El 5 de julio de 1731, 10 años después de su llegada a Asunción, era ejecutado en Lima José de Antequera y Castro bajo cargos de rebelión. Sin embargo, de manera póstuma los cargos fueron levantados y su memoria fue reivindicada, como lo demuestra la arteria asuncena que lleva su nombre.
- Por Carlos Oliveira
- Fotos: Gentileza / Archivo
José de Antequera y Castro fue un español criollo nacido en Panamá que tenía el título nobiliario de caballero de la Orden de Alcántara. Desempeñó el cargo de fiscal en la Real Audiencia de Charcas y juez pesquisidor en la Provincia del Paraguay. En este carácter llegó a Asunción el 21 de julio de 1721 a investigar denuncias de corrupción contra el gobernador de la Provincia del Paraguay, Diego de los Reyes Balmaceda.
No obstante, Antequera y Castro terminó encabezando uno de los movimientos políticos más trascendentes del periodo colonial, considerado incluso como un antecedente de la Independencia, la Revolución de los Comuneros. Diez años después de su llegada a Asunción fue ejecutado en Lima junto con su principal colaborador, Juan de Mena, acusado de rebelión contra la autoridad real.
Su misión fue investigar las denuncias formuladas por el Cabildo de Asunción contra el gobernador, acusado de abusos administrativos y mal gobierno.
Las instrucciones eran claras. Si comprobaba la culpabilidad del gobernador, debía destituirlo y asumir provisionalmente el mando hasta que la Corona dispusiera un reemplazante. Si las acusaciones resultaban infundadas, debía restituirlo en el cargo.
Tras reunir testimonios y examinar las denuncias, Antequera concluyó que Reyes Balmaceda era responsable de las irregularidades denunciadas. Ordenó su destitución y arresto, y el Cabildo abrió la cédula reservada enviada por la Audiencia, que lo designaba gobernador interino de la provincia. Aquella decisión, jurídicamente respaldada por su comisión investigadora, desencadenó uno de los conflictos políticos más importantes del Paraguay colonial.
EL INICIO DE LA REVOLUCIÓN COMUNERA
La actuación de Antequera fue respaldada por gran parte de los vecinos de Asunción, enfrentados desde hacía años con el gobernador y con la influencia política de los jesuitas, aliados de Reyes Balmaceda.
Con el paso de los meses, el conflicto dejó de ser un simple proceso judicial para convertirse en una disputa abierta entre la autoridad local y el poder virreinal. Antequera desconoció las órdenes que exigían la restitución del gobernador depuesto y organizó la defensa militar de la provincia frente a las fuerzas enviadas desde Buenos Aires.
La resistencia comunera convirtió a Antequera en el principal referente político del movimiento que más tarde sería conocido como la primera etapa de la Revolución Comunera (1721-1735), considerada por numerosos historiadores como uno de los antecedentes del pensamiento autonomista en Hispanoamérica.
LA DERROTA Y LA CAPTURA
En 1724, el virrey José de Armendáriz decidió poner fin a la insurrección y ordenó al gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zabala, organizar una expedición militar para recuperar el control de la provincia.
Las tropas realistas, reforzadas por miles de indígenas provenientes de las misiones jesuíticas, avanzaron sobre el Paraguay. Ante la superioridad militar, muchos de los seguidores de Antequera abandonaron la causa. En marzo de 1725 el líder comunero huyó primero hacia Córdoba y luego a Charcas, donde esperaba defender legalmente sus actuaciones.
Sin embargo, fue arrestado y trasladado a Lima para ser juzgado por la Audiencia. Permaneció encarcelado durante aproximadamente cinco años mientras se desarrollaba el proceso judicial.
El juicio concluyó con una sentencia ejemplarizante. Antequera fue condenado por desobediencia y rebelión contra la autoridad del rey. También fue condenado su principal colaborador, Juan de Mena, considerado uno de los dirigentes más comprometidos con el levantamiento comunero.
La ejecución se realizó el 5 de julio de 1731, en la plaza de Armas de Lima. Según las crónicas de la época, una multitud intentó impedir el cumplimiento de la sentencia y reclamó el perdón del condenado. La protesta derivó en un motín, por lo que el virrey ordenó a los soldados disparar contra Antequera antes de que pudiera ser rescatado. Ya muerto por los disparos, su cuerpo fue igualmente decapitado y la cabeza fue exhibida públicamente como escarmiento. Juan de Mena fue ejecutado en el mismo proceso judicial.
REHABILITACIÓN PÓSTUMA
Décadas después, el juicio fue revisado. En 1778, durante el reinado de Carlos III, la Corona anuló la condena dictada contra Antequera y declaró que había actuado como un funcionario leal en el cumplimiento de las atribuciones conferidas por la Audiencia de Charcas. La rehabilitación no modificó el impacto político de su actuación: para la historiografía paraguaya, José de Antequera y Castro permanece como el principal protagonista de la primera fase de la Revolución Comunera y una figura central en la formación del movimiento emancipador en el Paraguay colonial.

