- Gloria Scappini
- Etnóloga y antropóloga social
- Foto: Gloria Scappini
En los territorios ocupados por el Paraguay, son actualmente 19 los pueblos indígenas que continúan resistiendo a los procesos coloniales de distinta índole, más allá de los regímenes históricos y políticos que definen al estado-nación, cuyo carácter independiente es indefectiblemente relativo.
Repartidos en cinco familias lingüísticas, el desafío de mantener un modo de pensar y vivir propios, incluyendo la reproducción y legitimación de una cultura identificada con la diferencia, sumado a la desventaja que conlleva la identidad minoritaria, interpela cada vez más en una era de crisis y violencias ligados a los modelos hegemónicos a escala global, la destrucción planetaria, y la convulsión en torno a los cambios de paradigmas necesarios para concebir el futuro de la humanidad lejos de lo que el presente escatológico nos muestra.
Los discursos sobre la pérdida de valores y principios que alimentan el pensamiento reaccionario y las discusiones éticas sobre el devenir tanto individual como colectivo son parte del malestar en la civilización, según la célebre expresión de S. Freud.
En este sentido, si bien podemos asumir consciente o inconscientemente el llamado “malestar”, ¿cuestionamos en su justa medida y de manera profunda lo que consideramos “civilización’’? ¿Nos esforzamos lo suficiente por mirar el problema de raíz desde otra óptica que no siga estando de alguna manera asociada a nuestras categorías, representaciones y preconceptos adquiridos en cada uno de nuestros contextos? ¿En cada uno de los marcos culturales a través de los cuales percibimos e interpretamos la realidad?
Hoy en día, afortunadamente también, pareciera que la reflexividad filosófica tiende a fundirse en los postulados antropológicos para encontrar una salida esperanzadora, sino es un horizonte donde la utopía congregue a pensar “el mundo donde puedan caber muchos mundos” (profundo aporte de la imaginación social zapatista), donde la vulnerabilidad pueda habilitarse como fuerza de transformación y no terminar condenada a la revictimización y a la exclusión del pensamiento y del lenguaje.
MEMORIA UNIVERSAL
Es en este quiebre que los símbolos, como recursos para el ejercicio cognitivo y como insumos de memoria universal, ofrecen capacidad de significado y sentido. Es en la grieta revelada que podemos empezar a observar y entender qué falta por hacer y cuáles son las herramientas que tenemos a nuestro alcance. ¿Pero qué o quién nos guía sobre el cómo hacer?
Hoy, otro 19 de abril más en el que se conmemora el Día del Indígena Americano en todo el continente, en recordatorio de la realización del Primer Congreso Indigenista Interamericano en Pátzcuaro, México, en 1940, provocamos una reflexión breve sobre la herramienta a mi parecer más potente con la que cuenta el Paraguay para redimirse.
El “Ayvu Rapyta: cantos míticos de los mbya-guaraní del Guairá”, de León Cadogan, publicado por primera vez a modo de compilación en 1959 en el Boletín de la Facultad de Ciencias y Letras de la Universidad de San Pablo, puede considerarse la obra etnográfica y lingüística más profunda de la etnología guaraní en Paraguay y a modo regional de acuerdo al área cultural representada, incluyendo a Brasil, Argentina y Bolivia.
En otro nivel igualmente, se destaca y adscribe al acervo del mundo tupí-guaraní, mucho más extenso en términos continentales. Según Bartomeu Melià, en esta entrega se ve consignada la palabra fundamental, aparecida en un primer tiempo en escritos sueltos desde 1946, representando una “revolución copernicana” en la etnología paraguaya (Melià, 1991). La sabiduría de todo un pueblo, transmitida a través de la narración y creación oral de los interlocutores de Cadogan, dejan testimonio de la grandeza y complejidad de un pensamiento mítico y religioso que inclusive en el mundo de la etnología permanecía poco conocido y cargaba con el estigma de una cierta inferioridad en comparación con los pueblos de las tierras altas sudamericanas (mundo andino y mesoamericano).
Recordamos que con la expresión “civilización guaraní”, el sabio Moisés Bertoni a principios de siglo echaba ya los eslabones de esta reivindicación contra toda concepción evolucionista: el código oral de las culturas tropicales de la selva no representaba menos que los glifos mayas, aztecas o incas; y las herencias intangibles no debían ser subestimadas frente a lo tangible.
La responsabilidad es por lo tanto grande con respecto a la trascendencia de las ñe’ê porã, palabras sagradas trasmitidas en mitos, cantos, rezos, plegarias e invocaciones pertenecientes al pueblo mbyá-guaraní accesibles al mundo okápe (externo, no indígena) mediante el proceso de revelación etnográfica vivenciado por Cadogan bajo reglas de reciprocidad, experiencia que moldea y acentúa su gran modestia frente a las tradiciones secretas a las cuales tuvo parcialmente acceso.
INSTRUMENTALIZACIÓN SIMBÓLICA
Los procesos históricos atravesados por las obras de literatura oral indígena constituyen canales permanentes de reproducción de colonialidad, fácilmente funcionales a los fenómenos de instrumentalización simbólica y apropiación cultural que nos sigue condenando, en adecuación con la lógica extractivista que define nuestra forma de relacionamiento real y simbólico. En este sentido, Melià observa: “En Ayvu Rapyta está documentada una lengua filosófica y una filosofía del lenguaje que por ser tan moderna y tan sugerente da lugar a comentarios más o menos oportunos, generalmente bien intencionados, pero también bastante abusivos” (Melià, 1999).
¿Tenemos la capacidad de construir nuevas formas de relacionamiento con lo diferente? ¿Cuán importante es asumir la dificultad que nos aqueja cuando se trata de desaprender y de deconstruirnos como sociedad, como individuos en crisis y en búsqueda de la tierra sin mal de cada uno-una y la de todos-todas?
Lamentablemente, el Paraguay es el país por excelencia de la recuperación simbólica de la identidad cultural indígena, mediante el dispositivo simbólico guaraní, para fines de reivindicación de un pasado ancestral que da lugar en el imaginario a un presente que le es continuo en total armonía. Sin rupturas ni conflictos, sin genocidios ni despojos, sin etnocidios ni avasallamiento de derechos a una existencia cultural alterna.
Como si los registros de la conquista, la colonia y las colonialidades modernas no existieran, la exaltación de lo guaraní trasciende en patriotismo, nacionalismo, demagogias y retóricas discursivas de poder. No se trata de negar la realidad del mestizaje ni mucho menos abocar a la polarización de identidades, pero sostenemos que urge provocarnos procesos de reflexividad y adquisición de consciencia profunda: este 19 de abril podría marcar el inicio para los que se sientan interpelados por estas líneas.
FUENTES
• Melià, Bartomeu: La obra etnológica de Cadogan, Revista del INDI, 1991
• Melià, Bartomeu: León Cadogan y la lengua guaraní, Suplemento Antropologico Vol. XXXIV Num.2, Ceaduc, 1999

