Un verdadero jardín natural con una variedad de helechos y el amambay voluptuoso, que crece al abrigo de un bosque mayor y diverso, entorna la cascada de aguas cristalinas que los lugareños nombraron como el manantial de la Virgen. El lugar, custodiado por los hermanos Santacruz, ofrece comodidades para acampar y pasar el día, además de un privilegiado mirador para apreciar el bosque y las serranías guaireñas. Situado a 180 kilómetros de Asunción, en la colonia 20 de Junio de Borja, Guairá, esta maravilla natural se inscribe entre los sitios que no se pueden dejar de visitar alguna vez en el Paraguay.

“¡Vengan, les va a encan­tar!”, invita Ismildo Santacruz abriendo los brazos, haciendo el gesto de quien abre una puerta imaginaria hacia el paisaje privilegiado de Tupãsy Ykua. Apenas a unos pasos del con­vite, aguas de manantial cayendo en cascadas suce­sivas arrullan un bosque de cobertura en una imagen que bien podría representar el paraíso en un cuadro clásico.

Junto con su hermano Óscar Santacruz, cuidan el predio que su padre compró hace más de 30 años para iniciar una plantación de takua­re’ê y criar algún ganado. Son 32 hectáreas atravesa­das por un arroyo que tiene la naciente “unos 2 mil metros arriba en un sitio que se llama Pykysyry”, cuenta Ismildo.

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“Antes la gente no valoraba los arroyos, ahora nomás que todo el mundo se desespera porque falta agua y porque también hay más conciencia, más defensores de la ecolo­gía”, dice este maestro jubilado mostrando uno de los peque­ños manantiales de agua pura que brota en el lugar.

Un chachi de gran tamaño pre­side el breve lago que genera una de las cascadas. “Este es el árbol del que la gente usa el tronco viejo para hacer crecer las orquídeas”, señala San­tacruz. Más allá un guembe colorea de verde una piedra con su abrazo, está cerca de la que llaman Piedra Corazón, un gigante rocoso al que cada 14 de febrero “llegan los enamora­dos para pasar el día y hacerse la foto”, cuenta el guía.

En el entorno la arboleda tiene ejemplares de tajy, incienso, pindo y aguai, solo por nombrar algunos en cuyos ramajes cantan y ani­dan una colorida diversidad de pájaros. Hay mariposas por doquier y también zum­ban insectos alados.

Por allí caminan Ramona y Ramón Duarte volviendo de la escuela. “Venimos todos los días por aquí, salimos a las 5:30 de la mañana de nues­tra casa y caminamos con lin­terna por el bosque. En total hacemos unos 4 kilómetros hasta la escuela Francisca Silvia Campos de la colonia 20 de Junio”, cuenta ella. “A veces vemos algún guasu”, dice él, que recogió en el camino un manojo de typy­cha para hacerle una escoba a su mamá.

Ismildo dice que también pueden verse por los sen­deros algún aguara’i y que “arriba por los árboles pue­den pasar carayás y también coatíes, que son mansitos y muy curiosos”.

CÓMO LLEGAR

Para arribar desde Asunción se puede seguir cual­quiera de las alternativas que ofrecen los navegado­res de internet hasta llegar a Borja. De allí se debe ir hacia Vallepe y, finalmente, tomar el camino hasta la colonia 20 de Junio. La ruta, no en muy buen estado, por par­tes presenta dificultades para un vehículo menor, no tanto así para camione­tas. Tiene un breve tramo de empedrados y el acceso al Tupãsy Ykua está conve­nientemente señalizado.

“Nos vendría muy bien que las autoridades tomen nota y nos ayuden un poco con el camino para que más visitan­tes puedan acceder a nuestro paisaje”, pide Santacruz.

En el sitio se paga 30.000 guaraníes por persona para el ingreso y se tiene acceso a sanitarios, parrillas y el esta­cionamiento. “La gente aquí de 20 de Junio tiene acceso gratuito y si las personas que vienen de afuera no tie­nen todo el dinero, podemos conversar, queremos que la gente nos visite”, apunta.

Cuenta que la mayoría de los visitantes llega desde Asun­ción, pero tienen registros de personas de todo el país y hasta del extranjero que se acercaron a disfrutar una estancia. Para informes y reservas se puede escribir al (0971) 425-281.

“En general la gente ya trae sus provisiones, pero aquí en la comunidad hay despensas y nosotros solemos proveer hielo a los que necesiten”, dice comentando que tienen seguro, pero que recomien­dan a los mayores hacerse cargo del cuidado de niños e instan a conducirse con res­ponsabilidad porque las pie­dras pueden ser muy resba­losas en algunos sitios.

También a tener especial cui­dado con la basura, un pro­blema no menor en todos nuestros destinos turísticos.

LUGAR SAGRADO

El nombre de Tupãsy Ykua se lo puso el sacerdote Luis Cabañas Benítez, primo de Ismildo, hace una treintena de años, ocasión en la que instalaron una imagen de la Virgen de Lourdes, que encontró un espacio para su gruta entre las piedras de la cascada más alta, la que iden­tifica el sitio.

Las aguas caen allí desde unos 5 metros de altura y tras ella se abren el cielo, el sol, las nubes entre los árboles.

