- Jorge Zárate
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- Fotos: Gentileza
En Fortín Toledo, a 493 kilómetros de Asunción, el Centro Chaqueño para la Conservación e Investigación (CCCI) logró reproducir en cautiverio 70 ejemplares de taguá, un tipo de pecarí que se creía extinguido hasta que en 1972 un grupo de zoólogos estadounidenses logró avistar ejemplares vivos. Luego de una primera reintroducción de la especie en 1999, ahora buscan terrenos donde poder hacerlo nuevamente en un escenario difícil por la presencia de caza furtiva y el avance de la deforestación.
Desde que en la década del 70 del siglo XX el mundo científico se sorprendiera por la presencia de este muy antiguo pecarí en el Chaco, se dio un largo recorrido hasta la creación en 1985 del Proyecto Taguá, que tuvo por objetivo preservarlos, criarlos en cautiverio y, siempre que estuvieran dadas las condiciones, reintroducir ejemplares en el bosque.
En este proceso surgió el Centro Chaqueño para la Conservación e Investigación (CCCI) y su valiosa labor en la protección de la especie, cuyo nombre científico es Catagonus wagneri. Lo hace en una reserva de 120 hectáreas en la que se van criando en distintos corrales en los que son alimentados a base de andai y balanceados e identificados mediante microchips.
En estos días se realiza el chequeo anual de la salud de los animales, una buena oportunidad para conversar con Yamida Benítez, directora ejecutiva del CCCI, que da cuenta que las manadas son muy protectoras de las crías: “Es una estructura familiar compleja y solidaria”, apunta destacando la capacidad de los taguás de adaptarse a un clima muy difícil que puede tener días de 50 grados de calor con un sol cegador o soportar fríos bajo cero en los inviernos.
RESULTADOS SATISFACTORIOS
Yendo a la actividad del Centro, resume: “En lo que respecta a la cría en cautiverio, el estudio y el plan de conservación han arrojado resultados muy satisfactorios. El mayor desafío que enfrenta actualmente el proyecto es la protección efectiva del hábitat natural de la especie”.
Es que el avance de la deforestación en el antiguo territorio que habitaron enlhet, nivaclés, ayoreos y sanapanás, en lo que hoy es el departamento de Boquerón, hace difícil encontrar espacios para devolverlos a la vida silvestre.
Estos especiales chanchos de monte cumplen un rol clave en la dispersión de semillas y, sobre todo, y no es un detalle menor, en la preservación de agua en los senderos que van cavando las manadas en sus recorridos por el bosque.
En 1999, cuando el taguá fue la mascota de la Copa América organizada por nuestro país, se hizo la última reintroducción en la zona de la estatal estancia La Patria, que tiene unas 20.000 hectáreas de bosques protegidos. La experiencia concluyó en 2001 y, desde entonces, la caza furtiva y el avance de la frontera agrícola vienen limitando los espacios para la reproducción no solo de los taguás, sino de la diversa y variada fauna chaqueña.
Aquí su diálogo con El Gran Domingo de La Nación:
–¿Cuántos ejemplares silvestres se estima que sobreviven en el Chaco?
–Según el último censo realizado en 2012, se estimó una población de aproximadamente 5.000 individuos. Sin embargo, las estimaciones actuales indican que dicha población ha disminuido, situándose entre 3.500 y 4.000 taguás en estado silvestre.
–¿Por qué se dice que está en peligro de extinción?
–La difícil situación de la especie se da debido a una combinación de factores que han impactado severamente su población: la destrucción progresiva de su hábitat natural en el Gran Chaco Americano, la presión ejercida por la caza y la posible incidencia de enfermedades.
–¿Cómo impacta la deforestación en su hábitat?
–El taguá es una especie que evolucionó en estrecha relación con el bosque chaqueño, del cual depende para su supervivencia. No se adapta bien a los cambios en el uso del suelo ni a la degradación del monte nativo. Su bienestar está intrínsecamente ligado a la densidad del bosque chaqueño, entorno en el que encuentra refugio y camuflaje. Por ello, la deforestación afecta negativamente su reproducción y la diversidad genética de la especie, al aislar a los individuos y fragmentar su hábitat.
ALIMENTACIÓN
–¿Cuál es su principal fuente de alimentación?
–Su dieta se basa principalmente en el consumo de cactáceas, que representan el 80 % de su ingesta alimentaria. Si bien en el Chaco puede alimentarse de diversas especies de cactus, su preferida es la Opuntia chacoensis (NDR: popularmente conocidas como tunas).
–¿Cómo es la conducta del taguá?
–El taguá es un animal gregario que vive en grupos familiares de entre 2 y 7 individuos, con una organización social de carácter matriarcal. Todos los miembros del grupo participan en la protección mutua y en el cuidado de las crías. Es una especie diurna y de temperamento tranquilo, siempre que no se sienta amenazado o perturbado.
–¿Cómo es su vida silvestre?
–Su comportamiento en libertad no difiere significativamente del observado en cautiverio. La principal diferencia radica en que, en su entorno natural, los individuos están más expuestos a los riesgos y peligros propios del ecosistema.
