• David Velázquez Seiferheld
  • Historiador
  • Fotos: El Hogar Normalista

La consolidación de la Escuela Normal a partir de 1896 transformó radicalmente la concepción de la enseñanza y el rol del maestro en la sociedad paraguaya. En su primera época, el normalismo imbuyó al magisterio de un acendrado espíritu cívico, llevando a los docentes a considerarse a sí mismos como verdaderos “apóstoles y emisarios de la redención del Paraguay”. No se trataba simplemente de instruir, sino de ser portadores de un fuerte mensaje político y de reconstrucción nacional tras la tragedia bélica.

Este apostolado cívico quedó magistralmente plasmado en las palabras de la entonces alumna-maestra Serafina Dávalos en 1897, quien afirmaba que la tarea de educar consistía en “dirigir los pasos de la niñez encaminándola por el sendero de la civilización”, bajo la profunda convicción de que el maestro ejercía “una influencia directa sobre el destino de nuestra querida patria formando su espíritu tal cual será mañana”.

Para estos educadores, la causa más noble a la que podía consagrarse un ser humano era la de su propio país, anhelando ver al Paraguay “ocupando el primer asiento en el gran círculo del progreso”.

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Para lograr esta redención, el normalismo forjó una estrecha e indisoluble alianza con el higienismo, convirtiendo al maestro en una especie de “médico social”. El aula se transformó en un espacio de disciplinamiento donde se combatía la “barbarie” mediante la imposición del orden, la higiene y la norma.

El higienismo instauró el control del cuerpo del alumno; por ejemplo, la idea de mantener una “postura corporal correcta” era uno de los aspectos en los que el normalismo educativo insistía con mayor rigor, considerándolo una condición innegociable para lograr una buena caligrafía y asimilar los hábitos de la civilización.

Hay que señalar, además, que el magisterio se desenvolvió bajo condiciones y requisitos que hoy resultarían, cuando menos, llamativos. Para ingresar a la Escuela Normal, era necesario tener el cuarto grado concluido, como todo requisito básico. De ahí que se encuentren en los registros maestras y maestros muy jóvenes, algunos de ellos adolescentes apenas mayores que muchos de sus alumnos, en un medio en que la sobreedad y la repitencia eran frecuentes en las aulas de la República.

La Escuela Normal introdujo el programa Gota de Leche de complemento nutricional para los alumnos de la Escuela de Aplicación

CAMBIO SOCIOLÓGICO

A la par de esta transformación pedagógica, el normalismo desencadenó un profundo cambio sociológico: la feminización cuantitativa y cualitativa del magisterio.

Si bien a nivel internacional comenzaba a fortalecerse el paradigma de que las mujeres debían encargarse de la educación en los primeros años para suavizar la transición entre el hogar y la escuela, en el Paraguay este fenómeno respondió a determinantes dramáticamente distintos.

La catástrofe demográfica provocada por la guerra de la Triple Alianza generó un agudo desbalance entre los sexos, dejando a las mujeres como el pilar de la reconstrucción. Además, el magisterio se convirtió pronto en una profesión muy mal pagada.

Los varones, presionados por la necesidad de mayores ingresos, abandonaron masivamente las aulas, dejando la docencia a cargo casi exclusivo de las mujeres. Para el año 1927, las estadísticas eran elocuentes: en las Escuelas Normales, de los 591 estudiantes matriculados, apenas 77 eran varones.

Esta feminización de la profesión docente tuvo consecuencias políticas e intelectuales revolucionarias para el país. Al profesionalizarse, ingresar al mercado laboral y asumir un rol público protagónico bajo los ideales cívicos del normalismo, las maestras desarrollaron una aguda conciencia sobre las injustas limitaciones de sus derechos civiles y políticos.

No es una casualidad histórica que las pioneras de los primeros movimientos feministas paraguayos a inicios del siglo XX hayan sido, en su totalidad, maestras normales.

Ramón Indalecio Cardozo introdujo la experimentación educativa de la Escuela Activa en la Escuela Normal

LUCHA POR LA EMANCIPACIÓN

El ejemplo más insigne de este fenómeno es Serafina Dávalos, quien egresó como preceptora en 1895 y, apenas un año después, en 1896, ya se encontraba peticionando al gobierno la creación de la Escuela Normal de Maestras, argumentando con firmeza que “la mujer tiene tanto derecho a la consideración de los poderes públicos como los varones”.

Junto a ella, otras normalistas como María Felicidad González y Carmen G. de Ynsfrán (fundadora de la Asociación Feminista de Asunción) lideraron la lucha por la emancipación. De este modo, la Escuela Normal no solo alfabetizó y disciplinó al Paraguay del siglo XX, sino que se constituyó en el semillero indiscutido del feminismo nacional y en la plataforma de las mujeres para exigir su legítimo lugar en la República.

Una fractura en este estrato temporal fue la aparición del escolanovismo, con la reforma de 1925 liderada por Ramón Indalecio Cardozo.

Esta perspectiva progresiva sobre la educación, centrada en los intereses del niño y la actividad como medios para el aprendizaje, como instrumentos de maduración progresiva de la libertad del niño y su educación para la autonomía, entró rápidamente en tensión con el normalismo clásico, centrado en el docente y en el disciplinamiento impuesto.

Aun a pesar de las diferencias, la Escuela Normal recibió al escolanovismo luego de varios experimentos pedagógicos, aunque el final del ciclo cardociano en 1933 arrastró consigo a su propuesta. El normalismo clásico volvió a la Escuela Normal y el escolanovismo fue prontamente olvidado, junto con su mentor.

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