- Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
Artista y agricultor, se dedicó al dibujo, la pintura y la talla en madera de forma autodidacta. A mediados de los años 90, junto con otros artistas obreros de su comunidad y de poblados vecinos, conformó un grupo cultural que intervino calles y casas de su compañía, surgiendo así murales y carteles que se hicieron marca distintiva de esta conocida compañía de Misiones.
“La comunidad de Tañarandy da la bienvenida a los extraterrestres”, dice el popular cartel donde con alegría y brazos levantados al cielo la gente aparece saludando a un ovni.
Esa imagen despertó la curiosidad de Mirna Robles Armoa: ¿Quién es el Cecilio Thompson que firma esa escena tan simpática y tierna a la vez? Así se fue pensando al encuentro de su amigo Éver Enríquez, que poco a poco le fue relatando las anécdotas del pintor popular que comenzó haciendo letreros de despensas y luego se extendió hacia los muros y las casas de Tañarandy con su peculiar estilo.
A partir de allí pensaron en hacer un documental y la muestra “Cecilio Thompson, obrero de la imagen”, que en estos días pueden verse en la Sala Cira Moscarda de la Fundación Migliorisi, sita en Grabadores del Cabichuí 2714, de martes a sábados, de 14:00 a 20:00, con acceso gratuito los viernes y sábados.
“En esta muestra se intenta rescatar una mirada sobre su trabajo artístico y su intervención en la compañía donde nació, vivió y murió”, resume. El recorrido compila registros fotográficos detallados de los murales y carteles comerciales pintados por Thompson y otros artistas e incorpora una serie de carteles originales intervenidos de forma reciente por su hija, la artista Chely Thompson.
Pudieron concretar el proyecto gracias a una postulación a los Fondos de Cultura. “Son fondos muy pequeños que no cubren lo que cuesta realmente el trabajo, pero hicieron posible trabajar en el material audiovisual, yendo a la comunidad, hablando con los vecinos que lo conocieron, con su hija y nos encontramos con que la memoria sobre Cecilio sigue siendo superpresente”, cuenta.
“La muestra tiene fotos de Elisa Marecos, Sandino Flecha, Nico Granada, también recoge imágenes del fotolibro ‘Tañarandy, la revolución del arte’, de René González y Andrés Colmán Gutiérrez, y otras de un libro muy lindo, ‘Tañarandy, tierra de irreductibles, demonios y herejes’, de Teresa Santiviago y Rocío Velázquez, que estudia los carteles y hacen unas fichitas donde aparece el autor, el año, la técnica, el motivo, la familia y la calle en la que se encuentra”, explica.
La tarea se complementa con páginas en redes sociales bajo el nombre de “Cecilio Thompson y los artistas obreros de Tañarandy”.
ARTE EN COMUNIDAD
En ese rescate pudieron entender cómo “historias y personajes propios de Tañarandy poblaron las paredes de las casas. Cecilio Thompson fue el principal promotor de estas intervenciones y lo acompañaron Teodoro Meza, Rolando Corvalán, Sindulfo Silva, como los principales referentes”, apunta Mirna. “El trabajo no se trata de rescatar una figura ni un nombre, sino que toda esa obra salga un poco de la comunidad, no se quede limitado solamente al recuerdo”, agrega.
Robles Armoa cursó el año pasado el taller Ejercicios Curatoriales con el especialista español Eduardo García Nieto, en un evento organizado por la Fundación Migliorisi y la Agencia Española de Cooperación (AECID).
En esa oportunidad, los interesó en este proyecto que busca hacer conocer este aspecto de Tañarandy, compañía de San Ignacio, Misiones, muy conocida en el país por su procesión de Semana Santa.
“Nos preguntamos cómo una figura tan presente en su comunidad no es conocida más allá, entonces la idea fue ayudar a que se destaque un hombre que consideramos que se lo merece. Queremos que ese reconocimiento local se expanda, porque creemos que el trabajo es auténtico y vale”.
De ello da cuenta el documental “Cecilio Thompson y los artistas obreros de Tañarandy”, en el que trabajaron con Éver Enríquez, Elisa Marecos y Sandino Flecha que fuera estrenado en diciembre pasado en la capilla de Tañarandy y que hoy puede verse en la muestra.
“Se trata de reconocer que las capacidades artísticas también forman parte de la realidad de la clase trabajadora, y que eso no es solo una posibilidad, sino que es algo que existe, que ocurre, que ocurrió siempre en nuestra historia popular, pero que puede que la mayoría de las veces quede invisibilizada. Por eso creo que es importante concentrarnos en el registro de la obra de Cecilio porque él falleció hace 20 años”, apunta.
HABILIDAD INNATA
“No soy una experta de las artes visuales. Creo que es como la característica de este equipo de trabajo, que somos gente que tenemos interés y curiosidad”, dice a la hora de explicar la mirada sobre la producción del artista.
“Creo que el trabajo es superdiverso en temas y formas porque él dibujó, pintó, hizo tallado con mucha variedad. Sus compañeros señalan que era superhabilidoso, que tenía como una capacidad innata y se puede ver el trazo rápido y gestos donde se nota lo auténtico de su trabajo”, señala.
“Él, por un lado, tiene su temática de aglomeración que son las festividades, la fiesta patronal, el Torín, cosas así. Tiene retratos, también algunos cuadros que asemejan un naïf y están los tallados que son muy representativos”, describe.
