- Jérôme Rivet
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Para celebrar sus 80 años, “El principito” sale en una nueva edición, creada por el estudio MinaLima, conocido por el diseño gráfico en la saga de Harry Potter, que invita a releer la historia de Antoine de Saint-Exupéry en una versión ilustrada con mucho color y animaciones desplegables.
Este álbum, publicado el pasado jueves en 22 idiomas, es la primera readaptación de “El principito” editada desde su aparición en Francia en abril de 1946
Sus ilustraciones de colores intensos contrastan con los dibujos realizados con acuarela y en tonos pastel por Saint-Exupéry sobre el joven héroe.
“Era importante tomar el contrapunto de lo que todo el mundo conoce y de lo que se ha vuelto tan familiar desde hace 80 años. Proyectamos ‘El principito’ en un universo muy colorido, sin utilizar el blanco”, tan presente en los dibujos de Saint-Exupéry, explican la británica Miraphora Mina y el brasileño Eduardo Lima, los dos creadores del estudio MinaLima, en una entrevista con AFP.
Su libro cuenta con un centenar de ilustraciones, muchas más que el original, que a veces ocupan una doble página e incluye una decena de animaciones desplegables.
“CARTA BLANCA”
El estudio, con sede en Londres, tuvo “carta blanca” de Gallimard, el editor histórico francés de Saint-Exupéry, que se puso en contacto con ellos hace dos años tras quedar satisfecho con su colaboración en los álbumes de Harry Potter, la famosa saga del aprendiz de mago escrita por J.K. Rowling.
Readaptaciones como esta “pueden aportar un nuevo brillo al texto y facilitar su transmisión de una generación a otra”, sostiene Antoine Gallimard, el director general de la editorial. “El principito” de MinaLima cuenta con una primera tirada de 250.000 ejemplares en todo el mundo.
En su versión original, el libro bate récords editoriales desde hace ocho décadas: se han vendido 300 millones de ejemplares, 18 millones de ellos en Francia, según la editorial. También es la obra más traducida, a 650 lenguas y dialectos, después de la Biblia.
GARABATOS
Antoine de Saint-Exupéry, conocido por sus novelas “Vuelo nocturno” y “Tierra de hombres”, publicó “El principito” en 1943 en Estados Unidos, donde vivía tras la invasión de Francia por el ejército alemán. Su editor estadounidense le sugirió que escribiera un cuento para niños después de verlo garabatear en una esquina de la mesa.
El libro salió en Francia en 1946, dos años después de la muerte del escritor y piloto en un vuelo de reconocimiento sobre el Mediterráneo el 31 de julio de 1944.
“Qué destino tan singular el de este pequeño hombre, nacido con toda humildad en unas hojas garabateadas a toda prisa por un escritor conocido, y que se convirtió en una de las figuras imaginarias más presentes en el mundo, un mito quizá”, afirma Alban Cerisier, especialista en Saint-Exupéry.
LUZ EN LA OSCURIDAD
Para Miraphora Mina, leer “El principito” es más necesario que nunca porque “aporta luz en un mundo muy oscuro” y “una perspectiva diferente sobre cosas que creemos inmutables”.
Con los años, “El principito” se ha convertido en un colosal negocio, que incluye películas, dibujos animados, tiendas y parques de atracciones. Se trata de una lucrativa licencia comercial gestionada por la Sucesión Saint Exupéry - d’Agay.
Pero en todo ello no hay “nada de comida rápida, nada de compañías petroleras, nada de sufrimiento animal, nada de proyectos incompatibles con el espíritu del texto”, asegura Thomas Rivière, sobrino bisnieto del escritor.
Los derechos de “El principito” pasaron al dominio público en casi todos los países, salvo en Francia, donde se prolongan hasta 2032, debido a la condición de héroe de guerra del autor, y en Estados Unidos hasta 2034.
VÍNCULO CON EL PARAGUAY
Es bien conocida la historia de que el autor y aviador francés visitó nuestro país en 1929, buscando reunirse con las autoridades paraguayas para establecer una conexión entre las rutas comerciales de la Compañía General Aeropostal.
Sin embargo, su parada en San Bernardino estuvo motivada por otra razón. Después de aterrizar sobre el mismo lago Ypacaraí con su biplano T25 con flotadores, Antoine se dirigió al Hotel del Lago, donde residía Hilda Ingenohl, con la que le unía algo más que una simple amistad.
Con Hilda, Antoine conoció el pueblo de San Bernardino, su gente y nuestra cultura. Y dicen que un paseo por la orilla del lago junto a su amiga fue la fuente de su inspiración para, años después, dibujar la primera y más reconocida ilustración de su gran obra, la de la boa constrictora que se devoró un elefante.
En efecto, la ilustración presenta un notable parecido con la forma del cerro Patiño visto desde la villa veraniega. Como celebración de este vínculo simbólico con una obra emblemática de la cultura popular universal, desde 2022 se erige en la costa de la playa municipal la instalación “El primer dibujo”, del artista Amberé Feliciángeli, un recordatorio de la historia que vincula a San Bernardino con Saint-Exupéry.

