• Toni Roberto
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En los programas de radio de Toni Roberto surgen hasta neologismos. Esta vez nos comparte relatos nacidos a partir de una charla entre dos vecinas de Sajonia que se declararon “apepunadas” por la devoción a las frutas de las legendarias naranjas hái de las calles asuncenas de antaño.

El pesado tráfico de las cinco de la tarde de mediados de junio en el semáforo de España y San José. Cae una fruta de la planta de naranja hái. Se pone verde, cruzan los autos y el enorme cítrico rodaba como si entendiese que tenía paso, sorteando la esquina rumbo al centro perdiéndose en el asfalto gris.

UN FENÓMENO NATURAL

Tal vez, varios transeúntes o conductores de esta arteria del novel barrio San José hayan observado este fenómeno natural de los apepú en esa bocacalle, que sirven de escenario a la arquitectura de la iglesia que le dio nombre a este enclave.

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Los vecinos de Asunción a través de las décadas hacían culto a la amistad y a la solidaridad culinaria. Eran otras épocas en las que las naranjas hái de largas veredas hacían un escenario maravilloso en muchas calles de la antigua Asunción, hoy representadas ordenadamente por estos ejemplares al costado de dicha iglesia.

BRUNHILDE DE MASI

Tanto era el amor a este árbol que, a principios del siglo XX, allá por 1913, el intendente Egusquiza declaraba, palabras más, palabras menos, que plantaban estos naranjos porque daban “sombra, perfume y amor”. En una de las hermosas charlas que tuve con la acuarelista Brunhilde Guggiari de Masi, en el barrio Recoleta, recordaba a su padre, el intendente Bruno Guggiari, quien quería que Asunción sea la “Ciudad de los azahares”.

Dos apepú. Edith Jiménez. Asunción, c. 1975

LA NOCHE DE LA “APEPUNADA”

Era una noche serena de radio hace ya varios años por la 970 AM, cuando una oyente escuchó las gloriosas recetas y técnicas para la preparación del kosereva de parte de Nuria de Rojas Vía, vecina de Sajonia. Al instante llamó y le contó que, en su cuadra, del mismo barrio, también había naranjos y que era una tradición familiar hacer ese manjar paraguayo.

Siguió la charla, la devoción a esos hermosos árboles con sus frutos y la mujer identificada como Gladys Palella, con un vozarrón y un tonito formoseño, le dice: “Entonces esto es una apepunada de vecinas”, a partir de ahí quedó para siempre esa frase que encabeza este domingo.

LA CIUDAD DE LOS NARANJOS

Durante décadas fue la inspiración para muchos músicos y poetas, siendo inmortalizadas por varios de ellos. Una de las más conocidas, la de Altinier y Aparicio de los Ríos: “Canto al Paraguay:

“Asunción del Paraguay, capital de mis amores

Tus naranjos y tus flores, tus recuerdos sin igual”

Todo esto me lleva a recordar esas frutas que la inolvidable Edith Jiménez plasmaba en sus más importantes grabados, dibujos y pinturas, como en esta pequeña joya, una acuarela de la década del 70 que hoy publicamos en estas páginas, de la misma época que ganara la Bienal Internacional de São Paulo.

Tal vez de ahí provenga hasta aquella rodante fruta que cayó del arbusto de la iglesia de San José y que partió rumbo al centro, indicándonos de alguna manera que aún están vivas, como el sabroso kosereva que se resiste a desaparecer, ese manjar paraguayo preparado también en Sajonia por aquellas “dos apepunadas vecinas” de Asunción.

Naranja hái (apepú) en la fachada lateral de la iglesia de San José. Asunción, junio del 2026

Etiquetas: #vecinas#Sajonia

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