discer­nir las cosas importantes en el proceso que relata el budismo como nacer, vivir, enfermar y morir. Arte etimológicamente es hacer algo con habilidad o técnica o saber hacer, así como la vida hay que saber vivirla.

–¿Sentís que hay alguna tendencia especial o las búsquedas son heterogé­neas?

–Entre las tendencias hay muchas. El arte contempo­ráneo ha moldeado mucho y abierto nuevas posibilida­des hacia la materialización de obras, pero me parece que lo esencial siempre en el arte es sentir el pulso de lo que se piensa y se siente en la socie­dad y hoy en día con la globali­zación comunicacional y cog­nitiva, en el mundo. El arte ofrece mucho de ese espacio inasible del pensamiento como substancia al que todos tene­mos acceso, nos muestra eso que todos estamos sintiendo y pensando de alguna manera, nos lo materializa, e imagina mucho más. Es por eso que es interesante, porque la imagi­nación suele adelantarse a lo que el presente propone.

INFLUENCIAS AFROCUBANAS

Entre las búsquedas artísticas de Ricardo Álvarez aparece la necesidad de acercarse “a formas de representación de lo invi­sible de la cultura afrocubana que conozco desde niño porque mi madre iba a misas espiritistas y yo la acompañaba”.

El artista cuenta: “Iba por la curiosidad de esos rituales y por la cualidad histriónica que contenían, pero cuando tenía 11 o doce años uno del médium con un espíritu montado –quiere decir poseído por un espíritu– me llamó, me hizo una limpieza con ramas, humo de tabaco y aguardiente y me dijo muchas cosas que en su momento me parecieron tonterías, pero que hasta ahora se han cumplido todas menos una y eso me dejó una gran incertidumbre”, cuenta.

“En mi espiritualidad me he inclinado más hacia el budismo, del cual he leído mucho y practicado y también se refleja mucho en mi obra, pero no puedo negar la influencia de esa cultura afrocubana, de la santería como se le conoce en Cuba”, apunta.

“Todo lo que me interpela lo pongo en obra, es una manera poética de reflexionar y es como un ritual de conocimiento que mezclado todo hace un cuerpo de obra en donde puedo reflexionar con lo que ella me brinda y al final puedo com­partirlo el espectador, que hará sus propias lecturas o partirá con sus propias preguntas y no hay nada que interrogue tanto como lo que no hemos podido responder”, concluye.

SOBRE EL ARTISTA

Ricardo Álvarez nació en La Habana, Cuba, el 12 de mayo de 1970, es artista plástico y documentalista. Se formó en la pres­tigiosa Escuela Nacional San Alejandro de su ciudad natal, y posteriormente estudió escritura y dirección de documentales en París, Francia.

Se lo puede seguir en Instagram en @ricardoalvarez_art y sus obras se encuentran en las principales colecciones de Para­guay. A lo largo de su trayectoria, expuso en diversas gale­rías de Venezuela, París y Asunción. Fue artista invitado en Oxígeno Feria de Arte (2019), seleccionado para el programa “Genealogías, Puerto Casado” (2016), obtuvo una mención especial en el Premio Invernadero: Arte, Política y Experi­mento (2015) y logró el Primer Premio en el Concurso de Artes Visuales de la Embajada de la República Federal de Alemania en Asunción.

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