Aunque la esperanza de vida continúa aumentando en casi todo el planeta, ese avance trae consigo un desafío cada vez más preocupante: las personas no solo viven más, sino que también pasan una mayor cantidad de años enfrentando enfermedades o limitaciones físicas. Esa es la principal conclusión de un estudio difundido por la revista científica The Lancet y citado por la agencia RT.
La investigación determinó que la diferencia entre la esperanza de vida total y la esperanza de vida saludable se amplió de 8,8 años en 1990 a 10,7 años en 2023. En otras palabras, el incremento de la longevidad no estuvo acompañado por una mejora equivalente en la calidad de vida durante la vejez.
Los especialistas analizaron datos correspondientes a 203 de 204 países y territorios, encontrando que esta tendencia se repite prácticamente en todo el mundo. El trabajo advierte que los sistemas sanitarios deberán prepararse para atender a una población que vive más tiempo, pero que requiere una atención médica prolongada y cada vez más compleja.
Principales causas
Entre las principales causas de los años vividos con problemas de salud aparecen los trastornos musculoesqueléticos, como el dolor crónico de espalda y la artritis; los trastornos mentales, entre ellos la depresión y la ansiedad; y las enfermedades que afectan los órganos de los sentidos, como la pérdida de visión y audición. Los investigadores sostienen que fortalecer la prevención, promover estilos de vida saludables y mejorar el tratamiento de las enfermedades crónicas será determinante para reducir esa brecha en las próximas décadas.
La OMS
De acuerdo con datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la esperanza de vida global aumentó más de seis años entre 2000 y 2019, pasando de 66,8 a 73,1 años, antes del impacto temporal provocado por la pandemia de covid-19. El organismo considera que el gran desafío ya no consiste únicamente en prolongar la vida, sino en lograr que esos años adicionales transcurran con buena salud, autonomía y calidad de vida.
Otro dato llamativo es el de las denominadas “Zonas Azules”, regiones del mundo donde se concentra un número inusualmente elevado de personas centenarias. Lugares como:
- Okinawa (Japón)
- Cerdeña (Italia)
- Icaria (Grecia)
- Nicoya (Costa Rica)
- y Loma Linda (Estados Unidos)
han despertado el interés de la comunidad científica por compartir características como una alimentación equilibrada, actividad física cotidiana, fuertes vínculos sociales y bajos niveles de estrés, factores que podrían contribuir a una vida más larga y saludable, según investigaciones respaldadas por organismos internacionales y diversos estudios sobre envejecimiento.
El estudio publicado en The Lancet plantea así una paradoja cada vez más evidente: los avances de la medicina permiten extender la vida, pero el verdadero reto del siglo XXI será garantizar que esos años adicionales puedan vivirse con bienestar y no marcados por la enfermedad o la discapacidad.
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