• Jorge Zárate
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  • Fotos: Gentileza

“Pensé que sería un espacio donde contaría cuentos y los niños prestarían libros, pero fue creciendo y hoy es un centro cultural donde, además de encontrarte con los libros, también se realizan tours educativos, obras de teatro, música, presentaciones, entre otras actividades”, dice la actriz y narradora Laura Ferreira, que cuenta la génesis y la proyección de esta biblioteca comunitaria sui generis.

“El libro físico sigue y seguirá siendo necesario”, sostiene la narradora Laura Ferreira, que hizo realidad el sueño de crear una biblioteca comunitaria en Areguá. “A Casacuento le di vida y espacio, inicié con mis libros de cuentos, pero luego fui recibiendo donaciones de amigos y ahora tenemos diversidad y un acervo de más de 2.700 libros”, comenta.

Laura, que también es actriz y escritora, recuerda que este espacio destacado en el circuito cultural tiene planes de “seguir apostando en promocionar la lectura, principalmente a través del Club Comic, un espacio de encuentro de artistas, futuros creadores y aficionados al mundo de las historietas. Estaremos realizando talleres y presentación de historietas en el Club Comic Areguá, que surgió a partir de un adolescente de 13 años que nos inspiró”, apunta.

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Aquí su diálogo con La Nación/Nación Media:

–¿Cómo surgió la idea de Casacuento?

–Surge de una necesidad de infancia y un sueño. Cuando niña no tuve acceso a libros ni bibliotecas amigables que me abran al mundo de la lectura. Mi conexión con los libros se inició siendo adulta a través de la educación popular. El trabajo comunitario y el arte teatral fueron puentes. Cuando llegó el arte de la narración oral de cuentos en mi vida, comencé a soñar con una biblioteca al servicio de la comunidad, cada libro que compraba sabía que algún día estaría en manos de varios niños. Hoy, la niña que fui y que no tuvo libros tiene una biblioteca y comparte con sus vecinos.

EL PULSO DE LA VIDA

–¿Qué impacto causa una biblioteca en los niños en este tiempo de pantallas?

–Los libros nos devuelven el pulso de la vida, la humanidad que debemos proteger. En una biblioteca los niños conviven con otros pares lectores, los espacios de mediación lectora generan esos encuentros. El domingo, después del espacio de ronda de cuentos, una adolescente preguntó por la sección de cómics, otro adolescente, ya usuario frecuente, se acerca a ella, le muestra los cómics nuevos, se quedan hablando de libros leídos y libros por leer. Yo escuchaba de cerca y mi corazón latía feliz. Vale recordar que la lectura de libros les devuelve la paciencia a los niños, deben avanzar línea a línea para descubrir lo que ocurre en la historia, lo que la pantalla le dio en un minuto de imágenes. Además, según la neurociencia, el cerebro infantil procesa de forma distinta la información en papel, facilitando la comprensión lectora.

–¿Qué le aporta el entorno de Areguá a la experiencia que proponés?

–Llegar a Casacuento es un viaje natural y literario. En el patio tenemos 34 árboles frutales y estamos acunados por un pequeño montecito. Cuando vas llegando a la biblioteca, vas también estimulando la vista con la cantidad de colores de los árboles, tus oídos se deleitan con los cantos de los pájaros, el olfato se conecta con los aromas de la tierra, las flores y los frutos. Leer un libro en un ambiente natural es una experiencia que te abraza en el viaje de la lectura.

–¿Por qué hay que seguir leyendo y narrando cuentos?

–Hoy día podemos hablar de estrés no solo en adultos, sino también en niños y jóvenes. Todo requiere rapidez. Vivimos en un sistema en el que debes producir todo el tiempo. El libro te regala la paz, ese momento en el que puedes respirar y viajar por otros mundos y aventuras. Volver a encontrarte contigo mismo y con los personajes. En este sentido, narrar cuentos es lo más maravilloso que podemos hacer. Al contarnos historias estamos volviendo al ritual de toda la existencia humana. Que los padres puedan contar a sus hijos, las abuelas puedan revitalizar sus memorias familiares, los cuentacuentos puedan contar las historias maravillosas escritas por los narradores. Como decía un colega chileno, contar un cuento es un milagro, algo tan inexplicable como respirar, como abrazar a alguien, como enamorarse.

PARA DAR UNA MANITO

“Casacuento se sostiene gracias a un gran equipo de trabajo”, cuenta Laura Ferreira. Menciona entonces que “el coordinador actual es Xavier Padullés, quien nos ayuda a mantener el eje de nuestro objetivo. Quien se encarga de los libros y la biblioteca es Fabián Brosio. Además nos apoyan siempre Natalia Benítez, Sintia Frutos, Víctor Manoel Felisbino, Teresa de Brosio y Dercides Ferreira”, comenta.

“El obstáculo más grande que se nos presenta, como en todos los espacios que se dedican al arte y la cultura, es el sostenimiento económico. Es un debate continuo, así que aprovecho este espacio para invitar a quienes interese apoyar nuestro trabajo, ser parte del Club de Amigos/as de Casacuento, aportando una suma mensual o anual para el sostenimiento de las actividades que realizamos. Nuestro teléfono de contacto es el (0981) 455-369 y el (0987) 326-548”, apunta.

También se los puede seguir en redes en @Casacuento.aregua.