- Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza / Mariana Díaz
Aquellas 100 primeras familias de colonos que arribaron en 1936 hoy representan a cinco generaciones que, desde su cultura originaria, comparten la identidad nacional paraguaya y contribuyen activamente al desarrollo del país en los más diversos ámbitos.
“Desde los años sesenta, Japón volvió a repuntar tanto su economía como su situación en general. Por lo tanto, había disminuido drásticamente la salida de emigrantes. Algunas pocas familias (de inmigrantes) volvieron a Japón, pero la gran mayoría prefirió radicarse definitivamente en Paraguay, sintiéndose como en su segunda patria, bajo la protección privilegiada y el reconocimiento del Gobierno del Paraguay y su gente. Los descendientes son conscientes en mantener la disciplina y ética japonesa, pero se sienten orgullosos de ser paraguayos, y su afán de contribuir al desarrollo del país enfatizando su hibridación cultural y costumbres bien arraigadas”, comenta en diálogo con La Nación/Nación Media Emi Kasamatsu, historiadora e investigadora de la inmigración japonesa en Paraguay y las Américas, respecto a aquel proceso migratorio del que este año se celebra el 90.o aniversario: los primeros colonos japones que llegaron al Paraguay en 1936.
La Gran Depresión de los años 30 afectó al mundo y Japón no fue la excepción. Aquella diáspora había empezado décadas antes y algunos destinos ya iban cerrando las puertas, pero el corazón de América se abría como oportunidad para aquellas familias.
PRIMERA OLA
“El Gobierno del Japón realizó en 1934 las averiguaciones pertinentes y primero con el gobierno del entonces presidente Eusebio Ayala, quien aprobó el ingreso de 100 familias japonesas. Luego la compañía colonizadora del Brasil (Burataku) envió a sus ingenieros a buscar terrenos adecuados para la agricultura. Entre ellos se encontraba Hisakazu Kasamatsu y Shuhei Fujikatsu, quienes descubrieron una propiedad apropiada a 130 km de Asunción, en el departamento de Paraguarí, a la cual se denominó posteriormente La Colmena. Luego de la revolución del 17 de febrero de 1936, se produjo el cambio de gobierno, asumiendo la presidencia el coronel Rafael Franco. Este, viendo la conveniencia para potenciar el desarrollo agrícola, autorizó por Decreto Ley 1026 del 30 de abril del mismo año la entrada de 100 familias japonesas agrícolas en forma experimental”, narra la historiadora.
Con el lema “Gratitud y respeto, un lazo de 90 años”, la comunidad japonesa en Paraguay dio a conocer en las últimas semanas una agenda de actividades para la celebración del 90.° aniversario, que incluyen un evento central en agosto próximo, actividades culturales, la reciente inauguración del Museo de la Inmigración Japonesa, y la visita imperial de sus altezas imperiales el príncipe Fumihito (Akishino) y la princesa Kiko.
“En esencia, la celebración se concibe como un puente de integración: no es solo para los descendientes, sino para todo Paraguay, mostrando cómo la inmigración japonesa se convirtió en parte del tejido nacional. Busca compartirse con toda la sociedad, tanto descendientes nikkei como paraguayos en general, a través de iniciativas que combinan memoria, cultura y participación comunitaria”, explica Eduardo Ryusuke Higaki, presidente de la comisión de celebración de los 90 años de aquella ola migratoria.
TRABAJO EN EL CAMPO
Se estima que actualmente llegan a 10.000 las personas japonesas y descendientes que viven en el país. Se afincaron en un primer momento dentro del ámbito de la producción rural, primero en La Colmena, y después en asentamientos como La Paz, Pirapo y Yguazú, en los departamentos de Itapúa y Alto Paraná.
Desde Japón ingresaron, entre 1936 y 1941, 123 familias que sumaban un total de 790 personas. A cada familia se les asignaron 20 hectáreas y a ellos se sumaron las 15 familias de la compañía colonizadora, con 54 personas.
