- Paulo César López
- paulo.lopez@nacionmedia.com
- Fotos: Cristian Gordillo
Malón finalizó recientemente una gira en homenaje a los 35 años del lanzamiento del álbum “Ácido argentino”, que sería consagratorio en el meteórico ascenso de Hermética. A pesar de su relativa corta existencia, esta banda dejó una huella profunda en el metal latinoamericano con su sonido potente, crudo y lírica contestataria.
La gira por el noreste argentino de tres fechas consecutivas recorrió Posadas, Resistencia y Formosa, concluyendo el 2 de mayo en el Club Sol de América de esta última ciudad. Si bien lastimosamente en esta ocasión no se incluyeron presentaciones en nuestro país, hubo presencia paraguaya hasta en el escenario.
El grupo binacional Manto Negro fue el encargado de iniciar el show. Si bien tocó ante un público aún reducido y muy ansioso por el plato fuerte, causó muy buena impresión y vale la pena ser escuchado con más atención.
Cerca de las 23:00 se iniciaba propiamente el espectáculo La H no Murió, que pasó a ser prácticamente el nombre de la banda integrada por Claudio O’Connor en la voz, Antonio “Tano” Romano en guitarra, Karlos Cuadrado en bajo y Javier Rubio en batería, quien presentó un solo muy aplaudido en el intermedio.
“METAL PESADO NACIONAL”
Quisiera rescatar acá la propia definición de Ricardo Iorio, quien no estaba para perder el tiempo en minucias como que el heavy no es lo mismo que el thrash y otras diferenciaciones de índole más bien angloparlante. Su conceptualización también calza con la hibridez de la producción artística de nuestra región.
Hermética –integrada por Ricardo Iorio en el bajo, O’Connor en la voz, Romano en la guitarra y Tony Scotto en la batería, reemplazado luego por Claudio Strunz– es para muchos una espina clavada en el corazón del metal pesado latinoamericano, porque pudo ser la banda más grande de todos los tiempos en nuestro idioma, pero duró solo seis años, que fueron suficientes para dejar tres discos fundamentales: “Hermética” (1989), “Ácido argentino” (1991) y “Víctimas del vaciamiento” (1994), además de “Intérpretes” (1990), un LP de covers, y discos en vivo.
CONTINUIDAD DEL LEGADO
El espíritu de Hermética no se reduce a esos seis años, sino que se inicia incluso antes con V8 y prosigue posteriormente tras su disolución con Almafuerte, bajo el liderazgo de Iorio, y el resto de la banda en Malón, que visitó nuestro país por última vez en diciembre de 2023 como parte de esta misma gira.
El concierto se inició con un listado rigurosamente en orden del disco homenajeado, causándome la extraña y hermosa sensación de revivir las canciones en la misma secuencia que aquella primera vez que cayó en mis manos.
Así, el primer rugido de la noche fue “Robo un auto”, al cabo del cual un problema técnico estuvo a punto de pudrirlo todo. “No murió, la H no murió”, coreó el público alentando el retorno al escenario. La banda hizo gala de buen humor y volvió para hacer la segunda canción de la noche y del disco, la revivalista “Revancha de América”.
Cabe mencionar que esta canción fue muy influyente en la escena del metal de nuestra región para que se empiecen a abordar temas de los pueblos indígenas en las letras. Esto podría decirse incluso a pesar del propio Iorio, quien ya en plena madurez se retractaría en una entrevista en la que afirmó que en lugar de escribir “Sentir indiano” hubiera escrito “Sentir hispano”.
FIGURA POLÉMICA
Como buen genio que era, Iorio tenía un carácter fuerte y a menudo le reprochaban (digo en pasado porque todo muerto pasa a ser un santo) que terminó representando lo contrario a los ideales que defendía, acercándose incluso a posiciones de tendencia nacionalsocialista.
Desde mi perspectiva, en cambio, se plantó hasta el final, primero en contra del terrorismo de Estado, la corrupción política y la explotación, y luego ante las corrientes wokistas y canceladoras que pasaron a ser hegemónicas.
Acentuando sus maneras de gaucho macho, le gustaba provocar a la opinión bienpensante con declaraciones polémicas, que le valieron incluso ser vetado para cantar el himno nacional antes de un partido de eliminatorias de la selección argentina.
LÍRICA PROFUNDA
El grito más eufórico del público hasta ese momento de la velada irrumpió con “Memoria de siglos”, quizá la muestra más elevada, profunda y filosófica de la pluma de Iorio. Esta canción plena de ingeniosos giros retóricos, como el de “muchos calzan gorro frigio solamente por ser calvos”, quizá se ajuste a la perfección para describir la situación política actual de ese país.
Siguiendo con el orden del disco, “Predicción”, “Atravesando todo límite”, “Horizonte perdido”, “Vientos de poder”, “Del camionero” precedieron al primer diálogo con el público. “Feliz día a los trabajadores y a los que no tienen trabajo también. Vamos a reconstruir este país, como siempre”, fueron las palabras de O’Connor para dar paso a los riffs de “Gil trabajador”, uno de los momentos cumbres de la noche.
Otro momento muy emotivo fue la recordación a Iorio. “35 años de ‘Ácido argentino’. Estamos aquí para levantar la bandera que plantó nuestro compañero Ricardo, para que no se olviden de su legado, que no se pierda su poesía, ¡la H no murió!”, remató haciendo estallar el pogo con “En las calles de Liniers”.
CON LOS AMIGOS EN EL CONCIERTO
Para mantener los decibeles en alto, “Evitando el ablande” sacudió las cabezas reafirmando el espíritu de resistencia que atraviesa todo el álbum.
En poco más de hora y media, la banda recorrió prácticamente todos los clásicos de los tres discos como “Vida impersonal”, “Víctimas del vaciamiento”, “Sepulcro civil”, “Olvídalo y volverá por más”, “Cráneo candente”, “Cuando duerme la ciudad”, “Ayer deseo, hoy realidad”, “Otro día para ser”, “Soy de la esquina”, “Masa anestesiada”.
Como cierre, para que nadie se quede con las ganas, “Tú eres su seguridad” piantó un lagrimón y dejó sin voz a más de uno.
A manera de valoración final se puede decir que la noche terminó siendo algo más que un recital: fue un encuentro entre generaciones, donde otrora melenudos devenidos calvos o canosos llevaron a sus hijos a vivir el sueño que alguna vez fue el propio.

