• Jimmi Peralta
  • Fotos: Gentileza

La Dra. Teresita Noemí González trabajó 19 años como bioquímica en el viejo Hospital de Clínicas. Tras su mudanza, pasó a realizar una labor de rescate cultural y humano a través de la fotografía y estuvo a cargo del museo del nosocomio hasta su jubilación. Ahora resume la labor de todo este tiempo en un fotolibro que invita a sumergirse en minucias que esperan ser observadas y encontradas.

Este martes 19 de mayo, a las 11:00, tendrá lugar el lanzamiento del fotolibro “Hospital de caridad”, de la Dra. Teresita Noemí González. El acto tendrá lugar en el Centro Cultural Prof. Dr. Salvador Addario, de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción (avda. Dr. Montero y Dr. Mazzei).

Se trata de una síntesis narrativa personal que realiza la autora, quien luego de desarrollar por casi dos décadas su vida laboral en el viejo Hospital de Cínicas como bioquímica logró darle forma final y compartida a los instantes de luz que se vivían en el antiguo nosocomio.

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–¿Tuviste una relación profesional o personal con el viejo Hospital de Clínicas?

–Ejercí la profesión de doctora bioquímica por 19 años, de 1993 hasta el 2012, año en que se mudó el viejo hospital a San Lorenzo. Como yo siempre compaginé mi profesión de bioquímica con la fotografía, en el momento de la mudanza surgió la posibilidad de ayudar al Prof. Dr. Salvador Addario (+) en la concreción de su proyecto de museo de la medicina en las viejas instalaciones del nosocomio. Entonces, tomé la decisión de abandonar la profesión y abocarme a la gestión cultural de realizar con el profesor Addario el Museo Hospital de Clínicas, el cual se inauguró en 2014 y hoy es Centro Cultural de la Facultad de Medicina-UNA. Trabajé como coordinadora y luego como jefa del museo hasta el 2022, año en que me jubilé.

–¿Influyó eso en tu temática como fotógrafa?


–Sí, totalmente. En 2007 tomé el taller de fotografía de Jorge Sáenz en el que pedían abordar un proyecto. Simultáneamente en el Hospital surgió el rumor de que iba a mudarse al campus de San Lorenzo. Muchos decían que no iba a mudarse nunca, otros que la mudanza era ya imperativa. Entonces, decidí retratar la vida cotidiana del lugar y llevar eso como proyecto al taller. El profe Sáenz me dio las primeras herramientas del ensayo fotográfico documental y tuve la oportunidad de mirar muchos libros de fotografía que quedaron grabados en mi mente.

MOTIVACIÓN

–¿Qué descubrimientos, narrativas y/o maravillas encontrás en ese lugar a través de tu cámara?


–Para mí es una fuente inacabable de inspiración. El descubrimiento de la heroicidad anónima, la maravilla de la empatía, la resistencia a pesar del cansancio, el poder de comunicación de la mirada, el hastío, pero a la vez la motivación de ayudar al prójimo.

–¿Qué roles, personajes o historias relevantes pensás que lográs rescatar el hospital para su valoración con tu trabajo?


–Primero, la historia cotidiana con todas sus contradicciones de trabajar en un sitio lleno de dificultades y carencias, pero con mucha empatía del personal de blanco. Ver cómo en medio de la pobreza muchas veces los médicos más jóvenes colaboraban para medicamentos de los pacientes abandonados por sus familiares, porque algunas veces venían del interior, les dejaban a su paciente y se iban y no se sabía cuándo volverían. No era todas las veces, pero pasó en varias ocasiones y ahí colaboraban las damas de beneficencia y las hermanas Hijas de la Caridad, además de los médicos y las enfermeras.

–¿Cómo se vivió el proceso de mudanza?

–Los propios funcionarios cargaban en sus brazos muebles y objetos, también los militares ayudaron. Hubo desazón que se vivió en ese momento, pues muchos no querían mudarse, ni funcionarios, ni pacientes, ni sus familiares, ni los vecinos del barrio, pues se quedarían sin su hospital, ni los comerciantes que vivían del movimiento diario. Como yo me quedé a ayudar con el museo, viví el abandono temporal en el que se sumió el espacio.

Rescate cultural a través de la fotografía por la Dra. Teresita Noemí González

MEMORIA

–¿Cómo desarrollaste el proceso de curación y conceptualización de este libro?

–Este libro es posible gracias al invaluable apoyo del Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (Fondec). En cuanto a la narrativa, lo desarrollé sola, con el paso de los años lo fui puliendo. El guion curatorial lo construí yo, teniendo presente cómo se comporta la memoria cuando uno recuerda algo, es selectiva, no cronológica. Uno recuerda lo que más le duele, le impacta o le agrada.

–¿Qué fotógrafos/as paraguayos/as e internacionales te inspiran en tu trabajo?

–Luis Vera, Cecilia Rojas, Erika Meza, Jorge Sáenz, Javier Medina Verdolini, Fernando Franceschelli y varios más. Tenemos fotógrafos muy talentosos en nuestro país. Algunos nacieron en Argentina, pero hace años viven y trabajan en Paraguay, enseñan y comparten lo que saben. Entre fotógrafos internacionales, me gusta mucho el trabajo de Sebastián Salgado, Nan Goldin, Vivian Maier, Adriana Lestido y varios más.

–¿Cuál es el puente que une o conecta la bioquímica y la fotografía en tu vida?


–El puente que conecta la bioquímica y la fotografía en mi vida es la observación de los pequeños detalles. Por ejemplo, en bioquímica una persona aprende a mirar los elementos al microscopio y puede encontrar las anomalías en una célula, en un tejido. En fotografía si uno aprende a observar una foto, te puede contar muchísimo de una persona, un lugar, una situación. Eso es lo maravilloso de narrar con imágenes. Mi fotolibro está lleno de esas minucias esperando ser observadas y encontradas.


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