Tiene claro que mientras exista un acordeón la música de su tierra seguirá en expansión. También que aquello que le recuerdan las ruedas de Chimarrao (mate), el trabajo ganadero, la yerra, el asado, el esparcimiento, vive en esos acordes que son posibles en el más simple de ellos, el acordeón de 8 bajos. Pasó por Asunción con un concierto brillante y dejó sus impresiones sobre la música de la región y el porqué de su Fábrica de Gaiteros.

“Ya llegamos a unos 1.500 niños en las escuelas”, cuenta con orgullo Renato Borghetti de la actua­lidad de su proyecto más que­rido. También que todo inició en el reiterado encuentro con padres que le pedían instru­mentos usados o que los ayu­dara para acceder a una acor­deón para sus hijos.

“Pensé: no es posible una música gaúcha sin gaita (acor­deón) o un forró sin sanfonha (acordeón más grande), y avan­zamos”, dice humilde con una sonrisa que le ilumina el rostro.

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Por eso lleva montadas unas 25 escuelas en su Río Grande do Sul, Santa Catarina, Uruguay y próximamente en Puerto Tirol, Chaco, Argentina, en la que niños y adolescentes de 7 a 15 años aprenden a tocar y reci­ben un instrumento gratuito construido en su ya famosa Fábrica de Gaiteros.

Es su tercera vez en Asunción y mientras se prepara para el concierto, pregunta por la salud de su amigo, el guita­rrista Rolando Chaparro, al que desea recuperación en su salud y recuerda algunas andanzas en los escenarios de San Pablo.

AQUÍ SU DIÁLOGO CON ESTA PÁGINA:

–Cuando te dicen música del Paraguay, ¿qué es lo pri­mero que te viene a la mente, al corazón?

–El ritmo, la polca paraguaya, Felix Pérez Cardozo, “Lle­gada”, el “Pájaro campana”, eso sonó mucho para nosotros en Rio Grande do Sul.

El chamamé nos llega de Argentina y la polca y la gua­rania del Paraguay y allá se mezcla con lo que se toca en Brasil. En nuestra zona las influencias se pueden notar, hacemos un chamamé brasi­leño, paraguayo y argentino, está bien mezclado y creo que es muy bonito esto.

–En tu último disco de estu­dio “Sou gaúcho”(2022) revisita muchos clásicos. ¿Creés en aquello atribuido a Tolstoi de “pinta tu aldea y serás universal”?

–Creo que sí. Creo que por más que tú quieras volar, tienes que saber dónde es tu nido. Siento que esto es fundamental. Siem­pre voy a querer hacer una música que pueda ser tocada en todo el mundo, pero lo que quiero es que los oyentes no necesiten saber que soy yo Bor­ghetti el que está tocando, pero sí que la música es del sur del Brasil, tiene que tener esa iden­tidad, eso lo que yo no quiero perder nunca.

–Otro tema de la música de Rio Grande do Sul es que se baila todos los días, prácticamente…

El músico ofreció un concierto en Asunción días atrás

–Sí, sigue habiendo baile. Sí, hay muchos grupos, es una vertiente muy fuerte la de los conjuntos de baile y princi­palmente los fines de semana con concurrencias multitudi­narias. Tuve la experiencia de tocar con mi amigo Porca Veia (chancha vieja, en portugués, aclara y ríe), es muy gracioso su apodo, que era superconocido en ese circuito y fue una gran experiencia, aprendí mucho.

–¿Estás componiendo, tra­bajás en música nueva?

–Estoy principalmente ahora con este trío, porque tengo un cuarteto también con el que toco desde hace casi 40 años. Ahora estoy tocando bastante con ellos, con mi hijo que es el percusionista y también toca guitarra, compone y canta cosas. Venimos haciendo algu­nas cosas juntos y la idea ahora es hacer algo nuevo, estamos pensando en grabar con el trío.

UNA OBRA MAYOR

–Una parte muy grande de tu obra tiene que ver con La Fábrica de Gaiteiros. ¿Cómo marcha el proyecto?

–Todo está bien, creció bas­tante. Empezamos con una fábrica y una escuela y hoy tene­mos en la central de Barra do Ribeiro un centro cultural, que tiene teatro, exposiciones per­manentes y una fábrica. Ahora tenemos 25 escuelas y llegamos también además de a muchas ciudades de Río Grande do Sul y Santa Catarina; al Uruguay y próximamente a la Argentina, en Puerto Tirol, Chaco, cerca de aquí donde se pondrá en mar­cha una fábrica de acordeones sociales con nuestro método.

El músico reside en Río Grande do Sul, desde donde lleva su música al mundo

–¿Es posible que ese proyecto se pueda hacer en el Paraguay?

–Espero que sí, que se pueda llegar, sería maravilloso… sería una manera fantástica de seguir apropiándonos de este instrumento que inventó el austríaco Cyril Demian (NDR. Patentó su acordeón en 1829 en Viena).

–¿Hay algún registro de cuándo viene a nuestra zona?

–Muy preciso no, en Brasil llegó con inmigración, princi­palmente italiana y alemana. Llegaron instrumentos fabri­cados en Europa y después los inmigrantes empezaron a crear fábricas, había unas 50 a 60 en nuestro país, más en el sur donde hay muchos descen­dientes de italianos y alemanes.

Después, en una época las fábricas fueron cerrando o migrando a otras actividades hasta un momento en que no se tenía más ninguna en todo el país y eso me preocupó un poquito.

