- Jorge Zárate
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El neurocientífico australiano Mike Nagel viene mostrando alarmantes resultados de sus escaneos de cerebros de menores que usan de manera intensiva las pantallas de teléfonos, computadoras y televisores. Niños que tienen déficit de materia blanca, adolescentes con elementos que hacen pensar en un tipo de “demencia digital”. Aquí un análisis con profesionales paraguayos sobre esta realidad.
Dificultades severas de atención, problemas de memoria, fatiga mental, menor tolerancia al aburrimiento y dependencia constante de estimulación digital, son síntomas que se reiteran entre niños y jóvenes que crecieron usando pantallas de manera excesiva.
De acuerdo al estudio de Mike Nagel, profesor de la Universidad Sunshine Coast de Australia, niños que están entre 2 y 3 horas frente a pantallas tienen ya un desarrollo anormal de su materia blanca. “Nuestra intención es cambiar el comportamiento de los padres y dejar de usar los dispositivos para, básicamente, cuidar a los niños”, dice el científico autor del impactante libro “Volviéndose autista”, donde compara el impacto de estos daños con la sintomatología del trastorno del espectro autista (TEA) y llega a hablar de un “autismo virtual”.
Volviendo al estudio, la materia blanca está compuesta por axones que transmiten información. Estos axones están recubiertos por mielina, sustancia que actúa como si fuera el aislamiento plástico de un cable eléctrico. Su función es transmitir información rápida a través del cerebro, actuando como la red de “cables” que conecta la sustancia gris.
De acuerdo a los especialistas, los daños en la materia blanca podrían afectar el desarrollo del lenguaje y la alfabetización.
“DEMENCIA DIGITAL”
Otro dato duro: en adolescentes que permanecen entre 6 y 8 horas frente a pantallas se hallaron “crestas cerebrales ensanchadas y adelgazamiento en áreas clave”, patrones similares al alzheimer temprano. A esto último le dio el nombre de “demencia digital”.
Nagel también es responsable de estudios en los que da cuenta de que cayó el coeficiente intelectual promedio en la historia y que se viene dando un aumento progresivo de demencia temprana en personas de entre 35 y 44 años, casos que tributarían a la antes citada “demencia digital”.
UNA MIRADA LOCAL
Ante ese cuadro, La Nación/Nación Media hizo una consulta en la que el neurólogo infantil José Medina admite que lo encontrado por Nagel ya es una realidad. “Existen estudios científicos que describen casos de adelgazamiento cortical. Hay cuadros de anhedonia: incapacidad de sentir placer con estímulos que no tengan la intensidad o velocidad de una pantalla. Déficit ejecutivo: problemas graves para planificar, organizar y, sobre todo, inhibir impulsos. Fragmentación de la atención: una incapacidad crónica para sostener o mantener el foco en una sola tarea por más de unos pocos minutos”, explica.
La neuropsicóloga Natalia Martínez Bruyn considera importante señalar que “en la práctica clínica no se utiliza el término ‘demencia digital’ como un diagnóstico formal, y que lo que se observa en consultorio no son daños neurológicos estructurales definidos, sino la completa situación social en la que sucede potencialmente algún desarrollo funcional insuficiente”.
Apunta luego que “el problema radica más bien en alteraciones conductuales observables, de procesos que se encuentran en desarrollo y son de orden biopsicosocial, más que en la limitación a daños estructurales cerebrales permanentes como un fenómeno aislado”.
Recuerda entonces que “desde la perspectiva de Lev Vygotsky, el desarrollo psiconeurológico oportuno depende de experiencias dirigidas socialmente y cuando estas son sustituidas por una estimulación digital prolongada y pasiva, el proceso puede verse interferido y los niños, niñas y adolescentes llegar a caracterizarse por dificultades para mantener la atención focalizada en algún punto, por no lograr un adecuado control emocional, presentar reducción en sus capacidades comunicativas y no lograr sostener un esfuerzo cognitivo en tareas que demandan un aprendizaje complejo”, expone.
¿UNA ADICCIÓN?
Verónica Contreras es oftalmóloga de niños y cuenta que “lo que aparece en los menores es un incremento de dopamina por hiperestimulación, lo que hace que el niño tenga mayor sensación de gratificación con las pantallas que con cualquier otra actividad. Por lo que al salir a jugar, andar en bicicleta u otras actividades que les ofrecemos le resultan insulsas y aburridas”.
Esto llega a tal punto de que “en los niños a los cuales se les ha eliminado el uso de electrónicos, han presentado todos los síntomas de abstinencia igual que un adicto. Presentan cambios de humor, rabietas, entre otras cosas. Estos síntomas duran alrededor de 15 días, hasta que el niño vuelve a la normalidad”, apunta.
¿EVITAR LAS PANTALLAS?