“Lugar sagrado”, dice una leyenda e Ismildo cuenta que es una advertencia para los visitantes para que eviten hacer fuegos para el asado en cercanías de la imagen. “Aquí hay mucho espacio, parrillas, etc., y ahí es donde se quie­ren ir a prender sus leñas”, dice con un gesto que reparte incredulidad y un tenue y comprensivo enojo.

Allí, cada 11 de febrero, día en que la Iglesia católica recuerda las apariciones de la Virgen María en la ciu­dad de Lourdes, Francia, se realiza un evento especial. “Celebramos una misa en mi casa, a la que llevamos la imagen de la Virgen y hace­mos un asado a la estaca. También viene un coro y después venimos en proce­sión hasta la gruta aquí en la cascada y la devolvemos a su sitio para que nos proteja”, cuenta Santacruz.

UN MIRADOR ESPECIAL

La colonia 20 Junio tiene unos 300 habitantes, la mayoría dedicados a la agri­cultura, en especial la caña de azúcar y la ganadería. Vacas, ovejas, cabras pueden verse pastando en los campos desde el camino.

Para verla desde arriba, San­tacruz encabeza la caminata de ascenso al que llaman cerro Tupãsy Ykua, una trepada de mediana dificultad por lade­ras de piedra con cobertura boscosa que tiene escaleras naturales y mesetas verdes con intensa vegetación.

Una vez coronada la cima, unos veinte minutos des­pués, se abre a los ojos del visi­tante el paisaje fascinante del Guairá, sus serranías, los bos­ques que resisten, el serpen­teante camino de tierra colo­rada que huye al horizonte.

“Desde aquí puede contem­plarse la salida del sol, es un momento especial que los visitantes que asistie­ron siempre quieren volver a vivir”, asegura Ismildo.

UN POCO DE HISTORIA

Borja fue fundada como Yhacanguazú por el gober­nador español Pedro Melo de Portugal el 22 de octu­bre de 1778. Ese nombre le viene de la expresión gua­raní yakã guasu, que signi­fica manantial grande. El pueblo y sus compañías flo­recieron en el tiempo rega­dos por el río Tebicuarymí y por los arroyos Cristal, Syky Ca, Loza, Cristalino, Azul, Caraguatay, Yha­camí, Yhaca Guasu, por lo que la denominación cobra estricto sentido.

Como formaba parte del Camino Real, por allí pasa­ron históricas comitivas gubernamentales, civiles y militares. “Antes y después de 1704, Yhacanguazú fue explorado por nativos, reli­giosos, gobernadores y mili­tares. En 1785, cuando el via­jero español Félix de Azara visitó Ytapé, Villa Rica, Caa­zapá y Yuty, señaló que unos hombres le ayudaron a cru­zar el riacho Yhacanguazú en dos pelotas; el arroyo –anotó Azara– estaba a 7 leguas de Villa Rica”, cuenta Wikipedia.

Con la Ley 1079, del 31 de agosto de 1929, se cam­bió el nombre de Yhacan­guazú por el de Borja. Por la misma ley se proce­dió a la expropiación de 900 hectáreas de tierras para el asiento del radio urbano de dicha población; cuatrocientas hectáreas correspondían a Mateo Borja, en la parte antigua del municipio; y quinien­tas hectáreas de los terre­nos de Joaquín Miranda y Ricardo Lloret y de los herederos y sucesores. Su nombre actual recuerda al propulsor y benefactor de la comunidad, don Mateo Borja, agrega la enciclope­dia libre de internet.

PLAN GUASU, UNA VISITA PARA SUMAR

A solo 4 kilómetros del Tupãsy Ykua, se encuentra el balnea­rio parque Plan Guasu, un sitio inevitable en una recorrida por los atractivos turísticos de Borja, una privilegiada comu­nidad guaireña ubicada a unos 50 kilómetros de la capital departamental, Villarrica.

Deima Lezcano, su propietaria, cuenta que atienden de lunes a lunes y solo cobran 20.000 guaraníes, con los que el visitante tiene acceso a una gran explanada de césped que está diseñada como zona de camping.

El lugar tiene quincho, sanitarios y varias parrillas, mucha som­bra y árboles frutales de generosa entrega en este tiempo. “Los fines de semana ingresan más turistas. Vienen de Asunción, Ciudad del Este, muchas veces argentinos y llegaron a venir unos turistas rusos”, relata Lezcano, que pide le escriban al (0982) 003-134 para informes y reservas.

“Lo que más les gusta son las montañas y los bosques que tene­mos aquí alrededor. Pero nosotros aquí en el predio también tenemos para hacer senderismo y en el bosque todavía se pue­den avistar animales como guasu, tatu, teju, etc. Por eso prohi­bimos que la gente venga a cazar porque es una propiedad pri­vada”, cuenta la mujer.

El espléndido balneario es apenas un sector de las más de 500 hectáreas del campo familiar que se dedica a la agricultura y la ganadería, explicó.

Deima pide a las autoridades “que nos ayuden con el arreglo del camino, eso nos facilitaría bastante el acceso” y entiende a su vez que se podría promover la instalación de “algún hotel, supermercado, inversiones que ayuden a que la gente se acer­que más”, pide.

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