- Jorge Zárate
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- Fotos: Gentileza
Poca gente de la que habitualmente transita la calle que la homenajea en Asunción sabe que fue la única mujer que participó de la refundación de la hoy capital de la Argentina en 1580. Tampoco que era criolla de madre payaguá y padre gallego, que la homenajearon en la literatura y la pintura, y se transformó en un símbolo del mestizaje americano en el Río de la Plata. La historiadora Mary Monte de López Moreira nos guía en el recuerdo de esta heroína criolla.
“Definiría a Ana Díaz como una mujer animosa, audaz y valerosa como algunas de su género que vinieron al Paraguay en el siglo XVI y otras tantas criollas y mestizas que, como ella, fueron personas emprendedoras”, comienza diciendo la historiadora María Graciela Monte de López Moreira.
Ana fue hija de Savé, una mujer payaguá, y del gallego Mateo Díaz, soldado de la expedición del adelantado Álvar Núñez Cabeza de Vaca. La madre era cautiva de otro soldado que la perdió a manos de Díaz en una partida de dados.
Savé fue recuperada por los payaguás en un ataque a Asunción; Mateo Díaz murió tiempo después y Ana, huérfana, quedó a cargo de un tutor, que recién cuando se casó con Rafael Forel le transfirió los bienes que heredó al marido como disponían las leyes de la época.
LA DECISIÓN
Forel fallece años más tarde en un combate y Ana queda viuda, con un poco de ganado que había heredado de su padre como toda fortuna. Es allí que toma la decisión de sumarse a la expedición de Juan de Garay.
“A principios de 1580, Juan de Garay promulgó un bando en Asunción, en el cual mencionaba la necesidad de hallar hombres y mujeres de ánimo aguerrido para fundar de nuevo el puerto de Buenos Aires. Se alistaron 80 vecinos asuncenos, unos 66 mestizos y criollos, entre ellos se hallaba Ana Díaz y el resto españoles”, apunta Monte.
“Con seguridad, Ana llevó parte de sus bienes heredados de su padre, consistentes en ganado vacuno, caballar y ovino, pues la expedición comprendía también el ganado de cada fundador, a más semillas de diversa índole para sembrar, enseres necesarios para el establecimiento de una población”, agrega.
PRESENCIA SIGNIFICATIVA
Para Mary Monte, “la presencia de Ana Díaz en la expedición es muy significativa, pues siendo ella mujer, ya mayor para esa época y respetada por su condición de viuda sin hijos, se ofreció muy segura de sus acciones para formar parte de la empresa fundadora, circunstancia que revela su bizarría y deseos de cumplir con la misión fundacional dispuesta por la corona y ejecutada por los conquistadores.
Su presencia de mujer sola en la delegación integrada, en su mayoría, por hombres no pasó desapercibida, pues en ocasión de los repartimientos de solares, Ana fue beneficiada con una propiedad de importantes dimensiones”, señala la historiadora.
Recibió el solar número 87 que medía 300 varas, unos 210 metros cuadrados (m2) que incluían la actual esquina sudoeste de Florida y la avenida Corrientes, pleno centro de Buenos Aires, donde una placa reza: “Ana Díaz, acompañó a los ‘mancebos de la tierra’ en la expedición de Juan de Garay, y en este solar se le adjudicó en 1583, 1/4 de manzana, como participante en la fundación de Buenos Aires. Homenaje de las mujeres paraguayas integrantes del Instituto Femenino de Investigaciones Históricas y del Club del Libro n.° 1 de la Asunción. 1971”.
SABERES AGRÍCOLAS
Monte en su trabajo histórico suele ponderar el dominio de la agricultura de las mujeres nativas y entiende que eso pudo ayudar a Ana a salir adelante en su solar porteño. “De hecho, las mujeres guaraní eran extremadamente laboriosas con el sembradío y con seguridad las mestizas siguieron con ese legado.
Es probable que Ana haya llevado, a más de su ganado, varios tipos de semillas, ya que las mujeres eran diestras en este menester, pues ellas conocían cinco variedades de maíz (sembraban dos veces al año) y seis de batatas y aplicaron las más variadas técnicas para obtener unas 24 variedades de mandioca, originariamente venenosa. A más de otros frutos: curapepé, andaí, tayaó, cumandá, pacobá, manduví, pety, mandiyú con capullos blancos y rojizos”, detalla.
“Es recordada en la ciudad porteña como la madre de Buenos Aires por su temeraria hazaña de dejar atrás su terruño natal e integrar la expedición fundadora aportando para dicha causa todos sus bienes económicos y con seguridad también, los sentimentales”, agrega.
