Un verdadero jardín natural con una variedad de helechos y el amambay voluptuoso, que crece al abrigo de un bosque mayor y diverso, entorna la cascada de aguas cristalinas que los lugareños nombraron como el manantial de la Virgen. El lugar, custodiado por los hermanos Santacruz, ofrece comodidades para acampar y pasar el día, además de un privilegiado mirador para apreciar el bosque y las serranías guaireñas. Situado a 180 kilómetros de Asunción, en la colonia 20 de Junio de Borja, Guairá, esta maravilla natural se inscribe entre los sitios que no se pueden dejar de visitar alguna vez en el Paraguay.
- Por Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Jorge Jara
“¡Vengan, les va a encantar!”, invita Ismildo Santacruz abriendo los brazos, haciendo el gesto de quien abre una puerta imaginaria hacia el paisaje privilegiado de Tupãsy Ykua. Apenas a unos pasos del convite, aguas de manantial cayendo en cascadas sucesivas arrullan un bosque de cobertura en una imagen que bien podría representar el paraíso en un cuadro clásico.
Junto con su hermano Óscar Santacruz, cuidan el predio que su padre compró hace más de 30 años para iniciar una plantación de takuare’ê y criar algún ganado. Son 32 hectáreas atravesadas por un arroyo que tiene la naciente “unos 2 mil metros arriba en un sitio que se llama Pykysyry”, cuenta Ismildo.
“Antes la gente no valoraba los arroyos, ahora nomás que todo el mundo se desespera porque falta agua y porque también hay más conciencia, más defensores de la ecología”, dice este maestro jubilado mostrando uno de los pequeños manantiales de agua pura que brota en el lugar.
Un chachi de gran tamaño preside el breve lago que genera una de las cascadas. “Este es el árbol del que la gente usa el tronco viejo para hacer crecer las orquídeas”, señala Santacruz. Más allá un guembe colorea de verde una piedra con su abrazo, está cerca de la que llaman Piedra Corazón, un gigante rocoso al que cada 14 de febrero “llegan los enamorados para pasar el día y hacerse la foto”, cuenta el guía.
En el entorno la arboleda tiene ejemplares de tajy, incienso, pindo y aguai, solo por nombrar algunos en cuyos ramajes cantan y anidan una colorida diversidad de pájaros. Hay mariposas por doquier y también zumban insectos alados.
Por allí caminan Ramona y Ramón Duarte volviendo de la escuela. “Venimos todos los días por aquí, salimos a las 5:30 de la mañana de nuestra casa y caminamos con linterna por el bosque. En total hacemos unos 4 kilómetros hasta la escuela Francisca Silvia Campos de la colonia 20 de Junio”, cuenta ella. “A veces vemos algún guasu”, dice él, que recogió en el camino un manojo de typycha para hacerle una escoba a su mamá.
Ismildo dice que también pueden verse por los senderos algún aguara’i y que “arriba por los árboles pueden pasar carayás y también coatíes, que son mansitos y muy curiosos”.
CÓMO LLEGAR
Para arribar desde Asunción se puede seguir cualquiera de las alternativas que ofrecen los navegadores de internet hasta llegar a Borja. De allí se debe ir hacia Vallepe y, finalmente, tomar el camino hasta la colonia 20 de Junio. La ruta, no en muy buen estado, por partes presenta dificultades para un vehículo menor, no tanto así para camionetas. Tiene un breve tramo de empedrados y el acceso al Tupãsy Ykua está convenientemente señalizado.
“Nos vendría muy bien que las autoridades tomen nota y nos ayuden un poco con el camino para que más visitantes puedan acceder a nuestro paisaje”, pide Santacruz.
En el sitio se paga 30.000 guaraníes por persona para el ingreso y se tiene acceso a sanitarios, parrillas y el estacionamiento. “La gente aquí de 20 de Junio tiene acceso gratuito y si las personas que vienen de afuera no tienen todo el dinero, podemos conversar, queremos que la gente nos visite”, apunta.
Cuenta que la mayoría de los visitantes llega desde Asunción, pero tienen registros de personas de todo el país y hasta del extranjero que se acercaron a disfrutar una estancia. Para informes y reservas se puede escribir al (0971) 425-281.
“En general la gente ya trae sus provisiones, pero aquí en la comunidad hay despensas y nosotros solemos proveer hielo a los que necesiten”, dice comentando que tienen seguro, pero que recomiendan a los mayores hacerse cargo del cuidado de niños e instan a conducirse con responsabilidad porque las piedras pueden ser muy resbalosas en algunos sitios.
También a tener especial cuidado con la basura, un problema no menor en todos nuestros destinos turísticos.
LUGAR SAGRADO
El nombre de Tupãsy Ykua se lo puso el sacerdote Luis Cabañas Benítez, primo de Ismildo, hace una treintena de años, ocasión en la que instalaron una imagen de la Virgen de Lourdes, que encontró un espacio para su gruta entre las piedras de la cascada más alta, la que identifica el sitio.
Las aguas caen allí desde unos 5 metros de altura y tras ella se abren el cielo, el sol, las nubes entre los árboles.