Uno de los motivos de mon­tar y crear la Fábrica de Gai­teros fue este. Yo pensé: “Si se fabricaban acordeones 60 años atrás, no será fácil hoy, pero es posible”.

Estuve investigando y no encontré ya las máquinas o equipamientos, pero si algu­nos técnicos que estaban vivos y me ayudaron a montar la fábrica.

–Contabas que la idea era pro­ducir todas las piezas local­mente.

–Sí, claro, porque hay una ciu­dad en el norte de Italia que se llama Castelfidardo, que es la ciudad de acordeón del mundo, allí hay muchas fábricas y se pueden importar piezas, boto­nes, cartón, todo un set de ele­mentos y armar aquí un acor­deón, pero esa no era la idea.

Apostamos por construirlo íntegramente con la dife­rencia que tenemos con una fábrica normal, es que noso­tros no vendemos ningún ins­trumento. Todos, el 100 % de los acordeones son para las cla­ses de los niños y adolescentes. No se comercializa ninguno.

Lleva montadas 25 escuelas de la Fábrica de Gaiteros, en Brasil, Uruguay, y próximamente abrirá una en Argentina

–¿Qué nos podés comen­tar de las escuelas, ya estás viendo el fruto, los talentos?

–¡Claro! El proyecto ya tiene 14 años y muchos están hoy viviendo de música. Viajan para el exterior, tocan con gru­pos de bailes, tocan con canto­res, trabajan con la música… Es un tema que a mí me alegra mucho, pero no es el objetivo principal.

La idea del proyecto es la música y el acordeón como ins­trumento de inclusión social, de pertenencia, de crecer en la escuela con amigos, con la familia.

Tenemos niños y adolescen­tes de 7 a 15 años. Que apren­den mucho y se quieren seguir con la música estamos muy contentos porque queremos que sea parte de su vida para siempre. Pero lo más impor­tante es que haya una diferen­cia positiva en la vida cuando sea adulto.

–En tu trayectoria hiciste muchísimas cosas, tocaste con supermúsi­cos, giraste por el mundo, hiciste estas escuelas ¿Qué otras cosas te gus­taría hacer?

–No proyecto nada porque me pasan tantas cosas sin hacerlo que pienso que está bien así.

Claro, hay una organización, un equipo, pero las cosas siem­pre van a ir pasando, estare­mos girando, tocando, y aten­diendo la fábrica, que hoy me toma un buen tiempo, en un buen sentido, porque me gusta mucho… Entonces creo que seguiré así como estoy tratando de hacer este disco con el trío y abocarnos a una nueva sede de la escuela en Porto Alegre que estamos construyendo, en fin viviendo, haciendo música.

UN AGRADECIMIENTO ESPECIAL

Renato Borghetti es un viajero esencial, y suele llevar su música a escenarios centrales de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, principalmente, pero disfruta mucho de girar cerca de casa. “Creo que tenemos un buen intercambio de artistas aquí en el cono sur, la gente se va conociendo, se van abriendo los oídos”, celebra.

Agradece desde el escenario del Teatro Municipal la solida­ridad paraguaya durante las graves inundaciones provoca­das por el río Guaíba en mayo de 2024. “La sufrimos princi­palmente en la Fábrica de Gaiteros, donde el agua llegó hasta un metro medio de altura. Todo Río Grande Do Sul fue muy dañado y Paraguay tuvo una ayuda muy grande, fue muy bonita la actitud de solidaridad, muchos camiones salieron de acá y quiero agradecer especialmente aquel gesto”, apunta.

En febrero pasado celebró 40 años de haber conseguido el primer disco de oro para la música instrumental brasileña, grabó 26 discos, y la actualidad lo encuentra haciendo parte importante de su tarea, además de con su tradicional cuar­teto, con este trío en el que lo acompañan su hijo Pedro da Costa Borghetti en el bombo legüero y Neuro Júnior en la guitarra de siete cuerdas.

“Toco con jóvenes, así que me tengo que esforzar”, bromea desde el escenario del Teatro Municipal Ignacio A. Pane, después de dejar en claro al público la gran complementa­ción que logra el trío dando brillo a la acústica de la sala para regocijo de los asistentes.

En el repertorio visitará música de Paraguay, Brasil y Argen­tina y se destaca especialmente una versión maravillosa de la milonga “Taquito militar” con espacios de lucimiento para acordeón, guitarra y bombo que invitan a esperar el próximo registro discográfico del trío.

En otros pasajes ya visitando la polka paraguaya y el cha­mamé, se lucen los trémolos mangoreanos en la guitarra y unos agudos espaciales que logra Renato en el acordeón. Importante es conocer las posibilidades del bombo legüero en estos ritmos, que Pedro desarrolla con especial naturalidad.

Cuenta Borghetti que suele sentarse en el living de su casa con una “gaitinha do sofa”, un pequeño acordeón que apa­rece en escena para deslumbrar con una versión de “Alfon­sina y el mar”.

Les regala luego un espacio a sus acompañantes que acome­ten con “Espiral” una composición en la que bombo y guita­rra logran un ajuste especial. Con suavidades sonoras como la caricia del pelo del parche y los golpeteos en la caja de la guitarra, hasta una celebración del gran rasguido de la gui­tarra criolla de estas tierras con el latir profundo del bombo.

La vuelta de Renato ofrece un paseo veloz en la mano derecha de su acordeón combinado con el punteo de alta velocidad de Neuro, un verdadero prodigio en los temas “Fazendo foco” y “Kilómetro 11”. Brindando un concierto excelso, con platea de pie pidiendo bises, Renato Borghetti pasó por Asunción. Que vuelva siempre.

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