El diagnóstico de anemia suele generar el temor infundado de someterse a dietas estrictas o poco atractivas. Sin embargo, el abordaje nutricional moderno demuestra que es posible elevar los niveles de hierro a través de una alimentación variada, equilibrada y alineada con las costumbres locales. Al respecto, el Lic. Daniel Ferreira, nutricionista del Departamento de Programas de Salud del Instituto de Previsión Social (IPS), puntualizó: “La anemia puede tener diferentes causas. Una de las más frecuentes es la falta de hierro, aunque también puede relacionarse con déficit de vitamina B12, ácido fólico, pérdidas de sangre o algunas enfermedades. Por eso, siempre es importante contar con una evaluación médica y nutricional adecuada”.
Para optimizar la ingesta de este mineral, es clave combinar fuentes de origen animal con opciones vegetales. “Las carnes rojas son una excelente fuente de hierro y nuestro organismo las aprovecha muy bien. También podemos encontrar este mineral en pollo, pescado, huevo, hígado y otras vísceras”, explicó el profesional, al tiempo que citó alternativas como lentejas, porotos y verduras de hoja verde. Ferreira aconseja potenciar la absorción del hierro combinando platos tradicionales —como el vorí vorí de pollo, guisos o bifes— con alimentos ricos en vitamina C, como ensaladas aderezadas con limón, tomate o locote.
Un aspecto crucial que suele pasarse por alto en la rutina diaria es el efecto de ciertas bebidas consumidas durante o inmediatamente después de los almuerzos y cenas. Infusiones de consumo masivo como el café, el té y el mate contienen compuestos que interfieren con la correcta asimilación del hierro en el tracto digestivo. Debido a esto, el especialista sugiere distanciar la ingesta de estas bebidas de las comidas principales para asegurar que el organismo aproveche al máximo los nutrientes presentes en el plato.
Detrás de cada indicación precisa existe un trabajo de indagación clínica que busca garantizar la adherencia del paciente. “Antes de preparar un plan de alimentación debemos conocer a la persona. En la consulta nutricional realizamos lo que llamamos anamnesis alimentaria, que consiste en una entrevista estructurada para conocer en detalle la cantidad y calidad de los alimentos que consume, además de sus hábitos”, señaló Ferreira. Este relevamiento abarca gustos, horarios, presupuesto y la aplicación de herramientas como el recordatorio de 24 horas para diseñar un esquema sostenible.
El éxito de una pauta alimentaria radica en su capacidad de adaptación cultural y personal, alejándose de listas rígidas de alimentos prohibidos o permitidos. “Si recomendamos alimentos que una persona nunca consume, que no le gustan o que no puede conseguir, será mucho más difícil que mantenga ese plan”, sostuvo el nutricionista. Bajo este enfoque, dos pacientes con el mismo diagnóstico pueden recibir indicaciones completamente distintas que respeten sus preferencias sin comprometer la efectividad del tratamiento.
Finalmente, el equipo de salud del IPS enfatiza que la nutrición debe integrarse de manera armónica a la vida cotidiana para perdurar en el tiempo. “Una buena alimentación no es la que se ve perfecta en una hoja. Es la que aporta los nutrientes necesarios y que el paciente puede disfrutar y mantener en el tiempo”, afirmó Ferreira, recordando que el camino hacia la recuperación física muchas veces comienza con una pregunta fundamental: “¿Qué le gusta comer?”.