Martínez Bruyn recuerda que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda evitar absolutamente la exposición a pantallas de menores de dos años. “Luego, estas podrán incorporarse adecuadamente limitando su uso a una hora diaria y siempre acompañados y por adultos responsables”, dice del standard ideal. Entiende que “no se trata de eliminar las pantallas, sino de que los adultos dediquen un tiempo especial a informarse sobre las maneras de regular su uso según cada edad”.
Contreras, a su turno, apunta que “la Asociación Española de Pediatría desde el año pasado recomienda que los niños menores de 6 años no tengan nada de contacto con pantallas”. Esta situación contrasta con la realidad, ya que “hay una facilidad, como adultos, en utilizar las pantallas como niñeras electrónicas. “Para que coman tranquilos” o “para que no molesten mientras hablamos, nos reunimos o lo que sea”. Pero lastimosamente al intentar estar bien, estamos creando un problema a largo plazo, del que ellos no van a poder salir solos más adelante”.
Medina, autor del libro “Navegar en el autismo”, agrega que “el desarrollo de la tridimensionalidad, el lenguaje y la autorregulación emocional requieren interacción humana y táctil con el mundo físico. Posteriormente, la convivencia es posible, pero bajo un esquema de ‘higiene digital’: menos de 2 horas al día en adolescentes con la prohibición de pantallas en el dormitorio y durante las comidas sería lo ideal”, apunta.
Para Martínez Bruyn es posible reeducarse “del uso problemático en un abordaje integral que incluiría psicoeducación a las familias, reorganización de hábitos, fortalecimiento de la corregulación emocional y, en algunos casos, intervención psicoterapéutica. El objetivo no es solo reducir el uso de tecnologías, sino restituir condiciones para un relacionamiento saludable con ellas”, concluye.
EL SCROLL INFINITO
Estudios internacionales indican que un cerebro hiperestimulado es incapaz de resolver lo complejo y profundo favoreciendo lo superficial y sencillo: El scroll, desplazar la pantalla buscando nuevos estímulos, videos cortos en su mayoría, aleja a los jóvenes de los buenos textos.
La neuropsicóloga Natalia Martínez Bruyn explica que termina “afectando, entre varios otros aspectos, a su capacidad de espera y su desarrollo sobre el concepto del valor del esfuerzo a largo plazo. Esto podría llegar a incidir en la conformación de ensambles neuronales implicados en procesos cognitivos de atención y otros más complejos como los intelectuales, para el análisis y síntesis de información del medio. Todos estos son operadores neuropsicológicos inherentes a sus capacidades para leer un texto de forma comprensiva y desarrollar el pensamiento reflexivo”, recuerda.
Medina aporta que “la lectura de textos largos requiere un proceso llamado ‘paciencia cognitiva’. Cuando un joven se enfrenta a un libro, su cerebro, acostumbrado a la inmediatez del video corto, lo interpreta como ‘aburrido’, provocando el abandono. Estamos perdiendo la capacidad de lectura, abstracción y de análisis”, señala con preocupación.
UNA CURA DE AMIGOS Y ACTIVIDADES AL AIRE LIBRE
El neurólogo infantil José Medina, a la hora de tratar estos cuadros, se muestra partidario de un “enfoque multidisciplinar que incluya psicoterapia para manejar los síntomas de abstinencia y la ansiedad subyacente y una reconexión sensorial con actividades que estimulen el neurodesarrollo como el deporte, artes manuales, contacto con la naturaleza, etc.”.
Entiende también importante abordar la empatía: “El reconocimiento de microexpresiones faciales y la lectura de claves sociales se aprenden mirando rostros, no píxeles. El aumento de la ansiedad social en jóvenes está directamente ligado a la falta de práctica en el mundo analógico, donde no existe el botón de borrar o bloquear en tiempo real”, señala.
Para Verónica Contreras, oftalmóloga de niños, otro problema importante del uso de pantallas “es que casi todas las personas nos guiamos por un ritmo circadiano que es marcado por las horas de sol y oscuridad”, señala.
Lo hace recordando que “la glándula pituitaria requiere del estímulo de luz para saber si es de día o de noche. Por ello, los niños expuestos a pantallas de noche o antes de dormir siguen con un estímulo de luz que hace que se modifique esa percepción, lo que crea alteraciones del sueño y no logran descansar en forma”. De allí las recomendaciones de que no se usen pantallas por lo menos una o dos horas antes de acostarse.
Según explicó, en la oftalmología pediátrica “se empezó a ver una asociación del aumento de miopía por el uso de pantallas”. Explica que esto se debe “al incremento excesivo de actividades de visión cercana, por lo que el cerebro del niño, que está en desarrollo, percibe que necesita ver solo de cerca y se elonga más rápidamente para lograr eso, ya que los miopes ven mejor de cerca, pero lastimosamente muy mal de lejos”.
Ante ese cuadro, la especialista aboga por incrementar las actividades al aire libre, “por al menos 2 o 3 horas al día porque si el niño está encerrado todo el día en una habitación, sin estimulación de su visión lejana es propenso a este problema”, apunta.

