El crecimiento infantil trae consigo cambios que muchas veces generan dudas en los padres. Uno de los más comunes es la aparición del olor corporal y la decisión de cuándo empezar a usar desodorante.
Especialistas señalan que no existe una edad exacta, pero sí una referencia: el uso puede considerarse cuando aparece el olor corporal. Esto suele ocurrir, en promedio, en niñas entre los 6 y 7 años, y en niños entre los 7 y 9 años.
En estos casos, se recomienda optar por desodorantes suaves, sin aluminio, sin alcohol ni fragancias intensas, preferentemente hipoalergénicos y diseñados para piel sensible.
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No obstante, antes de recurrir únicamente al producto, es importante reforzar hábitos básicos de higiene. Si el mal olor persiste, se aconseja insistir en el baño diario, secar bien las axilas, utilizar ropa de algodón, evitar alimentos muy condimentados, cambiarse luego de realizar actividad física y, si es necesario, probar con otra marca de desodorante.
Más allá de lo cotidiano, el olor corporal también puede ser una señal de alerta si aparece de forma precoz o acompañado de otros cambios físicos. En las niñas, antes de los 8 años, signos como el desarrollo mamario, la aparición de vello axilar o genital, crecimiento acelerado, cambios de humor, acné o piel más grasa e incluso el primer sangrado pueden indicar un inicio temprano de la pubertad.
En los niños, por su parte, se debe prestar atención al aumento del tamaño de los testículos, crecimiento del pene, aparición de vello axilar, genital o facial, cambios en la voz, crecimiento acelerado, acné o modificaciones en el comportamiento.
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Ante la presencia de estos signos, la recomendación es clara: consultar con un especialista. Detectar a tiempo permite evaluar cada caso y acompañar el desarrollo de manera adecuada.
Los expertos insisten en que cada niño tiene su propio ritmo. Sin embargo, la observación atenta y el acompañamiento informado son claves para garantizar su bienestar.

