En las primeras horas de la noche del pasado martes 7 de abril el pulso periodístico latía con la mirada puesta en el bloqueado estrecho de Ormuz. Medio Oriente está en llamas.
- Por Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos Gentileza
En la aplicación flightradar24 se veía prácticamente vacío ese sector del cielo global. Pero todo cambió. Se encendió la esperanza desde el momento exacto en que el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif (74), anunció a través de su cuenta en la plataforma X –@CMShehbaz– que “los esfuerzos diplomáticos para el arreglo pacífico de la guerra en curso en Oriente Medio están progresando de manera constante, firme y poderosa, con el potencial de conducir a resultados sustantivos en un futuro cercano”.
El mensaje era un poco más extenso, pero esas treinta y cinco palabras resultaron balsámicas pese a que las violencias estaban (y están aún) en desarrollo. Una buena parte de la población mundial, una vez más, comenzó a pensar en un mañana posible. A poco de que se cumplieran cinco horas desde aquella comunicación, la construcción de la esperanza se reforzó.
“Con la mayor humildad, me complace anunciar que la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, junto con sus aliados, han acordado un alto el fuego inmediato en todas partes, incluido Líbano y otros lugares, VIGENTE INMEDIATAMENTE (sic)”.
TENSA CALMA
Suspenso, tensa calma, en el apocalíptico Armagedón, para los hebreos el Har Megido. La historia reiteradamente anunciada –con destino claramente luctuoso– parecía detenerse. La tensión era clara y se percibía en cada posteo. Hubo más. “Estamos avanzando en las conversaciones de Islamabad (capital de Pakistán) y, en este contexto, deseo expresar mi más profunda y sincera gratitud a los países hermanos –la República Popular China, Arabia Saudita, Turquía, Egipto y Catar– por el valioso y total apoyo proporcionado para lograr un alto el fuego, para buscar oportunidades en el esfuerzo diplomático de paz y para impulsar una solución integral y definitiva al conflicto.
Asimismo, quiero agradecer de manera especial a los países hermanos del Consejo de Cooperación del Golfo, cuyo apoyo continuo y firme compromiso con la paz y la estabilidad regional son cruciales para nuestros esfuerzos. Los países hermanos y el liderazgo de Estados Unidos han demostrado una visión estratégica excepcional, sabiduría y paciencia, creando oportunidades para la paz”.
Tuve la certeza con ese breve texto que el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, destacaba que no recorría solo el tan inexistente como meandroso camino hacia la paz porque –como lo enseñó Gandhi– “la paz es el camino”. Las expresiones de apoyo no se hicieron esperar.
“Luego de grandes tensiones para el Medio Oriente y para el mundo, recibo con satisfacción y como señal de viva esperanza el anuncio de una tregua inmediata de dos semanas. Solo a través del regreso a la mesa de negociaciones es posible el fin de la guerra”, dijo León XIV, el jefe del Estado Vaticano, en sintonía con sus homólogos europeos.
ENSEÑANZA CHINA
Es el momento para que hablemos, propone el señor Shehbaz Sharif. “Una antigua enseñanza china advierte que el desafío no es sacar al tigre de la jaula (porque) el problema real es volver a meterlo en ella”, suele recordar con conocimiento profundo de las culturas de las potencias que lideran la tan maltratada aldea global, mi querido amigo, colega y maestro Marcelo Cantelmi. Sabe de qué habla.
Viajero curioso, inquieto y estudioso conoce de cerca las tragedias que producen las guerras y (vuelvo a los tigres) tiene claro que escasean las y los mal llamados domadores que –como tales– se asuman como educadores y de ninguna manera como dominatrices o dominadores.
Allí es donde se puede descubrir una diferencia sustancial entre quienes se autoperciban como todopoderosos respecto de aquellas y aquellos que solo procuren transitar la unidualidad propia del homo sapiens y homo demens que subyace en él, como lo explica el más que centenario Edgar Morin (104), sabio de toda sabiduría, quien además entiende la vida como una navegación constante a través de un “océano de incertidumbres” tachonado de “islas o archipiélagos de certeza”, donde la humanidad se recupera para continuar con la navegación y poder afrontar las tempestades de la incertidumbre para aprender a navegar y lidiar con ellas.
Y, en ese contexto, es preciso comprender y comprehender que la verdad no puede ni debe ser solo mi verdad. Desde una década antes de que finalizara el siglo pasado –el de las crueldades, las guerras y los holocaustos– son demasiados los tigres que fueron sacados de sus jaulas y múltiples son los problemas que vivimos para volver a meterlos en ellas.
