La dislexia constituye una dificultad específica del aprendizaje que impacta directamente en la lectura, la escritura y la ortografía de los niños. Al respecto, la Lic. Guadalupe Domínguez, psicopedagoga en el Aula Hospitalaria del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS), remarcó que esta condición no guarda relación con la capacidad intelectual: “La dislexia no tiene relación con la inteligencia. Los niños pueden ser perfectamente capaces de realizar proyectos, ser creativos y brillantes, pero procesan el lenguaje escrito de manera distinta”.
Uno de los factores que complejiza el panorama actual es el uso desmedido de pantallas desde temprana edad. “Uno de los factores muy frecuentes es el uso de celulares debido a que el niño ya no tiene una estimulación visomotora, la cual le dificulta mirar la pizarra, copiar y también razonar lo que está copiando”, advirtió la especialista. Esta falta de estimulación suele provocar un cansancio excesivo y frustración al momento de encarar las tareas escolares, derivando en desinterés o rechazo al estudio.
Ante la sospecha de esta condición, el diagnóstico certero exige una evaluación integral que descarte otros problemas de origen sensorial o neurológico. Domínguez explicó: “El apoyo interdisciplinario es imprescindible con profesionales en Fonoaudiología, Otorrinolaringología con el estudio llamado Audiometría para saber si el niño está captando y decodificando el sonido que va de la mano con el lenguaje”. En muchos casos, fallas atribuibles a la dislexia responden en realidad a deficiencias auditivas o de discriminación fonológica no detectadas a tiempo.
En el ámbito pedagógico, la intervención temprana resulta clave para adaptar las metodologías de enseñanza a las necesidades de cada estudiante. La profesional destacó la efectividad de trabajar mediante el juego y la orientación espacial: “Es fundamental llevar a cabo tipos de juegos con los niños y trabajar desde la lateralidad. Por ejemplo, la letra N es hacia abajo y la U es hacia arriba, la B es un lado y la D es otro lado. Mediante esos juegos existe una gran posibilidad de que se vaya modificando la escritura”.
Para los centros educativos, la recomendación principal es detectar las señales de alerta sin demora y aplicar adecuaciones curriculares personalizadas. Domínguez instó a las instituciones a agotar las instancias internas y trabajar de forma articulada con las familias, evitando que el problema se prolongue sin atención en los grados superiores: “Hay que incentivar mucho a la atención primaria, no esperar a que el niño esté en el cuarto o quinto grado y dar a conocer que el niño nunca escribió ni aprendió a leer”.
Finalmente, la profesional recordó que la dislexia no es una enfermedad que se trate con fármacos, sino una condición que requiere acompañamiento y estimulación constante. Al respecto, concluyó: “Muchos niños o adultos con dislexia desarrollan habilidades fuertes en otras áreas como la creatividad, la intuición o el pensamiento visual. Es importante conocer al paciente, al alumno y comprender que la dislexia no es una enfermedad con tratamientos farmacológicos”, sino una capacidad diferente que necesita ser comprendida y encauzada para asegurar el desarrollo pleno del niño.