HOMENAJES
“La historia recogió algunos datos breves de su posterior estadía en la nueva ciudad de Buenos Aires. Se sabe que contrajo matrimonio con otro mestizo paraguayo, Pedro Isbrán, de quien tuvo una hija llamada Felipa, casada con Domingo de los Santos, pobladores de la zona de Matanza. No hay registros documentales de si volvió al Paraguay, posiblemente no haya regresado”, expone Monte.
Cuenta la historia que Juan de Garay llamó Valle de Santa Ana al partido de las Conchas, hoy Tigre, en honor a Ana Díaz. En la actualidad una calle y una estación del premetro de Buenos Aires, en la intersección de las avenidas Larrazábal y Cruz, llevan también su nombre.
En cuanto al rescate de su persona, Monte explica que “esta loable acción se debe al Instituto Femenino de Investigaciones Históricas (hoy desaparecido), presidido por la doctora Idalia Flores de Zarza, que comprendiendo la trascendencia de Ana Díaz y haciendo un acto de justicia, en 1972 solicitó a la Junta Municipal que una calle de Asunción llevase su nombre. A ese efecto, la antigua arteria Juan Leopardi pasó a denominarse Ana Díaz en homenaje a esta valerosa mujer mestiza fundadora de la capital argentina”, concluye.
EN CUADRO Y LITERATURA
El rey Alfonso XIII, en 1910, para el primer centenario de la revolución de mayo obsequia el cuadro “Fundación de Buenos Aires”, del artista malagueño José Moreno Carbonero.
Por algunos “errores históricos”, el cuadro vuelve a España para ser corregido. En la segunda versión de 1923, “puede verse junto al rollo de la Justicia, y a unos metros de Garay, la figura de Ana Díaz sosteniendo un crucifijo en las manos que se apoyan sobre una pechera blanca y lleva un tocado azul.
En una nota que explica el derrotero de este cuadro emblemático, el historiador Daniel Balmaceda cuenta en La Nación de Argentina: “Ana Díaz fue la única mujer considerada ‘pobladora’. Era paraguaya, mestiza, joven y viuda. Solicitó a Juan de Garay viajar al puerto de Buenos Aires para no apartarse de su hija Bartola Martínez, casada con Juan Martín, uno de los pobladores.
La suegra recibió un terreno de dos mil quinientos metros cuadrados en la esquina sudoeste de las actuales Corrientes y Florida, y una chacra en la costa de San Isidro. Instaló una pulpería en su lote de la ciudad que, aunque no fue la más concurrida, le resolvió la economía diaria. Para dicha de Ana, apareció en su vida un vecino con quien se casó al poco tiempo. De la unión de Ana Díaz y el vecino nació Felipa. Posiblemente, haya sido la primera criatura nacida en el pueblo fundado por Juan de Garay”.
Ana es también protagonista del cuento “La fundadora”, incluido en el ya clásico “Misteriosa Buenos Aires” de Manuel Mujica Láinez. También se editó una novela, “Ana, la fundadora”, de Mercedes Giuffré, basada en la vida de esta peculiar heroína.
OCUPACIÓN EFECTIVA
La historiadora Mary Monte ubica el contexto de la refundación de Buenos Aires por Juan de Garay en 1580: “El objetivo fundamental de la corona española era establecer su dominio en las tierras situadas al oeste de la línea de Tordesillas y así afianzar su hegemonía territorial. En ese sentido, la importancia de fundar fuertes, villas y ciudades se fueron concretando paulatinamente en el transcurso de la segunda mitad del siglo XVI.
Asunción era la única ciudad en la región rioplatense constituida y organizada, es decir, con un cabildo (institución municipal) y un gobierno dispuesto por el rey. Por tanto, era el lugar donde se había concentrado la mayor cantidad poblacional después del abandono de Buenos Aires (1541) y seguían llegando expedicionarios de los contingentes provenientes de España y de algunos que vinieron del Perú.
Después del abandono de Buenos Aires (1541) desde Asunción, en un lapso de treinta años se fundaron nuevas villas y ciudades, integrados en su mayoría por familias mestizas, varias criollas y unas pocas de indígenas.
Así, se fundaron Ontiveros en 1554, Ciudad Real en 1556, Nueva Asunción en 1559, Santa Cruz de la Sierra en 1561, Santa Fe de Vera en 1573, Villa Rica del Espíritu Santo en 1577, Santiago de Jerez en 1579, Buenos Aires por segunda vez en 1580, Concepción del Bermejo en 1585 y Corrientes en 1588. De ahí que Asunción haya sido conocida históricamente como madre de ciudades, así como amparo y reparo de la conquista”, recuerda.