REINTRODUCCIÓN AL HÁBITAT NATURAL
–¿En qué zona del Chaco se lo podría reintroducir?
–La reintroducción de una especie en su ambiente natural es un proceso de alta complejidad. Requiere evaluar el estado sanitario de los individuos candidatos, verificar que el área seleccionada reúna las condiciones ecológicas necesarias para la especie y garantizar que dicho territorio no estará sujeto a cambios en el uso del suelo. Asimismo, tras cualquier reintroducción es indispensable implementar un programa de monitoreo a largo plazo, lo que representa un desafío logístico y económico considerable.
–¿Quiénes los ayudan en la financiación de la actividad y aporte científico?
–El programa de conservación se financia íntegramente con fondos internacionales. En cuanto al respaldo científico, se trabaja principalmente en colaboración con zoológicos, instituciones y universidades de Estados Unidos y Europa. A nivel nacional, se trabaja en colaboración con la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de Asunción, el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) y el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades).
–El taguá fue mascota de la Copa América 99 y eso logró visibilizarlo. ¿Se analiza alguna estrategia parecida para el corto plazo?
–El objetivo principal del proyecto es la conservación de la especie. No obstante, como estrategia complementaria y de alto impacto inmediato se implementa activamente la difusión de su existencia y del rol ecológico fundamental que desempeña en el monte chaqueño. Esta labor de comunicación y educación ambiental se lleva a cabo mediante charlas dirigidas a visitantes nacionales e internacionales, así como a instituciones educativas de todo el país, con el propósito de generar una conciencia activa en torno a su valor y conservación. Esta iniciativa cuenta además con el respaldo de instituciones locales como la Secretaría de Turismo de Filadelfia y guías turísticos, quienes recomiendan el CCCI Proyecto Taguá como punto de interés turístico de la vida silvestre e histórico por su cercanía con los puntos del Fortín Toledo, el Samu’u del Franco Tirador y los cementerios Paraguayos y Bolivianos.
OTROS PROYECTOS
El Centro Chaqueño para la Conservación e Investigación (CCCI) tiene en marcha además el Proyecto Cactaceae, que se inició en 2021, que va de la mano con el principal de la cría de los taguá. “Tras varios años de observación de esta especie en estado salvaje y en cautiverio, se identificó un patrón alimenticio utilizado para complementar la nutrición de los grupos familiares. Entre los alimentos preferidos por el taguá se encuentran varias especies de cactáceas endémicas del Chaco. Bajo esta premisa se inicia el Proyecto Cactacea con la intención de producir parcelas experimentales para complementar su alimentación a partir de fuentes controladas y sostenibles”, se explica.
También se lleva adelante el Proyecto Tapir, iniciado en 2019, que estudia la especie en su comportamiento, patrones de movimiento y relacionamiento con el medioambiente. Allí se busca “información fundamental para el diseño de estrategias para preservar la especie, protegerla de amenazas y dar a conocer la importancia de su rol en el ecosistema. Utilizando técnicas de captura por métodos químicos para la toma de muestras biológicas, curación de heridas y lesiones, instalación de collares para el monitoreo de los especímenes mediante GPS, así como su observación por medio de cámaras trampa”, comentan.
“Todos estos datos ayudarán a conocer la interacción de la misteriosa especie con otras, incluyendo la humana, con la intención de generar información fundamental para la protección de su hábitat natural. La intención además es publicar estos hallazgos con fines académicos y el desarrollo de proyectos de conservación”, concluyen señalando.
UN LUGAR PARA VISITAR
El Centro Chaqueño para la Conservación e Investigación (CCCI), ubicado a 30 kilómetros de Filadelfia, ingresando unos 9 kilómetros desde la ruta Transchaco, comparte espacio con el Museo Fortín Toledo, que reúne objetos históricos y fotografías de época.
El recorrido también incluye la posibilidad de explorar antiguas trincheras, refugios subterráneos, conocidos como “tucas”, y otras estructuras originales. Destaca también la presencia de un samu’u que sirvió de “nido de francotirador” en la guerra del Chaco.
Allí también se pueden observar los cementerios de soldados paraguayos y bolivianos, caídos en la batalla de Toledo, que se desarrolló entre el 25 de febrero y el 11 de marzo de 1933 y fue uno de los enfrentamientos principales de la guerra del Chaco. En dicho combate se frenó el avance de las tropas bolivianas hacia Isla Po’i, el centro de operaciones estratégicas del Ejército paraguayo.
El fortín Toledo fue fundado el 21 de enero de 1927 y su nombre rinde homenaje al héroe de la guerra de la Triple Alianza coronel de caballería Felipe Toledo, que ofrendó su vida en la batalla de Lomas Valentinas.
“La instalación del fortín respondió a una doble finalidad estratégica: por un lado, resguardar la integridad del territorio nacional en una zona clave del Chaco y, por otro, brindar protección a las colonias menonitas establecidas en las cercanías”, recuerda la Wikipedia.
Está habilitado allí también el Museo Interactivo Ruta Chaco Boreal, una aplicación tecnológica que permite a los visitantes acceder a información histórica y patrimonial mediante herramientas digitales. La señalética del recorrido también incorpora sistemas inclusivos como braille y códigos QR.

