• Fotos: Emilio Bazán

En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos recibe al sociólogo y filósofo José Fernando Duarte, quien habla de su libro recientemente lanzado, “Diez tesis sobre el Partido Colorado. Para pensar nuestro futuro nacional y popular”. Duarte califica a esta obra como una intervención política que tiene el objetivo de pensar la historia, la doctrina y el futuro del coloradismo de cara a los nuevos desafíos del siglo XXI y superando las visiones reduccionistas.

–¿Cuál es la intencionalidad en términos concretos de este libro?

–En la introducción del libro está claramente planteada la idea, es un acto de intervención política y no académica. Es un libro escrito para sentar postura y posición sobre un partido que tiene la particularidad de proceder del siglo XIX en un continente donde la mayoría de los partidos políticos nacieron en el siglo XX, y la mayoría de los partidos que hoy gobiernan son del siglo XXI. Entonces, la perdurabilidad, la persistencia y la vigencia del Partido Colorado es algo que nos interpela siempre, que debería interpelarnos más. Creo que el Partido Colorado es el objeto maldito de la academia, porque no hay estudios sistemáticos sobre el mismo desde sus propias lógicas. Siempre la mirada al Partido Colorado bajo el rótulo de crítica, un rótulo vago, mal definido, sin explicitación y utilizado como muletilla, ha sido más bien el de tribunal de juicio.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

–¿Cuáles son las razones de esa perdurabilidad y eso está expresado en el texto?

–En la primera tesis, yo discuto muy fuertemente esta idea de que el Partido Colorado perdura por ser un partido anclado única y exclusivamente en el clientelismo o en el prebendarismo. El Partido Colorado ha pasado por diferentes etapas a lo largo de su historia. Es un partido que luego de la guerra contra la Triple Alianza ha iniciado la reconstrucción del Paraguay. Es un partido que de 1904 a 1947 ha estado en la oposición, en la resistencia, en la lucha, con muchos de sus dirigentes exiliados, torturados en el Fortín Galpón durante la larga noche liberal, y es un partido que desde 1947 en adelante ha iniciado la lenta construcción de un nuevo orden y un nuevo Estado, que ha tenido a su vez un nuevo momento en 1992, cuando el Partido Colorado, por obra de sus pugnas internas, lidera el primer y único proceso democrático que tiene el Paraguay, que es el que se inicia en 1989. La razón de su perdurabilidad para mí, la tesis fuerte es que el Partido Colorado es la comunidad organizada viva más grande del Paraguay, es una red asociativa y no necesariamente un partido basado únicamente en cuestiones instrumentales.

INTERPRETACIÓN DE LA HISTORIA

–¿Cuál te parece que es el principal error al tratar de definir al Partido Colorado desde afuera?

–Se tiende a pensar al Partido Colorado como una maquinaria electoral muy eficaz, que en materia de su intervención pública, de su discursividad y su interpretación de la historia, yo creo que los partidos deben interpretar la historia para pensar el futuro, el Partido Colorado se ha visto acorralado muchas veces en un partido que debe pedir perdón. Y estoy totalmente en contra de la idea que el Partido Colorado debe pedir perdón por el estronismo. Me parece un absurdo. El Partido Colorado ha rectificado, en todo caso, su compromiso con la época autoritaria anterior, demostrando que es el único partido con competencia interna, con reglas democráticas, con principios de legitimación, que no tiene ninguna otra fuerza política.

–¿No es una mirada idílica plantear que el Partido Colorado es una tercera posición?

–Yo creo que es una mirada que conecta con el proceso de construcción doctrinaria del Partido Colorado. En “La contestación al orden liberal”, que para mí es un libro muy importante, Milda Rivarola dice en un momento que a comienzo del siglo XX había tres marcos ideológicos en el Paraguay, el marxismo, el liberalismo y el nacionalismo. Y ella muestra cómo progresivamente el nacionalismo va ganando terreno y va dejando atrás a los dos marcos interpretativos que son derrotados, no solo en el plano ideológico, sino sobre todo en el plano político, en la capacidad de interpelación y de construcción de adhesiones. Y lo que ocurre en todo el siglo XX es que el nacionalismo se vuelve la lingua franca de la política, el esperanto de la política, o hablás en clave nacionalista o nadie te entiende. El Partido Colorado para mí se inscribe en lo que Leandro Prieto Yegros llama la tradición nacional y popular.

