• Toni Roberto
  • tonirobertogodoy@gmail.com

Este domingo Toni se inspira en la partida de Kitty Gorostiaga, antigua vecina del barrio Gral. Díaz, para homenajear a “los vecinos de al lado”, esos habitantes de antes que se convertían en parte de nuestras familias y que todos recordamos en nuestros barrios de antes.

El sonido de la apertura del portón metálico con la firma de la herrería de Francisco Caló, a las 6 de la mañana, anunciaba la salida del contador público Rogelio Gorostiaga con su viejo Mercury de los años 50, rumbo, tal vez, a la oficina particular del ingeniero Enzo Debernadi u otro cliente. Así, todos los días durante décadas o más de medio siglo, mi familia materna vivió como si fuera la misma casa en la casa de al lado.

EL CHALET DE LOS GOROSTIAGA

En ella, doña Lelia Bogado de Gorostiaga cuidaba impecable su chalet de los años 50 que había realizado Alberto Barrail. A la entrada, una ingenieril escalera que llevaba a la puerta principal; a la izquierda, un escritorio; a la derecha, la sala y un piano que daba a la calle Alberdi, que en las tardes de fin de semana sonaba de la mano de las hermanas Kitty y Cynthia Gorostiaga, las hijas de matrimonio Gorostiaga Bogado.

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Don Rogelio, que había nacido en 1910, peleando en la guerra, perteneciendo a la distinguida legión de Radiooperadores del Chaco, de la promoción de contadores recibida inmediatamente al finalizar la contienda, puesto que la mayoría de los compañeros había participado defendiendo a la patria.

En ese hogar del matrimonio y las dos hijas que habían estudiado en el prestigioso Liceo San Carlos, abrazando luego la primera la carrera de Arquitectura y quien trabajara en el estudio del célebre arquitecto Natalio Bareiro, y la segunda, Cynthia, recibida de Matemática, en 1965, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción, y quien luego partiera a los EE. UU. logrando trabajar, nada más y nada menos, como traductora oficial del Departamento de Estado en Washington.

LA PARTIDA DE KITTY

Todos estos recuerdos y otros por venir, nacieron de mi alma ante la partida de Cristina “Kitty” Gorostiaga de Sánchez, quien residía desde hace muchos años en Madrid. Las fuentes de sopa paraguaya, o algún plato exquisito que se preparaba en su casa y viceversa, cruzaron por mi memoria como en una sinfonía de Chopin o de Mozart por aquella muralla que dividía los patios separados por un antiguo pasadizo público que existía hasta los años 30 sobre la calle Alberdi.

ZONA CRÍTICA EN EL 47

Desde los recuerdos contados por ellas de la Revolución del 47, el refugio de mi madre por la participación directa de mi abuelo en aquel conflicto, la zona oeste del barrio Gral. Díaz era una de las más peligrosas en Asunción en la época, puesto que se encontraba en medio del fuego cruzado, entre la Intendencia del Ejército, el Liceo Militar Acosta Ñu y la antigua Carrería Nacional, donde se enfrentaban, increíblemente, cuñados, primos, hasta hermanos, o los recuerdos de las tías Lola, Nieve y Berta Bogado, maestras de generaciones de paraguayos de otros tiempos, hasta de presidentes.

¿DÍA DEL VECINO DE AL LADO? TAL VEZ

No sé si existe un día del “vecino de al lado” en el Paraguay, pero las charlas desde las respectivas terrazas, con los lirios rojos del jardincito que adornaban la amistad de las dos familias hacían honor a aquellas viejas maneras de trato de vecinos de otras épocas y que hoy rememoro ante esta partida que se convierte en una vuelta, con los recuerdos atesorados por todos los que todavía vivieron una Asunción céntrica de los años 70. Tal vez los fieles lectores de estas páginas de domingo puedan identificarse con estas emociones y representen a aquel vecino de al lado, que se convertía en un pariente más en cualquier rincón de cada barrio de Asunción, de un tiempo que hoy ya es ayer.

“El chalet de los Gorostiaga”. Diseño: Alberto Barrail. Barrio Gral. Díaz. Asunción c. 1949.

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