El Centro de Investigación Musical “Juan Max Boettner” del Ateneo Paraguayo llevó a cabo con gran éxito un doble homenaje en su sede, el pasado viernes 9 de octubre, para conmemorar el tercer centenario del fallecimiento del célebre compositor y organista barroco Domenico Zipoli (1726–2026), así como el sexagésimo aniversario de la partida del musicólogo uruguayo Lauro Ayestarán. La velada congregó a investigadores, músicos y público general en una noche dedicada a la memoria sonora colonial.
El eje central de la convocatoria fue el lanzamiento de la edición facsimilar del libro “Domenico Zipoli. El gran compositor y organista romano del 1700 en el Río de la Plata”, escrito originalmente por Ayestarán en 1941. Esta obra constituye un hito fundamental en la historiografía musical sudamericana por haber demostrado que el talentoso organista de la Iglesia del Gesù en Roma era el mismo “hermano Domingo Zipoli” que integró las reducciones jesuíticas en Córdoba y las Misiones del Paraguay. La presentación del volumen estuvo a cargo del investigador Manuel Martínez Domínguez.
El rescate de este texto fundacional adquiere una relevancia excepcional para la cultura paraguaya, ya que abrió el camino al estudio de la música barroca misional y conectó las fuentes europeas con el rico patrimonio musical americano. El programa conmemorativo se complementó con una muestra bibliográfica organizada por el archivo y la biblioteca del Ateneo. En este espacio, los asistentes pudieron apreciar valiosos documentos, recortes de prensa de la década de 1950, partituras históricas y la colección completa de volúmenes editados por el padre Piotr Nawrot.
La dimensión artística de la jornada brilló con un magistral concierto de música barroca misional bajo la dirección del maestro Stefano Pavetti. El repertorio incluyó piezas sacras e instrumentales de las “Sonate de Intavolatura” de Zipoli, una sonata chiquitana de autor anónimo y creaciones de compositores contemporáneos. La interpretación musical estuvo jerarquizada por las voces de la soprano Evelyn Carreras y el barón Juan Ángel Monzón, acompañados en flautas dulces y barrocas por Rocío Cáceres y Álvaro Morel Aquino, junto al clavecín del maestro Pavetti.