–Pero es más fácil ser dos cosas.

–La realidad es más compleja que las particiones binarias. El Partido Colorado ha sido profundamente exitoso en derrotar a la izquierda en todas las causas sociales, incluso en lo sindical. La organización revolucionaria obrera derrota espectacularmente al Partido Comunista en la conducción sindical. El Partido Colorado es el partido del voto femenino. El Partido Colorado es el partido de las vacaciones pagas, del aguinaldo, es el partido que ha ampliado los derechos y ha incluido en la esfera de la participación pública a vastos sectores excluidos. Los gobiernos liberales han bloqueado parlamentariamente todas estas iniciativas de 1904 a 1940. Entonces, decir que el Partido Colorado es conservador en el sentido de su capacidad incorporadora de sectores excluidos es falso. Ahora, nosotros creemos en las tradiciones nacionales, nosotros creemos en la familia, nosotros creemos en la vida, nosotros creemos en el derecho de ser paraguayos.


ACELERACIONISMO

–¿Qué es el aceleracionismo capitalista?

–El aceleracionismo es toda una corriente filosófica. El aceleracionismo paradójicamente proviene de una lectura del marxismo, que plantea que las contradicciones internas del capitalismo se aceleran y que en esa aceleración el capitalismo muestra sus límites. Nuestra época es una época de gran velocidad, es una época de flujos cada vez más rápidos, es una época que al parecer no se detiene, por eso la propia escritura de un libro es compleja, en la propia lectura es difícil y muchas veces el libro como dispositivo tecnológico que viene de la revolución de la imprenta hasta parece anacrónico. Paraguay no puede quedarse en la nostalgia, no puede renunciar a acelerar sus potencialidades productivas, a acelerar y a liberar las fuerzas que todavía están dormidas. Yo creo que nuestro Estado no tiene que achicarse, pero sí creo que tiene que ser un Estado mucho más ágil, mucho más eficiente.

–¿Hay te parece un riesgo de una redefinición de la mirada ideológica respecto del Estado?

–Martínez Escobar, Fernando, tiene una tesis doctoral y varios artículos al respecto, donde muestra que el partido, lejos de ser una unidad homogénea, ya en los 90 fue un escenario de pugna ideológica. El sector modernizante, que estaba encarnado por Rodríguez, el presidente Wasmosy, la figura de Lino César Oviedo, sí tenían ese proyecto de aplicación inmediata del consenso de Washington. A eso le enfrentó Luis María Argaña con los sindicatos colorados y esa pugna no se resolvió. Por eso en el Paraguay se conservaron muchas empresas públicas, por eso en el Paraguay el Estado no cedió. El Partido Colorado en el siglo veintiuno también construyó las nuevas políticas sociales, creó el primer gabinete social y hoy el gobierno de Santiago Peña, en continuidad con esta línea, tiene uno de los programas más ambiciosos en materia social, que es Hambre Cero.

IDENTIDAD HISTÓRICA

–¿Hay otras ideas en el mundo en las personas que pertenecen al Partido Colorado con relación a su identidad histórica?

–Yo creo que en el Partido Colorado sigue muy latente, de manera más explícita o más tácita, el sentir de que somos un partido de masas y no de notables. El sentir de que somos un partido que debe atender a las grandes demandas sociales. El Partido Colorado ha liderado uno de los procesos de transformación en el siglo veintiuno más importantes, porque fueron políticas públicas hechas durante gobiernos colorados las que lograron que el Paraguay hoy sea un país atractivo en el mundo y haya reducido sus niveles de pobreza y desigualdad. Ahora, ¿eso significa que está todo bien, que no hay demandas insatisfechas, que no hay desafíos? No, y es ahí donde se necesita una nueva generación del Partido Colorado que piense estos problemas. La agenda de la productividad es algo que conecta con varios puntos, la formación del capital humano, el empleo registrado, que este gobierno está logrando un aumento considerable de empleo registrado.