“Fieles al decreto del gobierno anfitrión, todos los inmigrantes se dedicaron a la agricultura. Primero, con lo que el gobierno les indicara, con el cultivo del algodón y luego introdujeron las variedades de hortalizas, granos y frutales con las semillas traídas desde Japón. Hubo variados problemas que tuvieron que superar como la invasión de langostas y gusanos, así como las heladas. Era necesario el apoyo mutuo, junto con el espíritu japonés de fortaleza y sacrificio para lograr la superación”, comenta la historiadora.
Un paso decisivo se dio en 1959, cuando Paraguay y Japón firmaron un acuerdo migratorio que fortaleció la cooperación bilateral. En esos años también surgieron organizaciones y nuevas colonias que ampliaron el desarrollo agrícola.
BARRERA IDIOMÁTICA
El idioma fue en principio una barrera importante para la interacción y el desarrollo, y fue allí que vieron la necesidad de aprender el idioma para relacionarse con los habitantes de la zona. Es por ello que comenzaron a estudiar y hablar el guaraní. Gracias a ellos es que, durante las últimas décadas, las colonias japonesas se destacaron como referentes de la producción agrícola del país.
Actualmente, productos como la soja, el maíz, el sésamo y otras semillas oleaginosas son rubros en los que se mantiene un activo intercambio comercial con Japón, cumpliendo con estándares modernos de trazabilidad, sanidad y sostenibilidad, consolidando así un vínculo económico estratégico.
EL MUSEO
El pasado 27 de marzo, quedó habilitado el Museo de la Inmigración Japonesa en Paraguay, en la sede de la Federación de Asociaciones Japonesas y Nikkei del Paraguay, donde se expone un acervo compuesto por objetos históricos, documentos, fotografías, herramientas agrícolas y testimonios que narran la vida de los pioneros japoneses desde su llegada en los años treinta hasta la actualidad.
“Este museo tiene entre sus objetivos conservar testimonios materiales de la vida de los inmigrantes: herramientas agrícolas, fotografías, documentos, utensilios. Evitar que el paso del tiempo borre las huellas de la experiencia migratoria. Mostrar a jóvenes y visitantes cómo se vivió la llegada y adaptación de los japoneses en Paraguay. Además, enseñar los valores de esfuerzo, resiliencia y cooperación, y dar visibilidad a la influencia japonesa en la agricultura, la cultura y la vida comunitaria paraguaya. Este espacio ofrece a los descendientes un espacio donde puedan reconectar con sus raíces, y permite reafirmar el orgullo de pertenecer a una tradición que combina lo japonés y lo paraguayo”, explica Eduardo Ryusuke Higaki.
En La Colmena, epicentro de la inmigración, cada familia cumple con resguardar su tradición, y valorar la dedicación y el sacrificio puesto por los pioneros.
“Existen testimonios escritos en idioma japonés, algunas declaraciones de los primeros inmigrantes en videos, pero me había dado cuenta de la falta de promoción en idioma español de las actividades y eventos históricos de los japoneses en Paraguay”, explica Emi.
INMERSOS EN LA COMUNIDAD
La colectividad japonesa en Paraguay se involucró activamente en la realidad nacional desde su labor, aportando a la comunidad con varios protagonistas destacados.
Desde La Colmena, en el trascurrir de sus 90 años, entre los hijos y nietos de aquellos pioneros surgieron profesionales de las más diversas ramas. En el ámbito de organismos internacionales con cargos de relevancia en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Antelco (actual Copaco), en el Ministerio de Agricultura, en la disciplina militar con un general de brigada y comandante de las Fuerzas Militares, así como en la Junta Municipal e intendencia del distrito paraguariense.
“En lo académico, una profesora emérita en la cátedra de Medicina e investigadora internacional, un profesor emérito en la cátedra de Veterinaria de la UNA, una promotora del ñandutí y su enseñanza en Japón. En el área agrícola, se desarrollaron innovaciones en técnicas de la fruticultura y cultivos en general. Así también, una diplomática y promotora cultural en la Embajada del Paraguay en Japón, como también en la producción literaria, historia y artes, y para la creación de la primera institución de Ingeniería Aeroespacial del Paraguay, con el lanzamiento del primer satélite con la denominación de GuaraniSat1”, finalizó Kasamatsu.