IMPLICACIONES GEOPOLÍTICAS
“He informado sobre más de 40 guerras en todo el mundo a lo largo de mi carrera, que se remonta a la década de 1960. He visto cómo la Guerra Fría alcanzaba su punto álgido y luego se evaporaba sin más. Pero nunca había visto un año tan preocupante como lo ha sido 2025, no solo porque se están produciendo varios conflictos importantes, sino porque cada vez está más claro que uno de ellos tiene implicaciones geopolíticas de una importancia sin precedentes”, reportó el colega John Simpson, editor de Asuntos Globales de la BBC, el último día de 2025.
Grave. En el inicio de 2026, la guerra en Ucrania cumplió cinco años. África arde. En Oriente Medio escalan los conflictos. Casi el 45 % de la población global vive en poco más de 40 países involucrados en conflictos y guerras activas de variada intensidad. Desde fines de febrero hasta la semana que corre cerca de 4 mil son las personas muertas por la guerra en Irán. Unas 5 mil en el Líbano.
En los dos países mencionados –según estimaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (Acnur)– se acercan a 5 millones las y los desplazados. Aunque es preciso destacar que las cifras no son precisas. Las guerras, los conflictos o como quieran llamarlos, están en desarrollo. No vamos bien.
“Sin dudas que es posible la paz. Claramente es posible...”, dice un veterano diplomático al que consulté. Desde Madrid, respondió a mis consultas, dialogamos, pero con el compromiso de mantener su identidad en reserva.
EL TRABAJO MÁS ARDUO
“Lo que podría demandar de mayor trabajo es acordar con las y los negociadores la imperiosa necesidad de hacer que en las reuniones las partes se escuchen porque no todo es abrir el estrecho de Ormuz para que baje el precio del crudo y se restablezca el comercio mundial. No. Pero es preciso puntualizar que, sin perder de vista la macroeconomía global, todo debe apuntar a un acuerdo que haga foco en la preservación de la vida, en la resolución y reparación de los daños de la guerra, de los servicios esenciales, de la asistencia sanitaria, de la educación para la paz”.
Nadie acepta hablar en on. “Es mucho lo que hay que resolver. Dos semanas de alto el fuego es un tiempo escaso y por, sobre todo, es imprescindible entender que hay que restablecer la comunicación entre las partes”, agrega un experto brasileño en relaciones internacionales que desde un organismo multilateral también trabaja para la paz.
“Se han reportado violaciones al alto el fuego en algunos lugares a lo largo de la zona de conflicto, lo que socava el espíritu del proceso de paz. Urjo encarecidamente y con sinceridad a todas las partes ejercer moderación y respetar el alto el fuego durante dos semanas, como se acordó, para que la diplomacia pueda asumir un papel principal hacia un arreglo pacífico del conflicto”, denunció –en tono de ruego– el primer ministro Shehbaz Sharif cuando el miércoles concluía.
Minutos después, los principales medios tradicionales con alcance global –en sus plataformas digitales– sin la cuidada comunicación del jefe de gobierno pakistaní es ratificada. “Una tregua inestable en Irán”, titula el reporte The World del The New York Times. “Hay mucha incertidumbre sobre lo que pueda ocurrir en los próximos días”, agrega luego.
SATURACIÓN EN LÍNEA
Las fakenews, los bulos, las putas mentiras que se emiten a través de cuentas no identificables en las redes saturan los circuitos de noticias reales, profesionales, verificadas. En ese contexto, quienes juegan en los llamados mercados predictivos agregan lo suyo para manipular los movimientos, análisis e inversiones de otros jugadores y jugadoras. Especulaciones –movimientos tácticos, por llamarlos de algún modo– que devienen con frecuencia en más noticias falsas. Polución informativa.
“¿De qué cosa habla?”, pregunta un parroquiano desde una mesa vecina en el bar Los 36 Billares, en el 1271 de la avenida de Mayo, en Buenos Aires, unos 1.300 kilómetros al sur de mi querida Asunción. Con el profe DPC, con quien hablamos de comunicación mientras compartíamos algunos cafecitos, nos miramos, sonreímos. Lo entendemos.
LUDOPATÍA
“Hasta no hace mucho, amigo, las llamaban apuestas”, explicó. Como en el tango... “me mira sin comprender” aunque, con repentismo, ironiza: “Jerarquiza a las y los quinieleros clandestinos”. Coincidimos y reímos. “En 2025, los mercados de predicción crecieron de forma explosiva, con millones de usuarios que apostaron más de USD 40.000 millones en las dos plataformas líderes: Kalshi y Polymarket. Ese envión no se detiene. En lo que va del nuevo año, los operadores ya movieron más de USD 10.000 millones en ambas plataformas, solo en enero. De ese total, USD 550 millones se destinaron a pronosticar quién ganaría el Super Bowl LX”, informa Forbes.com.
