En el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, la alfombra roja se tiende sobre la hierba verde de los Alpes franceses, pero es en la oscuridad de las salas donde ocurre la verdadera magia. Allí, entre los títulos de la competición oficial, brilla con luz propia "Tana", la ópera prima del estudio chino Light Chaser Animation, codirigida por Ji Zhao y Ke Er Zhu. Durante la rueda de prensa tras la proyección, la dinámica de la dupla resultó tan reveladora como su película: mientras Ji Zhao asumió con vehemencia el papel de portavoz y visionario —reflejando la perspectiva paterna que defiende en el filme—, Ke Er Zhu intervino apenas un par de veces para clavar el puñal emocional de la trama, aportando la mirada de la hija.

«En realidad, es la primera película de nuestro estudio. Y ahora tenemos la suerte de haber sido seleccionados por Annecy. Estamos muy emocionados», confesó Ji Zhao al inicio del encuentro, visiblemente conmovido por el respaldo de la Meca de la animación. Sin embargo, el director no tardó en dejar claro que Tana no es una película para ser consumida en la soledad de una pantalla doméstica. «No se trata solo de lo visual. También se trata de lo que escuchas. Y tenemos una frase que dice: “Una vez que la música está aquí, siempre recordarás el momento”», explicó Zhao, defendiendo el cine como un espacio sagrado. «La mejor parte del cine es que te metes en una caja negra y quedas inmerso. Estás muy centrado en todo lo que te rodea. El sonido envolvente te ayuda a disfrutar, como si estuviéramos en una sala de conciertos. Tienes todo regresando hacia ti desde las diferentes paredes y techos. Esa es la idea».

Dos perspectivas, una misma obra

Preguntados por cómo funciona la codirección, la intervención de Ke Er Zhu fue tan escueta como certera: «Trabajamos juntas y decidimos juntas».

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Zhao tomó el relevo para explicar la simbiosis de una década de trabajo conjunto y cómo sus propias vidas se filtraron en el guion. «Llevamos más de 10 años trabajando juntas. Hemos estado muy cerca y concentradas en diferentes partes. La mayoría de las veces, hablamos juntas. Discutimos, por supuesto. Todos los directores tienen diferentes puntos de vista», relató Zhao. «Pero creo que es bueno porque la película trata sobre un padre y una hija. Ella tiene la perspectiva de una hija... Pero ella tiene una hija. Yo tengo una hija. Así que yo tengo la perspectiva del padre. Ella tiene la perspectiva de la hija».

«Como en la película», sentenció brevemente Ke Er Zhu, cerrando el círculo de la metáfora.

Ese conflicto generacional es el corazón de Tana. En la trama, el padre es músico, pero se niega a que su hija siga sus pasos. Zhao contextualizó este choque desde la propia historia de la animación en su país: «Hace 10 o 20 años, no había industria de la animación en China en absoluto. Crecimos viendo animación japonesa y estadounidense. Cuando le decía a nuestros padres: “Voy a hacer animación”, decían: “Eso es algo para niños. ¿No podrías encontrar algo más serio?”». Sin embargo, el director celebra el cambio de los tiempos: «Los padres empiezan a apoyar a sus hijos para que hagan lo que realmente aman. La vida es dura. El trabajo es duro. ¿Por qué no hacer algo que amemos? Eso hará nuestra vida más fácil».

El silencio de la familia asiática

Si Zhao pone la voz de la experiencia y la industria, Ke Er Zhu pone el alma de la cultura oriental. Al ser interpelada sobre su momento favorito de la cinta, la codirectora ofreció una de las reflexiones más hermosas de la jornada, desgranando la idiosincrasia afectiva de Oriente:

«Mi momento favorito es Tana en el río Huangpu de Shanghái... Su padre ama su música. Porque para mí, escuché muchas cosas de mi padre, de otras personas. Pero él nunca me lo dijo», confesó Zhu, con la voz quebrada por la emoción. «Así que es la familia asiática. No estamos acostumbrados a decir “te quiero” o “me importas”. Todo está en las pequeñas cosas».

Esa música, que actúa como el verdadero lenguaje de ese amor no dicho, fue compuesta e interpretada por Anda Union, un grupo nativo de Mongolia Interior. Zhao recordó el encuentro fortuito que cambió el rumbo del proyecto: «La primera vez que los conocimos, fue en un lugar muy casual. Tocaron para nosotros. Hicieron un “jam”. Y en ese momento, éramos seis o siete personas sentadas ahí. Todos estaban llorando sin entender las palabras. Y eso, creo, nos inspiró a hacer algo. A hacer una película sobre esta música maravillosa pero muy poco conocida. Incluso en China continental, nadie los conoce. Quiero llevarla a una pantalla más grande».

La magia de lo onírico

La película está salpicada de secuencias oníricas donde la realidad se disuelve en fantasía visual. Para Zhao, esto es la esencia misma de su medio: «Creo que cuando escuchas una canción, tienes una imagen en tu cabeza... No tienes que entender ninguna letra o idioma, pero puedes sentir el flujo internacional, la melodía tocándote. Intento transformar la música en mi cabeza en algo visual para compartirlo con la gente... Eso es lo único que la animación puede hacer. Porque la animación puede mostrar algo que no es real».

Esa capacidad de evasión y madurez artística es el reflejo de un boom industrial sin precedentes. «Quizás hace 20 años, nadie veía animación china. No había ningún largometraje», recordó Zhao. «Pero la nueva generación me dijo: “Crecí con tu película White Snake“. Y dijeron que eso los inspiró. Quieren hacer animación desde entonces. Y ahora se están graduando. Es muy conmovedor para mí».

A diferencia de Francia, donde el CNC impulsa el sector, Zhao aclaró que en su país el motor es otro: «No es algo específico para ayudar a la animación... Para la animación, creo que ahora mismo, especialmente la animación 3D, es súper cara. Así que está más impulsada por el mercado. Consigues más taquilla y puedes tener la oportunidad de hacer la siguiente».

Antes de concluir, Ji Zhao lanzó un último y apasionado alegato en favor de la exhibición tradicional.

«Sé que esta película no es solo para el cine. No se trata solo de las imágenes. También es por lo que escuchas», zanjó Zhao, mirando a los presentes. «Por eso respeto el cine. Amo el cine. Por eso sigo haciéndolo. De otra manera podría hacer cortos para streaming online. Eso también puede expresarme. Pero sigo haciendo cine porque amo el formato. Amo el medio. Estoy realmente metido en el cine. Por eso, cuando hacemos la película, queremos que la gente tenga la mejor experiencia dentro de la sala. Así que pusimos mucho esfuerzo».

Ke Er Zhu, desde su discreción, solo asintió con una última y cómplice palabra: «Entiendo». Un broche de oro para una película que, precisamente, trata sobre todo lo que se entiende sin necesidad de ser pronunciado.

* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.

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