- Jorge Zárate
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- Fotos: Cristóbal Núñez / Gentileza
Trabajando siempre, el gran plástico se muestra conmovido por el reciente premio que le otorgara el Fondec a su trayectoria artística y cultural. Cuenta de su obra, de su afán de preservar el patrimonio arquitectónico nacional, de la necesidad de una ley de mecenazgo que ayude a los artistas a representar mejor la belleza que se crea y recrea en el país.
“Para mí fue una sorpresa porque generalmente no se acuerdan de nosotros”, cuenta del reconocimiento que le hiciera el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (Fondec) al entregarle recientemente el “Premio a la trayectoria artística y cultural”.
Toranzos, que fue galardonado en Francia como Caballero de la Orden de Artes y Letras, valora esta distinción porque “cuesta tanto que el Estado nos represente, nos recuerde. Tenemos que estar chillando a cada rato”, dice risueño.
Lo apunta con particular emoción, ya que “el Fondec es como una casa mía. He pasado por la Secretaría Nacional de Cultura y he trabajado con ellos cooperando siempre… llevo ya más de 45 años trabajando en y con la cultura, así que por eso te digo, es una gran sorpresa y un gran beneficio para mi historia”.
Actualmente expone “La memoria de los árboles”, hasta el 23 de junio próximo, en la Galería Matices, sita en Cruz del Defensor 241 de esta capital, una serie maravillosa de su obra prolífica y diversa. “Lo de los árboles es parte de una experiencia personal, porque significan muchas cosas para nosotros y para mí también: es el constante devenir de la creación, porque un árbol se seca o puede dejar otra vez una pequeña planta que crece”.
REEDUCAR ESTILO
Toranzos sigue abordando su obra que involucra pinturas, grabados y objetos. “No puedo decir que haga escultura”, indica. Con una vitalidad envidiable revela que “por mi enfermedad me tuve que reeducar para pintar”, cuenta mostrando su nueva serie donde crea climas a partir de gamas de colores en un esfumado particular, conmovedor.
“Estoy trabajando con esta atmósfera, le voy agregando historias. Tiene mucho que ver con mi trabajo en la restauración del Palacio de López, donde desarrollé estas texturas como fondo. Entonces, eso mismo recodifico en mi obra”, revela.
Esta modernidad muestra una nueva faceta de este gran plástico, admirador del Renacimiento al punto de que series de su obra receptan esas formas. Quizá lo hizo siguiendo a su padre, también pintor “de fin de semana”, su primera influencia, a su abuelo el poeta.
Ecléctico también, tuvo ciclos geométricos y abordaje de objetos siempre mirando un poco “el costado mercantil”, porque pintar fue un trabajo para ayudar a la familia, para sostenerse.
IDEA ARQUITECTÓNICA
Lo que aparece también es un amor continuo por el trazo de los edificios, del entorno urbano. La arquitectura lo conmovió de joven y es siempre una materia cercana para Toranzos: “Hace mucho tiempo estoy muy comprometido con el patrimonio arquitectónico nacional y mi trabajo en la Manzana tiene mucho que ver con esto que elegí para trabajar”.
Anticipa entonces que prepara una exposición que se verá en la Manzana: “Será un pequeño espacio de historia y memorabilia de lo que fue la arquitectura patrimonial en el país en los años 1900, 1910, un aporte mío personal a la ciudadanía que va a quedar allí”.
Recuerda que “desde el año 85 comencé a hacer un relevamiento fotográfico de los edificios que quedaban de comienzos del siglo XX”, comenta vinculando ellos a sus estudios de historia de la arquitectura en la Universidad Nacional de Asunción (UNA): “Allí fue cuando desaté esta pasión”, narra.
“El año pasado encaré el estudio ‘Las nueve casas de la Manzana’, un proyecto gráfico destinado a captar fondos culturales para exposiciones, montajes, insumos y materiales diversos que incluye ilustraciones a pluma de las casas que componen la Manzana de la Rivera: Casa Viola, Casa Clari, Casa Clari-Mestre, Casa Emasa, Casa Vertúa, Casa Castelví, Casa Ballario, Casa Serra I y II, y el Salón García Lorca”, señala.
En su taller, muestra como ejemplo un cuadro que decidió volver a hacer, uno que recrea a “La victoria alada”, la escultura en homenaje al movimiento de los Comuneros que preside la escalinata de Antequera que, en el lienzo de Toranzos, se despliega en un universo etéreo y profundo.
GESTOR INCANSABLE
“¡Estoy firme!”, dice de su trabajo al frente de la Manzana de la Rivera, el complejo cultural del centro histórico de Asunción donde sigue peleando por poder desarrollar “proyectos personales”, expresar creatividad.
“Si no tenés presupuesto por lo menos que te dejen trabajar con lo que uno proyecta para ese lugar fantástico que cada vez tiene más visitas, más interés. Por eso tengo que estar creando todo el tiempo actividades para poder provocar e invitar al público y a la ciudadanía a utilizar un espacio que es nuestro”, explica.
El maestro de las artes plásticas entiende que hay un “déficit en el mecenazgo a nivel país” señalando que “desde hace mucho se está peleando para tener la ley del mecenazgo y la ley del artista, que no logramos… Por suerte se logró la ley del cine, que es un ejemplo a seguir”.
Considera que se da un reiterativo cuadro de situación: “Siempre carecemos de presupuestos, entonces tenemos que crear primero un fondo para lograr esos proyectos y un fondo otra vez para mantenerlos… Pero esa es parte ya del trabajo nuestro, parte de la gestión, crear cosas también, ser creativos e ir seleccionando los eventos que tenemos que desarrollar, pensando siempre en cómo crear expectativas, cómo lo haríamos”, comenta.