Su hija Chely Thompson acompañó al equipo de investigación y les recordó que “a mediados de los 90, Cecilio y Delfín “Koki” Ruiz se encuentran y este último lo invita a formar parte del taller Felipe Santiago Apocatu que había habilitado en la idea de alojar a quienes quisiesen aprender sobre arte. Entonces ahí se da como un encuentro entre varios trabajadores que empezaron a dedicarse a la pintura, al tallado”, sitúa.
De ese equipo, los que más se destacaron fueron Cecilio y Teodoro Meza, también pintor autodidacta. “En ese encuentro es donde empiezan a surgir muchas ideas. Tanto lo de Semana Santa, como las ideas de llegar a la comunidad con intervenciones artísticas, que fue cuando empezaron con los murales y después pasaron a los carteles”.
HISTORIAS Y ANÉCDOTAS LOCALES
Robles Armoa recuerda que “la idea original con los murales era la de precisamente rescatar historias, anécdotas locales y eso después se fue expandiendo a todas las casas y quien se hace cargo de esa idea es Cecilio, que lleva adelante la mayoría de los carteles entre mediados y finales de los 90”.
Ese despliegue fue posible gracias a “la ayuda de sus otros compañeros, de los vecinos y las vecinas mismas, pero se sabe que la mayor parte fueron realizadas por él. A su muerte en 2006, es como que se frenó un poco esa producción”, describe.
En la actualidad, “es su hija Chely, que también pinta, la que de alguna manera continúa con el legado de su papá, pero no se observan tantas nuevas producciones. Hay carteles que son reintervenidos por ella. Los murales desaparecieron casi por completo y de los carteles es muy poco lo que hoy se puede encontrar”, cuenta.
“Sí hay obras de Cecilio, cuadros, algunos tallados que están en propiedad de vecinos que compararon en su momento. A mí me gustaría armar como un catálogo de su trabajo”, concluye esperanzada.
UNA AUSENCIA SENTIDA
Es claro que tras la muerte de Cecilio Thompson mermaron los carteles y murales: “Los demás artistas que fueron sus compañeros en el taller siguen produciendo su trabajo artístico, pero también todos son trabajadores que se siguen dedicando a sus propios oficios a la vez”, señala Mirna Robles Armoa, responsable de la muestra “Cecilio Thompson, obrero de la imagen”.
La curadora apunta que “lo que pudimos de algún modo concluir es que es muy probable que en movimientos culturales o en movidas que tengan que ver con algo comunitario, sea importante la presencia de ciertas figuras que promueven el hacer. Cecilio, además de sus potencialidades artísticas, era un promotor cultural para su comunidad y con su fallecimiento se siente esa ausencia, no solo como artista, sino como un promotor cultural local. Porque eso es clarísimo ahora que con su fallecimiento se paraliza un poco ese diálogo creativo que se da ahí entre él y su comunidad”.
Robles Armoa se muestra agradecida con Chely Thompson, “que nos recibió muchísimas veces en su casa, que gestionó muchos de los contactos para las entrevistas a los compañeros de Cecilio, que accedieron a las entrevistas que hicieron posible el documental”.
Entiende que el trabajo “puede promover que otras personas de la clase trabajadora se animen a pintar o a escribir o a seguir su interés artístico. Creo que artistas populares siempre hubo y seguirá habiendo, entiendo que se ve más en la música, un poco en el teatro. Nuestra historia del arte está poblada de artistas populares que se merecen destaque”.
Apuntó a su vez que “pensamos que quizás más que arte popular lo que vimos en ese movimiento de artistas que intervino su comunidad en un momento es la del obrero artista, el trabajador que asume su posibilidad de hacer arte, ¿verdad?, porque fue así Cecilio el agricultor, Teodoro Meza era albañil y también pintor y así. Todos eran obreros que se dedicaron y se dedican también al arte”.
Para Robles Armoa, los carteles de la comunidad tienen estrecha relación con los oficios porque configuran “una especie de mapita social de la comunidad: identifican, porque te dan el apellido, te dan el oficio, informan, comunican, aquí estamos, esto hacemos”, apunta. “Habla de cómo la comunidad se apropia de esas intervenciones y genera su propia dinámica de representación, de preservación o de reproducción, de continuidad de esos trabajos. Hoy con Chely, que es la que continúa el legado de su papá en los carteles”, apunta.
UN POCO DE HISTORIA
Nacido en 1966 en Tañarandy, Cecilio Thompson fue un artista autodidacta dedicado al dibujo, la pintura y la talla en madera. Desde niño desarrolló una estrecha relación con las prácticas manuales y con el imaginario popular de su comunidad, elementos que posteriormente marcarían su producción artística.
Su trayectoria tomó un impulso decisivo a mediados de la década de 1990, cuando se incorporó al taller Felipe Santiago Apokatu, impulsado por el artista Koki Ruiz. Desde entonces se convirtió en una figura central dentro de las intervenciones artísticas comunitarias de Tañarandy, contribuyendo a la construcción de una identidad visual propia mediante murales, carteles y representaciones de escenas locales y personajes de la comunidad.
En 1998 representó a Paraguay en la Bienal de San Pablo con la instalación “Pesebre koygua”, una obra que incorporaba elementos contemporáneos a la tradición del pesebre paraguayo.

