- Juan Carlos Dos Santos G.
- Editor y columnista internacional
La mayor salvaguarda de las naciones de menor peso relativo no reside en el tamaño de sus ejércitos, sino en la vigencia del derecho internacional. Cuando las grandes potencias normalizan la política de los hechos consumados por encima de los tratados, el orden global se agrieta, dejando desprotegidas las yugulares logísticas de los países que dependen exclusivamente de las reglas escritas para sobrevivir.
A lo largo de las últimas entregas de esta serie, analizamos cómo el Partido Comunista Chino (PCCh) ejecuta una estrategia de asfixia silenciosa en su periferia. Vimos la construcción de bases militares sobre arrecifes en la Zona Económica Exclusiva de Filipinas o las operaciones coercitivas en la “zona gris” orientadas a una eventual anexión de Taiwán, ignorando la voluntad de sus millones de ciudadanos.
Sin embargo, el verdadero peligro de estas acciones para el resto del mundo no radica en la expansión geográfica de Beijing en sí misma, sino en el demoledor precedente que instaura: la demostración de que una superpotencia puede violar los tratados internacionales y las fronteras jurídicas sin pagar un costo real.
Este desprecio por el derecho internacional es el “mal ejemplo” que hoy proyecta una sombra indirecta pero alarmante sobre Sudamérica. Cuando el orden basado en reglas se debilita a nivel global, el eco de esa vulnerabilidad resuena, por ejemplo, en las arterias fluviales estratégicas, afectando de manera crítica a las economías mediterráneas.
LA LEY ESCRITA COMO EL ESCUDO PARAGUAYO
Para Paraguay, la hidrovía Paraguay-Paraná es su yugular económica y biológica. Por este sistema fluvial circula aproximadamente el 80 % de nuestro comercio exterior. Al carecer de una costa oceánica, la garantía de que nuestros productos lleguen al mundo no depende de la fuerza naval, sino de un entramado jurídico internacional: el Tratado de Las Leñas, los acuerdos de navegación y los principios de libre tránsito consagrados por el derecho internacional. Para una nación mediterránea, la ley es el único escudo posible frente a asimetrías geográficas evidentes.
Hoy, la hidrovía goza de una estabilidad operativa apuntalada por una notable afinidad política e ideológica entre los gobiernos de Asunción y Buenos Aires, sumado a una relación predecible con Brasilia. Las tensiones por tasas o peajes se resuelven bajo los canales institucionales. Pero la historia y la política sudamericana son esencialmente pendulares. El estatus actual no es eterno y los gobiernos entran, salen y mutan.
EL RIESGO DE LOS PÉNDULOS IDEOLÓGICOS
El verdadero riesgo a largo plazo para Paraguay es que, en un futuro escenario de fricción política o giro ideológico radical en los países de tránsito, el “mal ejemplo” del Pacífico se traduzca en una normalización de la arbitrariedad local.
Si el orden internacional se degrada hasta el punto en que los acuerdos firmados dejen de ser sagrados, una nación mediterránea quedaría expuesta a que sus vecinos más grandes decidan aplicar medidas unilaterales de fuerza o bloqueos burocráticos en la hidrovía, imitando la conducta que las potencias como China Popular ensayan impunemente en los océanos.
Cuando las superpotencias demuestran que pueden pasar por encima de los derechos de naciones como Filipinas o Taiwán basándose únicamente en su peso relativo, erosionan la arquitectura jurídica que protege a todos los países pequeños del planeta.
EL IMPERATIVO DE DEFENDER LAS REGLAS
Por lo tanto, observar lo que ocurre en el estrecho de Taiwán no es un ejercicio de curiosidad ajena para Paraguay. Defender el respeto irrestricto al derecho internacional y denunciar las políticas de coerción en el Pacífico es, en el fondo, defender la vigencia de las reglas que garantizan que nuestros propios barcos puedan navegar libres hacia el Atlántico.
La asfixia global no requiere que un actor extracontinental intervenga nuestros ríos; basta con que logre apagar la fuerza de la ley internacional que los mantiene abiertos y ese es uno de los modus operandi del PCCh.
Para un Paraguay mediterráneo, recordar que el derecho es nuestra primera y última línea de defensa no es una opción teórica; es la lección de supervivencia más urgente de este tiempo.