PATRIMONIO EN TERAPIA
Considera que “nuestro patrimonio está en terapia, tenemos que actuar con urgencia y cuidar desde ya…, pero es tan lento nuestro proceder por la cuestión de la crisis económica y también por falta de interés general de nuestro país, que solemos llegar tarde a tareas esenciales de preservación”.
A pesar de ello, entiende que hay espacios con buena voluntad. “Ahora tenemos un gobierno que se ocupa del patrimonio cultural, en especial el Despacho de la Primera Dama, que es el que está manejando más bien esas manifestaciones, esos intereses ciudadanos”, que espera se multipliquen para bien de todos.
Lo hace soñando: “Lo primero que tendríamos que hacer es dotarle de un edificio propio al Museo Nacional de Bellas Artes y Antigüedades que hoy funciona en uno alquilado”, propone recordando que se trata de una tarea fundamental y que inclusive hay proyectos arquitectónicos pensados para el mismo.
“Por eso quiero que esto llegue a oídos de los que pueden ayudar, cooperar para desarrollar nuestra cultura, que no quede en proyectos, sino que podamos manifestarlos y realizarlos”, pide.
LA GRAN ESCUELA DEL MUSEO DEL BARRO
“El Museo del Barro fue mi gran escuela, ahí aprendí de todo”, cuenta con emoción. “A trabajar con bajos fondos; con los compañeros, estaban todos mis maestros y mis guías, Carlos Colombino, Ricardo Migliorisi, Ticio Escobar, Osvaldo Salerno y otros artistas más, con los cuales trabajamos mucho en aquellos tiempos”, memora.
“Gracias al Centro de Arte Visual del Museo del Barro cumplí mi primer sueño que era ser director de un museo”, dice. “Después de eso tuve siete museos a cargo cuando estuve en la Secretaría Nacional de Cultura y ahora administro una Manzana que contiene cinco museos nacionales, así que muy agradecido, sobre todo con Carlos Colombino, que fue el creador de la Manzana de la Rivera. Él me llevó consigo a trabajar, estuve cinco años y después me dio la libertad de hacerlo por mi cuenta. Ahora yo vuelvo como director, antes era cadete y ahora volví como director”, reseña.
Preguntado sobre la museística nacional, destaca que la misma está creciendo: “Estamos bien, pero necesitamos más, aunque ahora se le da mucha importancia a las personas que trabajamos en los museos, se abren instituciones para enseñar cómo se organiza un museo, cómo se mueve un museólogo”, dice.
“Nosotros en la Manzana de la Rivera tenemos la actividad Museólogos por un Día, destinada a niños y adolescentes de entre 6 y 15 años que generalmente hacemos en el medio de setiembre, donde enseñamos cómo se lleva a cabo un museo”, describe.
“Nuestros museos están avanzando mucho porque tienen contacto con experiencias del exterior, estamos trayendo técnicos y también, alguna vez, enviando a algunas personas a perfeccionarse en su profesión en el exterior, así que por lo menos no estamos quietos ni atrasados”, expone.
“NECESITAMOS MÁS VOCES QUE NOS REPRESENTEN”
“Están surgiendo nuevos artistas y eso es muy bueno”, se alegra Félix Toranzos. “Gracias a la posibilidad que tienen de encarar sus estudios o sus experiencias con los premios que aparecen, con las exposiciones, las licitaciones, eso genera interés”, apunta.
Explica que las especialidades viven como espirales de crecimiento, decadencia y renovación, que ha pasado en el país con la pintura, el grabado, la escultura. En estos tiempos destaca la tarea del escultor Roque Ardissone, “que está haciendo mucho por la cultura de Paraguay, le está motivando a los jóvenes dándole la posibilidad de realizar obra en su taller”, cuenta.
A la hora de evaluar la pintura, entiende que “hace mucho tiempo que se está moviendo, hay una nueva generación de pintores, hay buenas pinturas en el Paraguay y hay fuertes motivadores para la pintura. Yo creo que estamos a un buen nivel y solamente nos falta que nos lleven a representar al país internacionalmente, que nos pongan como ejemplo de nuestras expresiones porque las invitaciones vienen y todo queda en un cajón del Ministerio de Relaciones Exteriores”, señala.
“Y te lo digo por experiencia propia, nos cuesta mucho representar al país en bienales importantes. No solamente fútbol tenemos en Paraguay, tenemos también nuestros valores culturales, patrimoniales que están manifestándose a nivel internacional. Necesitamos más oído, más voces que hablen por nosotros, que nos representen”, reclama.
UN PREMIO EN VIDA
“Como institución cultural, creemos que reconocer en vida a quienes han dedicado su talento, esfuerzo y creatividad al desarrollo de nuestro país es una forma de valorar y preservar aquello que nos identifica como sociedad”, consideró el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (Fondec) al justificar el premio a la trayectoria cultural otorgado a Félix Toranzos.
“Artista plástico, arquitecto, diseñador gráfico y escenógrafo, Félix Toranzos ha dejado una huella profunda en las artes visuales del Paraguay. Su obra ha trascendido fronteras, representando al país en destacados espacios culturales de América, Europa y Asia, y consolidándolo como un referente indiscutible de nuestra cultura” explicó.
“Este reconocimiento celebra no solo una trayectoria de excelencia, sino también una vida dedicada a inspirar, crear y enriquecer el patrimonio cultural paraguayo”, expuso el Fondec.