“Lugar sagrado”, dice una leyenda e Ismildo cuenta que es una advertencia para los visitantes para que eviten hacer fuegos para el asado en cercanías de la imagen. “Aquí hay mucho espacio, parrillas, etc., y ahí es donde se quieren ir a prender sus leñas”, dice con un gesto que reparte incredulidad y un tenue y comprensivo enojo.
Allí, cada 11 de febrero, día en que la Iglesia católica recuerda las apariciones de la Virgen María en la ciudad de Lourdes, Francia, se realiza un evento especial. “Celebramos una misa en mi casa, a la que llevamos la imagen de la Virgen y hacemos un asado a la estaca. También viene un coro y después venimos en procesión hasta la gruta aquí en la cascada y la devolvemos a su sitio para que nos proteja”, cuenta Santacruz.
UN MIRADOR ESPECIAL
La colonia 20 Junio tiene unos 300 habitantes, la mayoría dedicados a la agricultura, en especial la caña de azúcar y la ganadería. Vacas, ovejas, cabras pueden verse pastando en los campos desde el camino.
Para verla desde arriba, Santacruz encabeza la caminata de ascenso al que llaman cerro Tupãsy Ykua, una trepada de mediana dificultad por laderas de piedra con cobertura boscosa que tiene escaleras naturales y mesetas verdes con intensa vegetación.
Una vez coronada la cima, unos veinte minutos después, se abre a los ojos del visitante el paisaje fascinante del Guairá, sus serranías, los bosques que resisten, el serpenteante camino de tierra colorada que huye al horizonte.
“Desde aquí puede contemplarse la salida del sol, es un momento especial que los visitantes que asistieron siempre quieren volver a vivir”, asegura Ismildo.
UN POCO DE HISTORIA
Borja fue fundada como Yhacanguazú por el gobernador español Pedro Melo de Portugal el 22 de octubre de 1778. Ese nombre le viene de la expresión guaraní yakã guasu, que significa manantial grande. El pueblo y sus compañías florecieron en el tiempo regados por el río Tebicuarymí y por los arroyos Cristal, Syky Ca, Loza, Cristalino, Azul, Caraguatay, Yhacamí, Yhaca Guasu, por lo que la denominación cobra estricto sentido.
Como formaba parte del Camino Real, por allí pasaron históricas comitivas gubernamentales, civiles y militares. “Antes y después de 1704, Yhacanguazú fue explorado por nativos, religiosos, gobernadores y militares. En 1785, cuando el viajero español Félix de Azara visitó Ytapé, Villa Rica, Caazapá y Yuty, señaló que unos hombres le ayudaron a cruzar el riacho Yhacanguazú en dos pelotas; el arroyo –anotó Azara– estaba a 7 leguas de Villa Rica”, cuenta Wikipedia.
Con la Ley 1079, del 31 de agosto de 1929, se cambió el nombre de Yhacanguazú por el de Borja. Por la misma ley se procedió a la expropiación de 900 hectáreas de tierras para el asiento del radio urbano de dicha población; cuatrocientas hectáreas correspondían a Mateo Borja, en la parte antigua del municipio; y quinientas hectáreas de los terrenos de Joaquín Miranda y Ricardo Lloret y de los herederos y sucesores. Su nombre actual recuerda al propulsor y benefactor de la comunidad, don Mateo Borja, agrega la enciclopedia libre de internet.
PLAN GUASU, UNA VISITA PARA SUMAR
A solo 4 kilómetros del Tupãsy Ykua, se encuentra el balneario parque Plan Guasu, un sitio inevitable en una recorrida por los atractivos turísticos de Borja, una privilegiada comunidad guaireña ubicada a unos 50 kilómetros de la capital departamental, Villarrica.
Deima Lezcano, su propietaria, cuenta que atienden de lunes a lunes y solo cobran 20.000 guaraníes, con los que el visitante tiene acceso a una gran explanada de césped que está diseñada como zona de camping.
El lugar tiene quincho, sanitarios y varias parrillas, mucha sombra y árboles frutales de generosa entrega en este tiempo. “Los fines de semana ingresan más turistas. Vienen de Asunción, Ciudad del Este, muchas veces argentinos y llegaron a venir unos turistas rusos”, relata Lezcano, que pide le escriban al (0982) 003-134 para informes y reservas.
“Lo que más les gusta son las montañas y los bosques que tenemos aquí alrededor. Pero nosotros aquí en el predio también tenemos para hacer senderismo y en el bosque todavía se pueden avistar animales como guasu, tatu, teju, etc. Por eso prohibimos que la gente venga a cazar porque es una propiedad privada”, cuenta la mujer.
El espléndido balneario es apenas un sector de las más de 500 hectáreas del campo familiar que se dedica a la agricultura y la ganadería, explicó.
Deima pide a las autoridades “que nos ayuden con el arreglo del camino, eso nos facilitaría bastante el acceso” y entiende a su vez que se podría promover la instalación de “algún hotel, supermercado, inversiones que ayuden a que la gente se acerque más”, pide.