–¿Cuál es puntualmente tu crítica con relación a cómo la historia paraguaya lee a Stroessner?

–La controversia se da por razones totalmente contingentes y luego deriva en algo interesante, que fue un estado de discusión que duró lo que duran las discusiones. Pero creo que inauguró la posibilidad de reflexionar un poco más en lo que es la construcción del orden en el Paraguay. Yo creo que los que tenemos una afiliación clara con el colorismo seguimos pensando y analizando la construcción del orden. Mi crítica se basa en que necesitamos una lectura de larga duración del siglo XX y no la fábula que hace iniciar en 1954 el año cero del mal. 1954 es un punto de llegada y no punto de partida de un proceso de gestación muy complejo, que podemos remontar a la caída del orden liberal luego de la victoria militar de la guerra del Chaco, la desmovilización de los excombatientes y la incapacidad de ese orden oligárquico de responder a sus demandas. Lo que ocurre en ese contexto, entre 1936 y 1954, no es una alternativa entre democracia y dictadura en absoluto. La historia efectiva de ese período es la lucha por liderar una articulación cívico-militar y todos los partidos querían eso.

POLÍTICA PENDULAR

–¿Cómo debería ser a la luz de las miradas que expresás en el libro un Partido Colorado, que coincidentemente está en el poder casi siempre, la relación con el Gobierno?

–Yo planteo la necesidad de tener una política no alineada. Esta es una postura personal como colorado, en continuidad con los grandes momentos del Partido Colorado en materia de política exterior, y este no alineamiento debería ser algo reflexionado estratégicamente. Creo que Paraguay tiene que tener una política pendular hacia los grandes centros de poder y el objetivo último de cualquier tipo de alianza, lo que nos permitió romper con el aislamiento en el que estaba el Paraguay. No podemos olvidar que el orden oligárquico liberal hacía que Paraguay funcione como una dependencia del Estado argentino, todos los ríos bloqueados. La construcción de la ruta 2 y la salida hacia el este es lo que le da al Paraguay un acceso real, soberano a los grandes mercados. Ahora, nosotros no estamos en la era del multilateralismo, esa es una época que ha concluido. Estamos, como diría Cash Smith, en la era de los grandes espacios y la amenaza imperial no es solamente como cree cierta lectura nostálgica de la izquierda, el famoso cuco del imperialismo norteamericano, es también el imperialismo chino, que avanza sobre diferentes posiciones en el mundo, que utiliza muy bien la retórica del libre comercio.

–¿Vos creés que el tema China va a ser una gran agenda en el contexto de las elecciones de 2028?

–Absolutamente. Yo creo que va a ser una gran agenda, que China va a ser un actor que va a financiar directamente a la oposición al Partido Colorado, y no solamente a la oposición al Partido Colorado. Yo creo que también va a financiar, por medio del desbloqueo de las listas sábana, a muchos candidatos colorados que van a competir. Estoy seguro de que va ser un actor que va a jugar ese papel en este mundo, donde las relaciones de fuerza se definen de esa manera, es un jugador muy importante. Paraguay, de hecho, tiene una relación comercial vasta con China y está la instancia del Mercosur para canalizar eso. Ahora, yo creo que tenemos que tener un relacionamiento inteligente y estratégico.

–¿Para qué sirven hoy las ideologías?

–Yo creo que, primero, las ideologías existen. Es una realidad. No existe la vida posideológica, que fue el gran sueño de los años 90, con el neoliberalismo triunfante y la ilusión de que democracia, liberalismo económico y político quedaban sellados para siempre. Creo que estamos en una época donde la discusión sobre visiones del mundo y valores vuelve a estar en el centro de la escena. Si no tenemos una definición ideológica en sentido de identidad amplia, si nos reducimos a un partido que solamente sabe ganar elecciones y no hay una justificación del porqué ser, de las razones de ser colorados y de nuestra proyección en el siglo veintiuno, creo que estamos determinados a disolvernos.

Déjanos tus comentarios en Voiz