- Fotos: Gentileza
El artista José Quevedo ofrece un viaje a la nostalgia de la niñez transportando a una época en la que juegos manuales simples y económicos representaban la felicidad en estado puro. Utilizando como soporte bandejas industriales en desuso, el artista realiza un ejercicio de memoria y guía a través de un recorrido por la resiliencia del material oxidado.
Recorrer la muestra remite a tiempos mucho más sencillos en los que las pantallas aún no habían causado en las jóvenes generaciones los estragos de la actualidad. La serie “Tiempo” rescata historias, juegos infantiles y tiene como soporte bandejas industriales en desuso, algunas con más de 40 años de oxidación natural por el paso del tiempo. La serie nació para conmemorar los 60 años del Programa de Estudiantes-Convenio de Graduación (PEC-G) de Brasil, un histórico lazo académico y cultural que une fuertemente a Brasil y Paraguay.
“La muestra fue parte de los festejos oficiales de las seis décadas del convenio universitario. En dicho evento, además de actos protocolares, se realizaron shows artísticos musicales, proyecciones audiovisuales y esta muestra de arte visual entrelazando memorias, historias, las raíces y la cultura de ambas naciones”, explica el artista.
Sobre la temática de la muestra, Quevedo indica que “tal como el nombre lo menciona, ‘Tiempo’ en general se trata de obras que crean viajes a épocas pasadas recordando y despertando ‘saudades’. Rememorar la infancia con vivencias que son muy similares. Se trata de juegos de niños comunes tanto en Paraguay como Brasil que funcionan como un espejo que resalta la hermandad cultural entre ambos países”, añade.
CONCEPTO TÉCNICO
Las obras de la muestra –que fueron exhibidas en la Galería Lívio Abramo del Centro Cultural de la Embajada de Brasil– combinan pinturas y esgrafiados en metal reciclado (bandejas industriales con más de 40 años de desuso).
En la muestra se incluyó una ambientación musical con canciones paraguayas y brasileñas alusivas a estos juegos. El visitante recorría la galería teniendo de fondo canciones como “Che trompo arasa”, de Herminio Giménez y Eduardo Rayo; “Aquarela”, de Toquinho, y “Mi barquito de esquelita”, de Gregorio Pérez Burgos, creando un clima especial conjugando sonidos con las texturas, los colores y los recuerdos detrás de cada obra, que con trazos simples despiertan emociones y recuerdos que reviven al mitã’i akãhatã y al guri sapeca de antaño.
SOBRE EL ARTISTA
José Asunción Quevedo Allende es artista visual, fotógrafo y promotor cultural oriundo de la ciudad de Pedro Juan Caballero, departamento de Amambay. Es reconocido por su labor en el rescate de las tradiciones del norte de Paraguay y por ser un activo defensor de la identidad cultural nacional.
Es egresado de la carrera de Comunicación Social en la Universidad Católica de Río Grande del Sur, Brasil, obteniendo las licenciaturas en Periodismo y Marketing. Cuenta con un diplomado en Responsabilidad Social y Sostenibilidad (Universidad Columbia). Se desempeña activamente en la pintura, esgrafiados en metal, murales, fotografías, instalaciones y collages.
PINTURAS Y ESGRAFIADOS SOBRE METAL
Gloria Valle Ocampos
La serie “Tiempo” es una inmersión que celebra la imaginación con un diálogo profundo entre la fragilidad del trazo, que mediante el esgrafiado (Sgraffito), la línea interactúa con la dureza del soporte, raspando enérgicamente capas del pasado para dar formas a barquitos de papel, trompos y pandorgas de aquellas épocas de mitã’i churi kasõ mboka’i.
Esta iconografía lúdica, ágil, contrasta con el origen industrial de las bandejas abandonadas, invitando al espectador a un ejercicio de introspección sobre la resiliencia y el reciclaje creativo.
El metal oxidado gana nueva vida. El soporte ya no se pertenece, ahora está cargado de historias ocultas. Fueron bandejas de metal industrial, desechadas y olvidadas por más de 40 años. La acción del tiempo y el abandono han dotado a estas piezas de una oxidación natural que actúa como una pátina, el artista no solo dibuja, sino que también interactúa mágicamente con el tiempo, recuperando partes del primer estado del metal.
La exposición se transforma en un ejercicio de meditación sobre el pasado, la nostalgia, la reconstrucción y el potencial de la resiliencia gracias a los poderes infinitos del arte, demostrando que transforma la contaminación en belleza y la historia olvidada en una nueva.