Y en ese ecosistema todo vale. Tanto apostar por la paz –posible y deseada– como por la guerra, ese “monstruo grande (que) pisa fuerte”, como canta León. Invertir (apostar) por un final posible –con todos los riesgos que supone cualquier apuesta– para optimizar la inversión monetiza la ludopatía. “Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras”, imagino diría alguien adjudicándole falsamente esa expresión al mítico Don Quijote de la Mancha.
“En casos como este, cuando como experto me consultan, sobre la comunicación y cómo optimizarla, sugiero pocas cosas”, me explica DPC con la misma paciencia de aquellos bellos tiempos lejanos en que era su alumno cuando maestraba en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (FPyCS) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
La segunda vuelta de café no consigue interrumpirlo. “Quienes se sienten a la mesa (de negociaciones) tendrán que entender y aplicar aquel viejo principio que nos indica que la comunicación es un ejercicio permanente de interlocución y escucha”, puntualiza el también experto en educomunicación. En alta voz recuerdo y tiro sobre la mesa que don Jesús Martín-Barbero (1937-2021), también por aquellos años de estudios superiores, destacó que “la comunicación, además de una cuestión de ideologías, es también una cuestión de culturas”.
DECIR Y ESCUCHAR
DPC asintió y agregó: “Tal cual y por esa razón, como dice el colega chileno Humberto Maturana, palabra más palabra menos, ‘somos totalmente responsables de lo que decimos y absolutamente irresponsables de lo que cada persona escucha’”. ¿Ese es el riesgo mayor de las conversaciones por la paz? “Desde la perspectiva de la comunicación, sí”, contesta.
¿Entonces? “Si partimos desde la buena fe de las partes, desde la palabra tendrán que esforzarse para achicar las diferencias a la hora de producir sentido e, inmediatamente, consultar a quienes escuchan ‘qué escucharon’ para tener seguridades en los diálogos”. Luego de unos segundos, consulta. “¿Se entiende así, con esta descripción operativa, de qué se trata ejercitar permanentemente la interlocución y la escucha como lo propone el psicólogo Paul Watzlawick (1921-2007)?”.
El trabajo que comenzó el viernes pasado en Islamabad será arduo. Extenuante. Incierto en sus resultados. Este domingo es el día 44 desde el inicio de las hostilidades. Todo lo que se sepa formalmente será muy poco y casi nada. Mucho de lo que las partes induzcan a decir o a escribir serán solo operaciones tácticas. Especulativas. El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, muy probablemente lo sepa y tenga conciencia de ello.
En torno de la mesa –que hasta que finalicen las negociaciones solo podremos llamarla “para intentar conseguir la paz”– convergen y convergerán todo tipo de personalidades. No todas llegarán con vocación colaborativa. Se cruzarán (aun sin decirlo) dolores, tristezas, odios, broncas, cansancios y hasta deseos de venganzas e ideas radicalizadas.
ILUSIONES
Tampoco todas habrán de internalizar la riqueza de la diversidad como valor. Cada etnia con sus idiomas, dialectos, religiones, creencias, historias, tradiciones... al igual que las voces que desde algún lugar les llegarán recordándoles sus pérdidas en combate o no y hasta sus ilusiones (por ahora frustradas) de vivir una vida mejor, los harán disentir y coincidir ostensiblemente.
No todos ni todas entenderán la guerra de la misma forma. ¿Cuál será el concepto de defensa que podrán y aceptarán en común para debatir en ese cónclave? ¿Y la idea de desarrollo científico? Muy probablemente, tampoco todos ni todas entenderán la paz de la misma forma. De hecho, alguien deberá exhortar a recordar y comprender que no es solo la ausencia de la guerra, sino que es una cultura que, a la luz de los sucesos, parecen desconocer y, en consecuencia, tendrán que debatir y acordar.
¡Qué bueno sería que lleguen a la mesa comprometidos con la escucha atenta e internalizada profundamente y con evidente vocación para verificar si cada una de las palabras expresadas es comprendida para que las otredades allí reunidas se perciban atendidas, escuchadas, comprendidas, validadas!
Deben saber que la paz no será sin una revincularización profunda. Deberán animarse a re-conocerse. Miles, a dejar las armas. Otros miles, a dejar de pensar en ellas como recurso único. “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit (El hombre es un lobo para el hombre, y no un hombre, cuando no conoce quién es el otro)”, escribió en su obra titulada “Asinaria (la comedia de los asnos)” el poeta romano Tito Maccio Plauto, en el siglo II antes de nuestra era.

